DISPENSACIONAL

Y

PROFÉTICA

 

 

Introducción

 

«Ezequiel 11:19 se refiere a Israel en el futuro. 2.ª Corintios 5:17, en cambio, se refiere al cristiano ahora. Es sumamente importante distinguir entre cosas celestiales y cosas terrenales. Tenemos la división: “los judíos, los gentiles, y la iglesia de Dios” (1.ª Corintios 10:32). Éstos no deben confundirse. Cada uno tiene su propio lugar distintivo, y es nuestro deber examinar y entender cuál es ese lugar. Hay una lamentable tendencia a confundir cosas que Dios mismo ha hecho que difieran» (C. H. Mackintosh, Things New and Old).

 

El orden dispensacional en el diseño divino de los tiempos

 

Es importante tener convicciones divinamente formadas a partir de las Escrituras, respecto de la cuestión dispensacional, u orden divino de las edades a lo largo del tiempo, pues la Biblia es un libro que muestra el plan de Dios para el hombre y la tierra en relación con él, o, mejor aún con Cristo, el Centro, el Dios hecho Hombre.

Es mucho lo que se puede decir de este tema tan vasto, el cual abarcaría volúmenes, pues toda la Escritura habla de ello. Sólo voy a dar unos breves pensamientos introductorios para quienes desconocen o están poco familiarizados con la verdad dispensacional, la cual es clave para entender las Escrituras en su conjunto.

En primer lugar, ha existido una tendencia en algunos a encerrar el tema dispensacional dentro del aula académica, dentro del conocimiento puramente teórico, privándolo de su valor sumamente práctico. Pero esto es un grave error. No sólo sostenemos el retorno del Señor por Su Iglesia antes de la gran tribulación (no de las "muchas tribulaciones" por las que tenemos que pasar como peregrinos por este desierto sin Cristo) como una doctrina bíblica, sino también como una esperanza viva que hace arder nuestros corazones por la llegada del Amado (Apocalipsis 22:17, Cantares 8:14). Las vírgenes se durmieron todas, pero el Señor ha hecho ya escuchar el clamor de medianoche (Mateo 25:6). La Cristiandad profesante no tendrá tiempo de conseguir el aceite para sus lámparas ¡porque no le espera! (recordemos que Cristo está fuera del sistema laodicense: Apocalipsis 3:20). Esto hace despertar en todos los que aman Su venida, esa "esperanza bienaventurada" (Tito 2:13).

 

Otro error común es que la mayoría de aquellos que aceptan la verdad dispensacional como un mero conocimiento teórico, sólo la abrazan en su aspecto profético, pero rechazan la parte eclesiástica, puesto que su aplicación práctica a la iglesia en la tierra automáticamente demandaría el abandono de los actuales sistemas eclesiásticos de clérigos y laicos, y un montón de ritos más importados del judaísmo y que son tan comunes en la Cristiandad actual, y que niegan el carácter celestial de la Iglesia de Dios.

 

Y quisiera también agregar unas  palabras sobre qué significó originalmente la palabra "dispensación" (una más amplia definición puede leerse en el artículo «¿Qué es una dispensación?»), puesto que no fue J. N. Darby, sino que en realidad fueron C. I. Scofield y otros más tarde (como L. S. Chafer a partir de 1936), los que, tras leer el ministerio de «los hermanos», sistematizaron estas maneras de entender la Biblia, y produjeron una especie de «sistema teológico» que denominaron «dispensacionalismo», que tenía que ver más con las profecías que con la Iglesia en la tierra, el cual se apartó bastante de las enseñanzas de donde extrajeron su sistema, lo cual no sólo trajo confusión al «dispensacionalismo», sino también descrédito. Al principio, los hermanos de principios del siglo XIX (J. N. Darby, etc.), discernieron la verdad dispensacional a partir de las Escrituras, pero no la sistematizaron (no formaron un sistema teológico). No hace falta un «sistema teológico» para creer y esperar con sencillez que el Señor viene pronto, inminentemente, a llevarse consigo a los suyos, a Su amada esposa, la Iglesia, como Él mismo lo enseña (Juan 14:3), pues Cristo habla al corazón de los discípulos, no sólo a su intelecto cuando dice “vendré otra vez" para arrebatarlos. Por eso, los creyentes que enseñaban estas verdades al principio simplemente abrían las Escrituras y explicaban los diferentes y variados «caminos» de Dios a lo largo de los siglos. Por ejemplo, cuando se habla de «la ley», en contraste con «la gracia», como dice en Juan 1:17, todos reconocen que hay diferencias entre ambas, y que lo que formaba parte de una, no formaba parte de la otra.

 

La palabra "dispensación" se usa en la Palabra de Dios con un sentido muy definido (Efesios 1:10), y el propósito final de Dios, es el mismo que el que tuvo en Génesis 1: que este mundo sea gobernado por un Hombre, un hombre según Sus consejos y elección, el hombre responsable. El primer hombre fracasó en su «señorío», pero pronto Dios concretará Su propósito original con el "Segundo hombre", el "postrer Adán": Jesucristo hombre, quien seguramente reinará sobre la tierra y cumplirá el plan original y final de Dios.

 

Otro punto importante a tener en cuenta para considerar la verdad dispensacional, es que cuando abrimos el Antiguo Testamento, vemos que Dios no habla «de» nosotros, sino que aparece un pueblo terrenal muy bien definido: Israel, que Él mismo formó. Ahora, vemos la importancia que tiene el panorama dispensacional al ayudarnos a ver «a quienes» se dirige tal porción de la Palabra. Por cierto que toda la Biblia es de provecho espiritual para nosotros, pero no toda habla acerca de nosotros. Dios habló "en otro tiempo muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo" (Hebreos 1:1). ¡En [el] Hijo! Qué glorioso misterio, desconocido en el Antiguo Testamento, pero ahora revelado: el Hijo eterno. “Un solo Espíritu” dio la Biblia, y vemos, además de la unidad de la inspiración, la diversidad de los caminos dispensacionales de Dios. La Biblia tiene un diseño perfecto divino de un extremo al otro: es perfecta. "Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2.ª Pedro 1:20-21).

 

Evidentemente hay un solo diseño o plan del Espíritu Santo en la Biblia por más que Dios haya tratado de diversas maneras a lo largo de las edades desde que el hombre fue puesto en Edén hasta llegar a los cielos nuevos y tierra nueva. Y cuando captamos este diseño inteligente, perfecto, divino, cada parte del mismo encaja perfectamente en su lugar de forma natural, sin que tengamos que forzar o fabricar nada.

 

Significado de dispensación

 

Recordemos que la palabra dispensación, bíblicamente hablando, significa «una determinada administración ordenada para un tiempo determinado». Puede llamarse también economía (del griego «oikonomia»), administración o el gobierno de un sistema organizado.

 

Bosquejo dispensacional a lo largo del tiempo

 

Al principio de la Creación, Dios puso la tierra bajo el gobierno de Adán, e hizo que éste señoree sobre ella. Adán pecó, y arrastró consigo a toda la Creación, que cayó con él.

 

Luego de la caída, Dios trató a la humanidad de diferentes maneras para ver si el hombre era recuperable, para encontrar finalmente que, al fin de cada dispensación, el hombre fracasaba completa e indefectiblemente bajo cada prueba que le fuera impuesta.

 

Finalmente, Dios prueba al hombre mediante el envío de Su Hijo: "Tendrán respeto a mi hijo", esperaba (Mateo 21:37), pero el hombre lo rechazó y lo crucificó. El hombre bajo prueba, terminó en la cruz, donde demostró su total depravación y ruina moral.

 

Pero, como ya dijimos, es el propósito de Dios que el hombre reine sobre la tierra, que la gobierne. El primer Adán fracasó en cumplir el propósito original de Dios. El Segundo Adán, Cristo, cumplirá plenamente ese propósito en la tierra, en el tiempo de Dios.

 

En el Reino milenario, se cumplirán todos los planes de Dios para que el Hombre gobierne efectivamente la tierra, y ese Hombre no sólo gobernará sobre la tierra, sino también el cielo. Leemos: "Reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación (léase: administración) del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra" (Efesios 1:10). Cristo entonces administrará todo para la gloria de Dios en la culminación de los tiempos.

 

Significado secundario de «dispensación»

 

Hay también otro sentido más amplio y más general del término dispensación, que describe cualquier período de tiempo en el que Dios operó para con el hombre de una manera particular y distinta. Sigamos esta idea del sentido más amplio a lo largo de la Biblia:

 

(a) Dios puso al hombre en una tierra paradisíaca, pero pronto él pecó y cayó.

 

(b) Tras el pecado de Edén siguió la expulsión del huerto de Edén, y el hombre fue librado a su propio albur. Pero esto no es una dispensación porque el hombre siguió su propio camino, pero podemos considerarlo como un «período especial». Aquí el hombre se volvió sin ley (ánomo), y llegó a tal punto su maldad que Dios destruyó a todos excepto a Noé y a su familia mediante el diluvio.

 

(c) Después del diluvio, Dios puso el gobierno en manos del hombre y decretó: "El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre" (Génesis 9:6). Pero luego del diluvio el hombre se volvió a la idolatría (Romanos 1).

 

(d) De en medio de esta idolatría, Dios llama a Abraham y hace un pacto con él, y le da promesas; pero él pronto negó a su esposa delante de Faraón, y tuvo que ser reprobado por un pagano.

 

(e) Después que Dios permite que los descendientes de Abraham caigan esclavos de Egipto, Él envía a Moisés para liberarlos, quien les da la ley, pero, tras el paso del mar Rojo, el pueblo de Israel erige el becerro de oro, y cae en la idolatría. El pueblo quebranta la ley.

 

(f) Dios levanta el sacerdocio para Israel, pero fracasó no bien fue instituido, y dos hijos de Aarón mueren el primer día por ofrecer fuego extraño. Los hijos de Elí más tarde corrompen al pueblo.

 

(g) Entonces Dios suscita un rey: David, hombre según el corazón de Dios. Pero su vida siempre corrió peligro, y su hijo Salomón trajo la idolatría a su propio círculo familiar. Después de eso, el reino se dividió, y Dios tuvo compasión de su pueblo, y envió mensajeros, uno tras otro, hasta que los pecados de Manasés trajeron un juicio imperativo sobre ellos.

 

(h) El pueblo fue tomado cautivo por el poder gentil, y en los días de Esdras y Nehemías, Dios trajo un remanente, pero el profeta Malaquías describe la triste condición en que se hallaba sumido ese remanente.

 

(i) Finalmente Dios envió a Su Hijo, como se dijo, esperando "que tengan respeto por él" (Mateo 21:37). Pero terminaron rechazándolo y crucificándolo.

 

 

Esto nos muestra brevemente la historia del fracaso del hombre desde su creación: desde Adán hasta Cristo. Y ahí la prueba del hombre termina.

 

En el período que vivimos, Dios trata con la humanidad en gracia, y ruega a los hombres que se reconcilien con Él (2.ª Corintios 5:20). El Evangelio empezó a propagarse desde Jerusalén, a los judíos, y se extendió por todo el mundo, como vemos en los Hechos (Hechos 1:8 es básicamente un índice del libro).

 

La muerte de Esteban (Hechos 7) es un hito. La escena cambia, pues ahora Israel rechaza el Evangelio enviado del cielo en el poder del Espíritu Santo. Si leemos en los Hechos, el Evangelio se predicaba en toda ciudad "primeramente al judío", pero cuando éstos lo rechazaron definitivamente, les fue dado a los gentiles, una vez pronunciada la sentencia de ceguera espiritual, predicha por el profeta Isaías, y Pablo les dice por último:

 

"Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán" (Hechos 28:28).

 

Vivimos ahora al final del período de la gracia especial de Dios a los gentiles. Se habla de esto como "la plenitud de los gentiles" (Romanos 11:25). La plenitud de los gentiles llegará cuando el Señor llame a su Iglesia a estar con él. Y este bendito momento lo aguardamos. Dios ha visitado a los gentiles "para tomar de ellos pueblo para su nombre" (Hechos 15:14), pero ellos son un pueblo destinado al cielo. Y debemos recordar que en la Iglesia de Dios ha habido siempre un pequeño remanente de judíos salvos. Pero hay que tener en cuenta que la Iglesia no es estrictamente una "dispensación" en el sentido de una administración de los caminos de Dios respecto a la tierra, sino una reunión de gente para el cielo. Pero hay que considerarla como un período especial de los caminos de Dios entretanto Él da a conocer Sus propósitos y planes no sólo para con nosotros, sino para la tierra. Por eso la Iglesia es como un largo paréntesis en los caminos y dispensaciones de Dios para la tierra. Y cuando la Iglesia sea trasladada al cielo (1.ª Tesalonicenses 4), entonces los caminos de Dios (de los cuales Israel será el centro) volverán a desarrollarse, y seguirá un tiempo llamado "tiempo de angustia para Jacob" (Jeremías 30:7). Jacob (un remanente de Israel) será salvo "de en medio de la tribulación", tal como lo fue Noé de en medio del diluvio, mientras que a la Iglesia el Señor le ha prometido que será "guardada de la hora de la prueba", completamente guardada de ese tiempo (Apocalipsis 3:10), tal como Enoc fue trasladado antes de que viniese el gran diluvio. Ese "tiempo de angustia para Jacob", es la Gran Tribulación, que vendrá "sobre toda la tierra habitada".

 

Tras el arrebatamiento de la Iglesia, la apostasía tanto de la cristiandad como del judaísmo llegará a su colmo y recibirá los juicios decretados de antemano. El espíritu de la apostasía ha venido operando como misterio desde los días del apóstol Pablo, pues él habla del "misterio de la iniquidad" (2.ª Tesalonicenses 2:7), y Juan escribió que ya había "muchos anticristos" (1.ª Juan 2:18). Por lo que esta situación en estado embrionario durante la era apostólica se ha agravado enormemente en 2000 años, pero no llegará a su colmo sino hasta que la Iglesia sea arrebatada de la tierra.

 

Tras el arrebatamiento seguirá la completa proscripción de toda reverencia a Dios, y hasta de la mención de su nombre. El hombre será el que blasfemará contra Dios, en atrevida infidelidad a Él. El hombre será deificado, pero, finalmente, vencido. La Cristiandad y el judaísmo apóstatas perecerán, mientras que un remanente será salvo.

 

La gran apostasía se vislumbra claramente en el aumento del número de las falsas sectas y la tremenda infidelidad y oposición a la Palabra de Dios en muchos lugares que una vez sostenían las doctrinas fundamentales de la fe cristiana. Todo esto prepara y acelera el camino de la gran apostasía. Comenzó así desde los días de los apóstoles, pero se ha ido incrementando gradualmente como gangrena, ganando vastas secciones del cristianismo. A medida que se acerca el momento en que los verdaderos creyentes serán llevados al hogar, la maldad madurará hasta su colmo, y tendrá lugar la Gran Tribulación. El Espíritu Santo no obstruirá su abierta manifestación.

 

Después de la Gran Tribulación, Cristo volverá como “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16) para ejecutar juicio (Mateo 25:31-46), y establecerá su trono sobre la tierra en justicia, y reinará por mil años: es el Reino Milenario anunciado por los profetas del Antiguo Testamento.

 

Luego, según el capítulo 20 de Apocalipsis, Satanás será soltado de su prisión para probar a la multitud de gentiles que nacieron durante el Milenio. Ésta será la prueba final de que el hombre, a menos que nazca de nuevo, está irremediablemente perdido en sus malas obras, aun después de haber visto las maravillosas bendiciones de Dios durante el Milenio, pues ellos se levantarán contra Él. Entonces, Dios destruirá a los rebeldes, y la tierra y los cielos actuales serán destruidos, y serán formados nuevos cielos y nueva tierra, y en éstos, la justicia habitará para siempre en un estado de eterna bendición. Pero la porción de la Iglesia será habitar con Cristo en gloria celestial para siempre.

 

La necesidad de la distinción dispensacional y las consecuencias de su abandono

 

Podemos ver que la verdad dispensacional es como un mapa del viajero, que nos indica cómo navegar sin chocar contra ningún escollo, ya que todo está indicado en la Biblia. Rechazar esta verdad hoy, es lo mismo que embarcarse en un viaje, por así decirlo, sin mapa y sin brújula, confiando solamente en los propios sentimientos e intuiciones. No se sabe así adónde uno se dirige, ni se cuenta con las directivas necesarias para saber cómo vivir cada día. Durante las pasadas economías en los caminos de Dios en la tierra, Sus santos siempre necesitaron directivas para su senda, y necesitaron fe para discernir los pensamientos divinos en cada período particular. Cuando Saúl reinó por primera vez, por ejemplo, la obediencia al rey era obediencia a Dios. Cuando David fue rechazado, la fe se identificó con un rey en lo secreto; y cuando llegó el tiempo de hacer rey a David, aquellos que discernieron qué se debía hacer, vinieron para hacerle rey en Hebrón. Había algunos de quienes se dice que eran “entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer” (1.º Crónicas 12:32). Y hoy día los cristianos debiéramos tener un verdadero entendimiento de estos tiempos, para lo cual nunca se debiera minimizar ni relativizar la verdad dispensacional.

 

Desde la expulsión del jardín de Edén, el pueblo de Dios siempre necesitó directivas que le indicaran la senda que debía seguir. Pueden aducirse incontables ejemplos, pero mencionaremos unos pocos. Una vez a Isaac se le dijo: “No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré” (Génesis 26:2). Más tarde, a Jacob se le dijo: “No temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación” (Génesis 46:3). Y en los días de Jeremías, cuando el pueblo pensaba descender a Egipto para escapar de la tribulación, Dios dijo: “Oh remanente de Judá: No vayáis a Egipto” (Jeremías 42:19). En aquel tiempo, Dios había entregado a Jerusalén en manos de Nabucodonosor para que la destruyese; pero, en los días de Esdras, para estar en armonía con Sus pensamientos, uno debía colaborar para construir el templo; y en los días de Nehemías, los judíos con discernimiento querían ayudar a reconstruir los muros de la ciudad. Más tarde, cuando se escribió la epístola a los Hebreos, el discernimiento cristiano les hizo abandonar el templo con todo su ritual, y todos ellos fueron exhortados, al final de la epístola, a salir hacia Cristo fuera del campamento del judaísmo (Hebreos 13:13).

 

¿Podrá un cristiano abrir el Salmo 51, por ejemplo, y hacer suyas las palabras del salmista: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu” (v.11)? Mientras que en Juan 14 leemos:  “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (v. 16-17). Así, si no conociésemos las distinciones dispensacionales, cometeríamos un error al orar como David para que Dios no quite el Espíritu Santo de nosotros, el cual, desde su descenso en Pentecostés, mora permanentemente en cada verdadero creyente.

 

Estos pocos ejemplos bastarán para darse cuenta de que un cristiano no puede simplemente tomar su Biblia, abrirla en cualquier parte y encontrar directivas precisas para su camino. Si el cristiano no lee con discernimiento, entonces creerá que es su deber ayudar a reconstruir un templo en Jerusalén hoy, o hacer alguna de las miles de cosas que serían totalmente incompatibles con su posición cristiana, cuya vida, ciudadanía y esperanzas están en el cielo (Colosenses 3:1-3; Filipenses 3:20).

 

Y muchos en la historia del cristianismo, por desconocimiento de la verdad dispensacional, hacen lo mismo de Israel y la Iglesia, y aplican, por ejemplo, las bendiciones prometidas a Israel a la Iglesia[1], cuando las amenazas de juicio se aplican en realidad a Israel ¿Es esto coherente? ¿Se puede decir que es la verdad? Pero esto se evitaría si marcáramos bien la diferencia entre Israel y la Iglesia. Y ésta es precisamente la consecuencia del rechazo del entendimiento dispensacional, al hacer de Israel y de la Iglesia la misma cosa. Y ello contribuyó a la ruina de la Iglesia desde su formación en el día de Pentecostés (Hechos 2). Maestros judaizantes siempre han procurado corromper la Iglesia e introducir principios judaicos dentro del cristianismo, y el apóstol Pablo contendió con energía contra esto a lo largo de todo su ministerio. A veces escuchamos el término «judeocristianismo», lo cual trae más confusión. Entiéndase claramente que la Iglesia no es un agregado del judaísmo. El mismo Señor dijo que nadie echa “vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden” (Mateo 9:17). Pero la falta de una clara y tajante distinción entre Israel y la Iglesia, ha causado que la Cristiandad pusiera muchos remiendos en los odres viejos en un esfuerzo por contener lo nuevo dentro de lo viejo.

 

Flavio H. Arrué

 


NOTA

 

[1] Nota: Tanto católicos como protestantes tradicionalmente han sostenido que “Israel” tiene un significado tipológico; y de ahí que para ellos la Iglesia sea un «Israel espiritual», de modo que muchas cosas dichas en relación con Israel principalmente en el Antiguo Testamento, la apliquen erróneamente a la Iglesia. Veamos un par de ejemplos: en el comentario de Matthew Henry, las palabras del Salmo 122: Orad “por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman”, se explican de la siguiente manera: «Se debe desear y orar fervientemente por la paz y la prosperidad de la iglesia evangélica.» Y veamos la manera alegórica de interpretar Isaías 2:2-5 (para decir que la Iglesia cumple esas profecías), en el conocido comentario bíblico católico: «Históricamente esta profecía se cumple, en sus líneas esenciales, en la Iglesia católica, “el Israel de Dios”, heredero de las promesas del Israel histórico. Naturalmente, la descripción de Isaías está envuelta en un ropaje poético en cuanto a sus circunstancias accidentales. Esa paz total es un desborde de imaginación oriental, como lo hará en el capítulo 11, cuando nos presente al león comiendo paja como el manso buey, y al niño metiendo la mano en la madriguera del basilisco. Son imágenes para expresar la paz total, suprema ansia de todos los corazones en todos los tiempos.-- Maximiliano García Cordero, en la Biblia comentada de la BAC.»


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