Personas y poderes proféticos
EL ANTICRISTO
Personal y futuro
“Yo he venido en nombre de mi Padre, y no
me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis” (Juan 5:43)
Resumen
Para entender el tema del Anticristo, debemos
distinguir personas y poderes proféticos.
Hay al menos tres personas proféticas:
1) El Anticristo: Está descrito en Daniel 11:36-45; 2 Tesalonicenses
2; Apocalipsis
13:12-18.
2) La Bestia: Aparece en Apocalipsis 13:1-11. Se trata del Príncipe
romano venidero,
cabeza del Imperio Romano restaurado.
3) Satanás: Apocalipsis 13:4
Y hay también poderes proféticos tales como Babilonia, etc.
Pero, ¿no dice 1 de Juan que hay muchos
“anticristos”?
Sí, es cierto, Juan habla de muchos anticristos pero también de un solo y final Anticristo. Veamos.
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo
viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es
el último tiempo” (1 Juan 2:18).
Y también leamos 1 Juan 4:3:
“Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de
Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que
viene, y que ahora ya está en el mundo.”
«Anticristo», en griego, denota a uno que se opone a Cristo o que se sitúa
en el lugar de Cristo. El Anticristo incluye ambos significados.
En 1 Juan 4:3 se distingue “el espíritu
del Anticristo”, personificado en muchos
engañadores, de “el Anticristo que viene”:
el primero “ya está en el mundo”, y ya está en acción “en espíritu”, lo cual
prepara el camino para la culminación de este espíritu manifestado en muchos anticristos, en la persona del anticristo personal que viene
(compárese 1 Juan 2:22).
Juan distingue, pues, entre los muchos
anticristos, y el Anticristo que
viene: ambos son mencionados y diferenciados; y este último es llamado “el
Inicuo” (en rigor: aquel que es sin ley
= ánomo, pero no contra
la ley) en 2 Tesalonicenses 2.
La expectativa de un Anticristo venidero final y personal es bíblica, y era la
enseñanza que recibieron los santos de la época apostólica, como lo inferimos
claramente aquí:
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo
viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es
el último tiempo” (1 Juan 2:18).
Estos “muchos anticristos” eran personas, como lo vemos en este versículo 18 y
en 2 Juan 7. El hombre (del gr. ἀνθρωπος
= antropos) de pecado (2 Tesalonicenses 2) es una persona: no se trata de un cuerpo
político ni de una sucesión de hombres: no lo presenta así la Escritura, según
leemos. Tampoco el Anticristo era un emperador romano ni un dictador moderno,
ni mucho menos el Papa. Ha habido siempre muchas especulaciones respecto a
quién es el Anticristo, y debemos evitar que la especulación nos conduzca al
error.
Respecto de los nombres del
Anticristo, ha habido mucha confusión, sobre todo entre la primera bestia de
Romanos 13 y la segunda, la cual es el Anticristo propiamente dicho. Por
ejemplo “el príncipe venidero” de Daniel 9:26 no es el Anticristo, sino la primera bestia de Apocalipsis 13, es
decir, la cabeza del Imperio Romano restaurado, el “cuerno pequeño” de Daniel
7.
El Anticristo, por otro lado, no será un gobernante mundial ni el gran líder
político del Imperio Romano restaurado de occidente, sino que el líder político
es la bestia (Apocalipsis 13:1-11), una persona que no es el Anticristo. El Anticristo, en cambio, será un rey en
Jerusalén (Daniel 11:36-40; Isaías 30:33; 57:9), pero será el director de los
asuntos religiosos para la bestia (Apocalipsis 13:11 y siguientes). Como rey en
Jerusalén, será odiado por una confederación árabe (Salmo 78 y 83) y
especialmente por el rey del norte (Daniel 11:40 y sig.)
llamado por otros profetas “el Asirio”. El rey del sur (Egipto) también lo
enfrentará (Daniel 11:40, etc.).
Ya vimos cómo el apóstol Juan reconoce que los
santos sabían “que el Anticristo viene”, aun cuando ya pululaban muchos
“anticristos” entonces.
Veamos la doctrina de esta persona del Anticristo en las epístolas de Pablo
primero.
(I) EL HOMBRE DE PECADO
“Porque no vendrá[1] sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo
de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o
es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios,
haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:3-4).
1 Juan 3:4 en griego dice: “Todo aquel que comete pecado, comete también la anomia (ausencia de ley); pues el pecado
es anomia (ausencia de ley)”.
Lamentablemente aquí la versión Reina-Valera no da el sentido exacto, pues no
se trata de ir en contra de la ley (antinomia), sino de obrar sin ley (anomia).
La versión de Darby trae una muy buena nota sobre
este significado:
«Traducir esto (anomia) como 'transgresión de la ley',
tal como lo hace la versión King James, es un
error, y da una falsa definición de pecado; porque el pecado estaba en el mundo
—y, como consecuencia, la muerte— antes
de que fuese dada la ley: véase
Romanos 5:13 y 7:13. El griego consta: 'pecado es ausencia de ley' (inglés: lawlessness),
esto es, la ausencia del principio de
ley (no “la” ley), o, en otras palabras, del control de Dios sobre el alma. Yo
no debiera tener ninguna voluntad propia, sino estar en obediencia. La
declaración es recíproca, y puede leerse también: 'la ausencia de ley es
pecado'». (J.N.Darby, nota en la versión del NT en
inglés).
En Daniel 11:36 se dice que el Anticristo “hará su voluntad”. Por eso es
llamado en 2 Tesalonicenses 2:8: “el Inicuo” (lit:
“el sin ley” (ánomo)
(compárese con Isaías 14:13,14).
“Se sentará en el templo de Dios”, y se hará pasar por Dios (2 Tesalonicenses
2:4). Es el templo literal judío en Jerusalén, como lo vemos evidentemente por
el contexto, no un templo “imaginario” o “espiritual”[2].
(II) EL HIJO DE PERDICIÓN
(III) EL REY DE LOS JUDÍOS:
Examínense los siguientes versículos: Isaías 30; 57; 11:4; Daniel 11:36-45
EL FIN DEL ANTICRISTO:
“Aquel inicuo, a quien el Señor matará[3] con el espíritu de su
boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:8).
De Daniel 11:44 deducimos (en relación con el
v. 30 y Zacarías 14:4) que el Anticristo vuelve con el emperador romano y sus
ejércitos a Palestina para reconquistarla y tomar Jerusalén. Pero en ese
momento aparecerá el Señor Jesús y lo destruirá.
En Apocalipsis 19:20 leemos:
“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante
de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca
de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos
dentro de un lago de fuego que arde con azufre.”
Vemos que el Anticristo y el emperador romano serán lanzados vivos al infierno,
y la ejecución de este juicio está también descrito por el apóstol Pablo en 2
Tesalonicenses 2:8 (compárese Isaías 11:4 y 30:33). “El espíritu de su boca”
manifiesta la energía que reside en el poder divino, ese poder que realiza su
propósito mediante una palabra, como en la Creación (Salmo 33:6) o en juicio (2
Samuel 22:16; Job 4:9).
Nos resta considerar para terminar las dos bestias de Apocalipsis 13, de
las que ya dijimos que, como instrumentos de Satanás, la primera que “sale
del mar” representa la cabeza del imperio romano restaurado, mientras que
la segunda, que sale de la tierra, representa al Anticristo propiamente dicho.
Veremos en un siguiente estudio las pruebas de esto.
Editor
NOTAS
[1] N. del E.— Estas palabras: “no vendrá” (que no existen en el original),
algunos las aplican erróneamente a Cristo. La versión King James inglesa aquí es exquisitamente bella y precisa:
“Let no man deceive you
by any means: for that day shall not come, except there come a falling away first...”
La versión King James pone en bastardillas una expresión que no existe en el
original porque simplemente se trata de una elipsis,
o sea, que si bien no está en el original,
hay que agregar la expresión a fin de
completar y comprender el sentido. Ahora bien, ¿de dónde se saca el sentido de
la elipsis?: Del contexto.
Fijémonos de qué se está hablando en el
versículo anterior:
“...que no os dejéis mover fácilmente de
vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni
por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie
os engañe en ninguna manera; porque no vendrá (el día del Señor) sin que antes venga la apostasía, y se
manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición”.
En realidad las versiones Valera y la BDLA dan
el sentido correcto, pero para evitar ambigüedades, sería mejor agregar el
detalle que agrega la Versión Autorizada inglesa.
Siempre es mejor ser precisos. El verbo venir está agregado a la elipsis, y
algunos se confunden, desligándolo de el
día del Señor. Si no se va aclarar que se refiere específicamente a la llegada o venida del DÍA del Señor,
es mejor agregar sucederá, como lo
hacen algunas traducciones más exactas.
Es, pues, una cuestión DEL DÍA DEL SEÑOR,
cuando el Señor venga en gloria a destruir a las dos bestias y a instaurar el
Reino. Es evidente que antes de que
él descienda a la tierra, las dos bestias aparecerán primero, y luego el Señor
las juzgará.
[2] N. del E.— El pasaje demuestra
de hecho que el templo de Jerusalén estará reconstruido cuando el Anticristo
esté sobre la tierra en plena actividad religiosa. Algunos dicen que “templo”
aquí se refiere a la Iglesia, ya que es así descrita en varios pasajes del
Nuevo Testamento. Pero no tendría sentido que el Anticristo se sentase en el
cuerpo de los redimidos, ya que la Iglesia como “templo” sólo comprende
“piedras vivas”, o sea, verdaderos creyentes nacidos de nuevo. Sería absurdo
que en el templo del Espíritu,
cohabitasen el Espíritu y el Anticristo. Aclaremos que la iglesia profesante o
lo que se llama “iglesia” exteriormente, no es el “templo de Dios” en el
sentido bíblico.
Es interesante que esta acción del Anticristo
de sentarse en el templo de Dios es una simple imitación de lo que hacía el
Señor, ya que él se sentaba en el templo:
“Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en
medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le
oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas” (Lucas 2:46-47).
“Y muy de mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado
él, les enseñaba” (Juan 8:2).
“Celebrábase en
Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. Y le
rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú
eres el Cristo, dínoslo abiertamente… Yo y el Padre uno somos. Entonces los
judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió: Muchas
buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le
respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la
blasfemia; porque tú, siendo hombre,
te haces Dios” (Juan 10:23-38).
Resulta claro que «otro Cristo», un impostor
(el Anticristo), será capaz de sentarse en el templo de Dios y de decir que es
Dios.
Un
último detalle sobre las palabras griegas para “templo”. La palabra templo es traducción de dos palabras
griegas: hieron
y naos
(esta última es la que aparece en el pasaje de 2 Tesalonicenses 2). Aunque
básicamente expresan lo mismo, en rigor, hay una diferencia entre ambos
términos que señalaremos.
Thayer, en su «Greek-English Lexicon of the New
Testament» dice en la página 422:
«NAOS: Término usado por la Septuaginta para traducir
la palabra hebrea הֵיכַל, la cual se usa del templo en Jerusalén, pero sólo respecto del
edificio sagrado (o santuario) mismo, el cual consiste en el Lugar Santo y el
Lugar Santísimo... distinguido de to hieron
que alude al templo en su conjunto, al recinto entero consagrado… Mateo 23:16
hasta v. 35; 27:40; Marcos 14:58; 15:29; Juan 2:19 y siguientes; Apocalipsis
11:2. Tampoco necesita Mateo 27:5 ser considerado una excepción, si damos por
hecho que Judas en su desesperación entró dentro del Lugar Santo, en donde a
nadie excepto a los sacerdotes les estaba permitido entrar…»
El término naos
comprende, pues, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo; y basta leer Apocalipsis
11:1-2 para confirmar que el templo o santuario de Dios será un hecho futuro.
[3] N.
del E.— Si
leemos Apocalipsis 19:20, la inspirada expresión reza: “Ambos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con
azufre”
Aquí se revela
expresamente que el Anticristo y la bestia romana no experimentan la
muerte, es decir, no se separan sus almas de sus cuerpos (lo que
entendemos por muerte en el sentido
bíblico), sino que la Palabra especifica que son arrojados al infierno vivos (o sea, sin morir).
En 2 Tesalonicenses
2:8 la versión Valera reza: “a quien el Señor matará con el espíritu de su boca”.
Si leemos otras
versiones, veremos que no es exactamente “matar” lo que dice el Espíritu por
pluma de Pablo en 2 Tesalonicenses 2:8, ni la versión más adecuada según el
contexto de la Escritura. Por ejemplo:
VERSIONES
Darby en inglés: “whom
the Lord Jesus shall consume(*)
with the breath of his
mouth”
Kelly en inglés: “whom
the Lord Jesus shall destroy with the
breath of his mouth”
Darby en francés: “que le Seigneur
Jésus consumera (**) par le souffle(***) de sa bouche”
NOTAS (*) Or “destroy” (**):ou: déutrira
(***) ou: l'e esprit
Tanto Darby como Kelly traducen indistintamente
el vocablo griego por “destruir” o por “consumir”, pero no por matar. Porque aquí el verbo no es el
comúnmente utilizado para “matar” (Thanato o apoktheino), sino analosei (Textus Receptus: “consumir”) o la variante aneley (que no es sólo “matar”,
sino “quitar de en medio”, según Thayer, en su
segunda acepción): Ambas variantes están en disputa, pero ni la segunda
(adoptada por Nestle, Aland, y
por Lacueva que emplea el texto de Nestle) se limita a muerte,
sino, en general, a «poner fuera de
combate», «destruir». A. Marshall
en su «Interlinear Greek-English New Testament»
también la vierte “destruirá”. Ésta es la mejor acepción a elegir en la
traducción, a la luz de Apocalipsis 19:20, donde no hay muerte, sino una
«destrucción» de ambas bestias vivas (sin muerte).