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EL MAL DEL PRETERISMO EXTREMO Varios artículos |
Introducción
Preterismo significa pasado, y se refiere al hecho de considerar las profecías bíblicas
como ya cumplidas (muchas profecías que los no preteristas creemos que habrán de
cumplirse en el futuro).
Hay dos clases diferentes de preterismo: El preterismo parcial y el preterismo
extremo o total.
El preterista parcial ve que el año
70 d.C. involucró lo siguiente:
1. Una venida de Cristo
2. Un día del Señor
3. Un juicio, y
4. El fin de la edad judía
Sin
embargo, hay que aclarar que los preteristas parciales admiten que hay una segunda venida de Cristo, el
arrebatamiento, una resurrección corporal, el día del Señor y el juicio final
(véase R. C. Sproul, The Last days According
to Jesus, Grand Rapid, Baker Books, p. 170, 1998), al margen del
significado que ellos le asignen a estas expresiones. Pero aclaremos que ellos
creen en una resurrección física del cuerpo.
Los preteristas totales
Ellos
dicen que la única venida del Señor
que existe, es la que tuvo lugar en el año 70 d.C. o sea que, en el año 70 d.C.
tuvo lugar:
1. La venida del Señor
2. La resurrección
3. Los cielos nuevos y la nueva tierra
Los preteristas totales focalizan su sistema en el año 70 d.C. diciendo que todo se cumplió en él. Es más, en el
año 70 d.C. también, alegan que, constituye el punto terminal de la obra
expiatoria de Cristo.
Y en este punto adviértase todo lo absurdo de este falso esquema. Pues lo
llamativo y particular del sistema preterista es que lleva involucrado, y
requiere en su esquema, el solemne asunto de varias falsas doctrinas
fundamentales.
La palabra «escatología» (que se
refiere a las doctrinas que tienen que ver con las cosas finales), es usada en
el preterismo de varias maneras para designar el sistema: Escatología
realizada, escatología del pacto y escatología cumplida.
Además de estas designaciones, el sistema es a veces referido como:
Preterismo consistente, preterismo total, y, doctrina del 70 d.C.
Aquí nos referimos al término «preterismo
extremo o total» (full Preterism) cuando hablamos del sistema preterista, y
no al preterismo parcial.
Consecuencias del esquema preterista sobre la
fe
Pero el punto importante a tener en cuenta, es que el preterismo total está asociado a falsas doctrinas
fundamentales, que incluyen la negación de la resurrección del cuerpo. Y
por eso debemos estar alertas contra esto. (Para quienes quieran tener una
introducción muy didáctica y completa de la posición preterista total, pueden
leer la obra What is the Preterist View?
por Ed. Stevens).
Decir que la Segunda venida de Cristo tuvo lugar ya en el año 70 d.C. durante
la destrucción de Jerusalén, y que a partir de allí la gloria prometida ya ha
sido cumplida, y que ahora reinamos con Cristo en la tierra, habiéndose
cumplido todas las profecías, es un
golpe mortal al cristianismo en lo doctrinal y en lo práctico, los cuales
quedan totalmente anulados por semejante esquema falso.
Pues el Nuevo Testamento nos contempla en nuestra marcha y en nuestra adoración
en vista de la bendita presencia (parousia)
de Cristo para recibirnos hacia él glorificados, y llevarnos a la casa del
Padre (Juan 14:3). Con ese esquema, no sólo los Evangelios dejan de aplicarse,
sino también las Epístolas, y ni qué hablar del Apocalipsis. Pues el Nuevo
Testamento nos exhorta incuestionablemente a seguir una senda de padecimientos,
tanto por causa de la justicia como por causa del nombre de Cristo, en medio de
un mundo totalmente hostil a Él y a su Reino. Cuando él realmente aparezca,
Dios dará lugar a sus solemnes juicios, de modo que el mundo aprenderá la
justicia, especialmente debido a que Satanás no podrá entonces seguir
engañando. En breve, el enemigo ha engañado a estos visionarios llevándolos a
una entera abolición de la condición y los deberes de los creyentes sobre los
cuales la Biblia insiste “hasta aquel día”, cuando todas las cosas serán hechas
nuevas, al margen de cuán cierto es esto ahora para nuestra fe y para nuestra
esperanza, pues entonces lo serán de hecho y para todo ojo.
La Biblia hace fijar nuestros ojos en la suprema esperanza de ser como Cristo
cuando le veamos “tal como él es” (1 Juan 3:2), lo cual no sucedió, por cierto, cuando cayó Jerusalén en el año 70 d.C.;
éste no es sino el fantástico e impío sueño de la escuela preterista total
(aunque nadie niega el hecho histórico, que tuvo lugar por la providencia y el
gobierno de Dios).
El objetivo de esta nota es simplemente tener unas nociones introductorias de
lo que es el sistema preterista extremo y sus nefastas consecuencias prácticas. Podemos
ver en la Palabra que los preteristas ya existían en la época apostólica:
Aparecieron en la escena Himeneo y Fileto, cuya “palabra carcomerá como
gangrena, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos”; y
el apóstol ordena a Timoteo que se limpie de estos dos vasos para deshonra, a
fin de que, una vez purificado de los falsos maestros, pueda ser un vaso “para
honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2.ª
Timoteo 2:14-23); y hoy, dado el aumento de falsas doctrinas y de falsos
maestros en la cristiandad, las exigencias no han disminuido, en el sentido de
nuestro deber de separarnos de todo ello, si queremos ser útiles en las manos
del Señor.
“ESTA GENERACIÓN” (Mateo 24:34)
¿Dónde estriba el fatal
error del preterismo?
El mal del preterismo pretende hacernos creer que todas las profecías fueron
cumplidas en Jerusalén en el año 70 d.C., y se basa en una interpretación errónea
de Mateo 24:34.
“De cierto os digo, que de ningún modo pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo 24:34).
Leamos
con cuidado lo que el Señor les dice a sus discípulos.
GENERACIÓN (del griego «genea»), puede
significar un «período de vida». Pero no es éste su sentido primario ni tampoco
el sentido en que el Señor lo usa aquí. El contexto, como siempre, nos ha de
guiar para entender el término. Es sano quien sigue el contexto, y tuerce la
Palabra quien desecha el contexto y atribuye significados a las palabras según
la conveniencia y el antojo privado.
“Generación”
(griego: genea) se usa en dos
sentidos en las Escrituras:
1) Significado cronológico: Un
«período de vida» puede estar implicado en genea,
por ejemplo, en una genealogía (como en Mateo 1:1), o cuando el contexto lo
requiere (como en Lucas 1).
2) Significado moral: Cuando genea se usa en las escrituras
proféticas (Salmos, etc. ), nunca
tiene este sentido de «período». Así pues, el significado del término en las
profecías, es más bien moral que
cronológico, como por ejemplo en el Salmo 12:7:
“Tú, Jehová, los guardarás; de esta
generación los preservarás para siempre.”
Las
palabras “para siempre” experimentan una fuerza y alcance prolongados en el tiempo. Por ende, el pasaje indica que Jehová
preservará a los piadosos de sus malvados e inicuos opresores (v. 2-5): de
“esta generación para siempre”. Ésta es la clara y conclusiva refutación de
aquellos que pretenden limitar la frase a una breve época o al período de vida
de un hombre.
En Deuteronomio 32:5, 20 encontramos el término generación empleado en similar sentido, es decir, no para
transmitir un período de tiempo, sino para expresar las características morales de Israel:
“Generación torcida y perversa.”
“Porque son una generación perversa”
En los Salmos, de nuevo, no sólo tenemos “esta generación”, sino también “la
generación venidera”, y jamás se
limita a un simple término de 30 ó de 100 años (compárese también Proverbios 30).
La
confirmación de los diccionarios
Thayer,
en su Greek-English Lexicon of the New
Testament confirma plenamente lo dicho referente al término genea, en su segunda acepción (en la
tercera acepción, Thayer da el sentido cronológico de «toda la multitud de hombres que viven al mismo tiempo», pero éste
no es su único sentido, como pretenden los preteristas, como podrá verificarse
a continuación):
«γενεα: 2b. una raza de hombres muy similares los unos
de los otros en dotes, ocupaciones, carácter; y especialmente en un mal
sentido una raza perversa» (página
112).
Vine,
en su Diccionario expositivo de palabras
del Nuevo Testamento, también confirma el mismo sentido moral del término, y confirma que no se
limita a un grupo de personas de un determinado período de tiempo:
1.
GENEA …una raza de gentes que poseen características o llamamientos
similares, etc. (de malas características).
Tengamos
en cuenta que los preteristas generalmente aducen que genea «no puede» significar raza, sino únicamente «la gente que
vive en un período de tiempo». Esto simplemente no es cierto. Las definiciones
de los léxicos claramente dan el sentido de “raza” de gentes de características
morales malas, como una de las primeras
acepciones del término griego. El sentido es «raza en un estado moral malo»,
específicamente la generación de Israel incrédula que rechaza al Mesías desde
el primer siglo: no sólo la generación de entonces que le rechazó, sino la que
prevalece hasta hoy en incredulidad: es toda la misma generación desde la época
de Cristo hasta el día de hoy.
Uso del término «generación» en los Evangelios
Sinópticos
Lo que torna todo más claro y simple es el
uso del término en los Evangelios Sinópticos. El contexto más inmediato en
que se usa el término «genea» nos dará la clave para su exacta comprensión. En
Mateo 11:16 leemos:
“Mas ¿a qué compararé esta generación?”
Aquí
se tiene en cuenta a aquellos que vivían entonces,
caracterizados por el capricho moral que los ponía en oposición al testimonio
de Dios en justicia o en gracia. Pero es evidente que si bien lo primario que
se tiene en cuenta es la gente que vivía entonces, la identidad moral de las
mismas características bien puede extenderse por tiempo indefinido, y así de edad en edad puede tratarse
perfectamente de “esta generación” en carácter. Para confirmación de lo
dicho comparemos estas Escrituras:
Mateo 12:39, 41, 42 y 45:
“Él respondió y les dijo: La generación
mala y adúltera demanda señal...” (v. 39)
“Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán...” (v. 41)
“Así también acontecerá a esta mala
generación” (v. 45), etc.
El
versículo 45 muestra claramente la unidad esencial de la “generación” en su
juicio final (que todavía no se ha agotado) con la que emergió de la cautividad
babilónica.
Asimismo, observemos Mateo 23:36:
“De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación”
Esta generación no pasará hasta que todas las predicciones de juicio, etc. que
Cristo anunció, se hayan cumplido. Es claro, por el discurso profético de
Cristo, que la mayor parte de lo anunciado, aún queda por cumplirse, y “esta
generación” (o sea, no los hombres de una época, sino un pueblo o una raza que
reviste ese carácter particular) todavía subsiste en el tiempo, y habrá de
subsistir hasta que todo se cumpla.
Y es una evidente realidad que allí están los judíos en incredulidad. Pero el
punto no es tanto que se trata de una raza en la dispersión (aunque algunos
están en la tierra de Palestina) que se ha perpetuado a lo largo del tiempo, sino que se trata de la misma raza con las
mismas características morales: la misma incredulidad, el mismo odio, y el
mismo rechazo por Jesús —su propio Mesías— que les caracterizaba el día que él
pronunciaba Su sentencia. Todas estas cosas —advertía el Señor acerca de sus
penas más tempranas, así como de sus más tardías— deben suceder antes que esta perversa generación
desaparezca.
Esperamos que, siguiendo la regla del contexto, hayamos llegado a un
entendimiento claro de lo que significa “generación” en la enseñanza de la
Palabra, y poder estar alertas contra los engaños del «preterismo».
Ed.
“NO PASARÁ
ESTA GENERACIÓN…”
El Evangelio de Lucas arroja luz sobre los tiempos
William Kelly
No
se ha tenido lo suficientemente en cuenta qué tan contundentemente Lucas 21:32
fija el verdadero sentido de esas tan debatidas palabras: “No pasará esta
generación hasta que todo esto acontezca”. Mientras se las considera únicamente
a la luz de Mateo 24 y de Marcos 13, ellas dejan lugar a la duda; y seguramente
que no podría haber otra cosa que dudas sin un justo y firme entendimiento de
su contexto. Y es precisamente el contexto lo que provee la contestación
adecuada. Aquellos que restringieron los capítulos al período apostólico, o al
fin del siglo, interpretaron la cláusula conforme a sus respectivas teorías.
Pero la verdad es más extensa que todas estas opiniones humanas; y cuando se
ven su alcance y su precisión, la luz que fluye de estas palabras del Señor ya
no ve más obstáculos ni es más pervertida. Para este fin, el Evangelio de Lucas
contribuye con una inestimable ayuda; no ciertamente echando a pique a los
otros dos evangelios, sino mediante la fresca sabiduría de Dios que nos es
comunicada por Lucas, la cual nos hace entender los evangelios mucho mejor por
cuanto nosotros tenemos el conjunto completo, lo cual nos provee así de una más
amplia percepción y gozo de la verdad en toda su dimensión.
En
el Evangelio de Lucas, capítulo 21, pues, Dios ha tenido cuidado de introducir
por primera vez “los tiempos de los gentiles” los cuales siguen aún después del asedio romano sobre
Jerusalén y de la dispersión de los judíos (v. 24). Luego, desde el v. 25
tenemos las señales de los postreros días, y, finalmente, al Hijo del Hombre
que se lo ve viniendo en las nubes con poder y gran gloria, lo cual demuestra
la futilidad del esquema que pretende confundir la captura de Jerusalén por
Tito (v. 20 a 24), con la aparición del Hijo del Hombre en el v. 27.
Pero
es sólo después de esta aparición
visible que leemos en el v. 32: “De cierto os digo, que no pasará esta
generación hasta que todo esto acontezca.”
Esto ocurrirá sólo después que
“estas cosas comiencen a suceder”, tal como lo leemos en el v. 28, y se le hace
entonces un llamado a los fieles cuando vean que sucedan: “erguíos y levantad
vuestra cabeza”. Esta generación no ha de pasar hasta que TODO sea cumplido
(γενηται). No hay lenguaje que pueda ser más
preciso. Esta generación de judíos que rechaza a Cristo, incrédula, contumaz y
rebelde, no pasará hasta entonces. Una nueva
generación fiel le seguirá. La expresión tiene un sentido moral, y no meramente cronológico. Compárese el Salmo 12:7 (Hebreos
8) en contraste con la generación venidera.
Véanse los Salmos 22:30 (31), 31, (32). La cláusula, por lo tanto, se aplica con su fuerza ilimitada, y es
puesta de tal manera por el tercer evangelista que torna imposible cualquier
otra aplicación. Tampoco existe la menor razón para tomarla de otra manera en
los correspondientes lugares de Mateo y de Marcos; pero Lucas es quien lo
demuestra.
El
asunto, entonces, es así: Por un lado, Mateo y Marcos no hacen notar “los
tiempos de los gentiles”, los cuales Lucas, inspirado, sí presenta muy
claramente, así como los triunfos de los gentiles, no sólo cuando sus ejércitos
conquistaron Jerusalén y condujeron al pueblo de Israel cautivo a todas las
naciones, sino también durante la ocupación permanente de esa ciudad, como de
hecho ha sucedido durante casi 2000 años. Por otro lado, Mateo y Marcos —pero
no así Lucas— hacen notar claramente el establecimiento de la abominación
desoladora y del incomparable tiempo de tribulación justo antes de que el Hijo
del Hombre venga para liberar a los escogidos en Israel al fin del siglo,
pasando inmediatamente de las tribulaciones terrenales en el país (mientras
Jerusalén era todavía un objeto de testimonio) a los postreros días, cuando
reaparece con su templo erigido y los judíos allí, pero, ¡lamentablemente, son
los engañados por Satanás e instrumentos suyos hasta que el Señor aparezca en
juicio! Por eso se observará que en Lucas 21 no se hace ninguna pregunta
referente a la “señal de su venida, y del fin del siglo”. No veo ninguna
confusión en todo esto, sino el perfecto pensamiento de Dios que proporciona lo
que es exactamente adecuado para cada evangelio.
En
Mateo y Marcos la futura crisis sigue un esquema preliminar de tribulaciones
puesto de una forma tan general que se aplica tanto a los tiempos apostólicos
como a la época cuando los judíos vuelvan y reconstruyan su ciudad y su templo
en incredulidad poco tiempo antes de que termine el siglo, constituyendo Mateo
24:4-14 (Marcos 13:5-13) el esquema general, y los versículos 15-31 (Marcos
13:14-27) la crisis al cierre o en la última mitad de la septuagésima semana no
cumplida de Daniel. Solamente Lucas
nos ofrece una continuidad en las tan
breves palabras del capítulo 21:24, así como él solamente nos da claramente en
esta profecía la pasada destrucción de Jerusalén por los romanos, tal como
también lo hace en el capítulo 19:32, 44. No tengo dudas de que el capítulo
17:22-37 también se refiere a Jerusalén, pero con referencia exclusiva a los
últimos días, cuando el Hijo del Hombre sea revelado, y no cuando Tito la
saqueó. En aquel día habrá una perfecta discriminación de personas en el juicio
—lo que prueba su carácter divino— y no un mero evento providencial, por
terrible que fuere.
W. Kelly, The Bible Treasury
10:328-329
El preterismo extremo y el tiempo de la venida del Hijo
del Hombre
Introducción
La conclusión de los preteristas extremos es forzada a partir de la errónea noción sostenida por gente escéptica en cuanto a que Cristo y sus apóstoles enseñaron que Cristo vendría mientras aún estuviesen con vida aquellos que vivían en “su generación”. Con esta conclusión forzada, las Escrituras son torcidas, atormentadas y torturadas a fin de que digan lo que ellas no dicen, para terminar enseñando una serie de falsas doctrinas fundamentales necesariamente vinculadas en el esquema preterista total. William Kelly bien definió esto como «el engaño de la parusía» y como «el sueño fantástico e impío de la escuela de J. S. Russell»; y J. N. Darby calificó a tal esquema de «herejía», como por cierto lo han hecho algunos preteristas parciales tales como Kenneth Gentry, quien se refirió a ello como «heterodoxia», lo cual, de hecho, lo es.
Examinaremos
brevemente los principales puntos y pasajes que se utilizan para apoyar el falso
punto de vista. Nos basamos en la interpretación literal de las Escrituras,
dando, cuando corresponde, el debido lugar a figuras y al lenguaje simbólico.
También sostenemos que las Escrituras del Nuevo Testamento ponen al cristiano
en una postura de expectación respecto a la venida del Señor Jesús para recibir
a sí mismo a los santos, sin ninguna profecía de que Cristo vendría durante la
vida de los creyentes del primer siglo. Finalmente, la expresión, “la venida
del Hijo del Hombre” se utiliza en el presente artículo con referencia a la
venida de Cristo en gloria y poder para destruir a sus enemigos, para liberar a
Israel y para establecer el reino milenario. Ésta es la segunda parte de la
venida de Cristo y sigue a la septuagésima semana de Daniel. La venida de
Cristo por sus santos, los que forman
el Cuerpo de Cristo, constituye la primera parte de Su venida, y ella precede
al inicio de la septuagésima semana de Daniel.
¿No tuvo el Señor que venir en “esta generación”?
Mateo 24:34
William Kelly
apuntó:
«Mateo
16:28. Mi
pensamiento es que la aplicación de estas palabras a la destrucción de
Jerusalén carece de todo fundamento, y que su verdadera conexión es con
referencia a la escena de la transfiguración. Ellas son consecutivas en los
tres primeros evangelios; y el capítulo 1 de la segunda Epístola de Pedro trata
esa escena, tengo entendido, como una manifestación del poder y de la venida de
Cristo: una muestra de su futura gloria. Santiago y Pedro gustaron la muerte,
el primero mucho antes de la destrucción de Jerusalén, y el segundo un breve
tiempo antes.
No es correcto, como sostiene el deán Alford,
hacer que η
γενεα αυτη se traduzca aquí
«esta raza» (algo puramente físico, o sea, la raza israelita), más bien que
«esta generación», porque «la raza» de Israel no ha de pasar cuando todas estas
cosas se hayan cumplido, sino muy al contrario, Israel ha de gozar entonces de
su plena bendición y de su gloria como pueblo aquí abajo. La correcta fuerza y
el verdadero sentido de la expresión es: «Esta
(o sea, la incrédula, la que rechaza a Cristo) generación de Israel», no
meramente la generación entonces existente, sino los que llevan los mismos
frutos morales que aquellos que rechazaban entonces al Mesías (compárese
Deuteronomio 22:5 y 20). Israel, en efecto, ha continuado hasta hoy con este
mismo carácter, y así seguirá hasta después de las últimas seducciones y el
juicio del Anticristo, una vez que “venga de Sion el Libertador, y aparte de
Jacob la impiedad”. “Y así todo Israel será salvo” (Romanos 11:26), cuando
todas las amenazas de Dios hayan recibido su cumplimiento, y que la gracia de
Dios haya convertido una nueva generación, “la generación venidera” (Salmo
102:18). El alcance moral de la frase nos da simple y claramente la razón del
justo juicio de Dios, debido a la sangre derramada desde Abel en adelante. El
comentario de Alford contra la aplicación de la expresión a la mera generación
existente entonces es sano; pero a la vez casi descalifica el propio sentido
que él le da (al no alcanzar a la generación existente justo antes de que el
Señor retorne). Los que ocupaban el lugar de testigos para Dios, como lo hizo
Israel, no sufrieron solamente las consecuencias de su menosprecio del último
testimonio de Dios en Cristo en medio ellos, sino que fueron tenidos por
responsables de toda la sangre justa derramada desde el principio (Mateo
23:36-36; Lucas 11:50-51). El mismo principio se aplica a Babilonia en el
Apocalipsis: “Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y
de todos los que han sido muertos en la tierra” (Apocalipsis 18:24). A causa de
la posición que tomó Babilonia, Dios la tendrá por responsable incluso por los
pecados cometidos antes de que ella existiese. Éste es el principio según el
cual Dios obra cuando juzga corporativamente todo un sistema. Individualmente,
cada uno llevará su propio juicio (Romanos 2:5-16; 14:12; 2.ª Corintios 5:10;
Gálatas 6:5; etc.).»
W. Kelly, en The Christian
Annotator, pág. 337, 1856
La
insistencia en el error de que el término «generación» significa forzosamente
33 ó 40 años, requiere unas observaciones adicionales:
«Queda todavía un punto: la expresión “No
pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” Ahora bien, el entero
estado de cosas finalizó por entonces unos cuarenta años más tarde, e Israel ya
no existió más como el lugar del testimonio. Sin embargo, no tengo la menor
duda de que el término “generación” tiene una fuerza distinta de ésta.
“Generación” es generalmente usada en la Escritura con un sentido diferente del
período de la actividad humana, o del tiempo transcurrido desde el nacimiento
de un hijo hasta el nacimiento del hijo de éste (o sea, lo que dura la vida
activa de un hombre). Y con referencia a Israel precisamente, se emplea
particularmente con el otro sentido (no con el cronológico), tal como lo
presentan, entre tantas, las siguientes citas: “la generación de los malos,
nunca verá la luz” (Salmo 49); “una generación maligna y perversa, en medio de
la cual resplandecéis” (Filipenses 2:15); “Tal es la generación de los que le
buscan” (Salmo 24:6). Y así podemos encontrar muchos otros pasajes. El término
“generación”, pues, se refiere a una clase de personas que tienen un
determinado carácter, así como aquellos que tienen su común período de vida
juntos. Si el lector se vuelve a Deuteronomio 32, hallará en los versículos 5 y
20 la palabra usada en este sentido en inmediata referencia a Israel durante su
prolongado rechazo hasta el fin: Son una “generación torcida y perversa.” “Y
dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su fin; porque son una
generación perversa, hijos infieles.” Y luego Moisés habla de la introducción
de los gentiles, en un pasaje citado por Pablo, con referencia al mismo tiempo
de que estamos hablando: el Señor declara que esa generación no pasará —una
declaración cuyo cumplimiento lo vemos hasta el día de hoy—. Dios escondió de
ellos Su rostro para ver cuál será su fin; sin embargo, ellos todavía no han
pasado, sino que siguen estando. Allí permanecen hasta que ni una jota ni una
tilde de la palabra de Cristo se haya dejado de cumplir.»
J. N. Darby, Collected Writings
6:255
«Es digno de notar también que en el evangelio
de Lucas, donde las historias del sitio de Jerusalén y del fin están separadas,
la expresión “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”, se
aplica, no al sitio de la ciudad por Tito, sino al fin del siglo o edad,
mediante el uso de la palabra “todo”. Nótese así el uso de “esta generación” en
el capítulo 21:32. Si ―como está claro― el hecho de venir después de “los tiempos de los gentiles”
prueba que no se refiere al período de vida del hombre, sucesivamente, sino a la raza en ese mal estado moral, la
expresión incluye los tiempos de los gentiles en su plenitud.»
J. N. Darby Notes and Comments 6:19
“Esta
generación”, por lo tanto, bien puede entenderse como toda la generación bajo
el pacto mosaico en el pasado, e incluye a los judíos hasta el tiempo de la
aparición del Señor con poder y gran gloria. “Esta generación” es el antiguo Israel (el nuevo Israel será la nación salvado bajo el Nuevo Pacto). Es una clase moral (sin limitación al período de
vida de una persona) que persiste en el tiempo con las mismas características
morales.
La
Escritura, al hablar de Israel, también habla de una “generación venidera”:
“Se
escribirá esto para la generación
venidera; y el pueblo que está por nacer alabará a JAH” (Salmo 102:18).
“Una
simiente le servirá; será contada para el Señor como una generación” (Salmo
22:30, versión francesa de JND).
Hay,
además de éstos, otros ejemplos en las Escrituras en los que el vocablo
“generación” significa «una clase de personas», lo cual significa precisamente
aquí; pero “la generación venidera” es el nuevo Israel, la simiente de Israel
(no la Iglesia). Es la nación que nacerá en un día (Isaías 66:8), cuando el
Libertador aparte de Jacob la impiedad, y todo Israel será salvo (Romanos
11:26) para la bendición milenaria.
El
diagrama
adjunto ilustra esto gráficamente, y también lo relaciona con el hecho de
que si bien la cruz puso fin al sistema mosaico como válido delante de Dios,
eso no cambió el siglo.
¿Cómo entender Mateo 16:28?
“De
cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la
muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Seis
días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los
llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos” (Mateo
16:28-17:2).
Puesto
que algunos no morirían antes de que el Hijo del Hombre viniese en su reino,
los preteristas totales toman esto como prueba de que esa venida tuvo que
ocurrir necesariamente antes de que todos cuantos oyeron al Señor pronunciar
esas palabras muriesen. Obsérvese el siguiente razonamiento de un preterista
extremo que pretende, partiendo de sus erradas premisas, presentar el caso como
una «verdad obvia»:
«Una
muy importante pregunta debe formularse: ¿Cómo habrían interpretado las
palabras de Jesús aquellos que lo escucharon entonces? Y además de eso, ¿cómo
las iglesias a las cuales les escribieron los apóstoles habrían interpretado
las cartas y admoniciones que les advertían acerca de la cercanía del retorno
de Cristo?» [1]
¿Cómo
es tan obvio que Cristo tenía en vista el año 70 A.D. que no lo podemos ver?
Pero aunque no sostengamos las perturbadoras teorías del preterismo, sí podemos
ver en la misma cita completa de Mateo 16:28-17:2 el modo en que las palabras del Señor se cumplieron. “Algunos”
―tres presonas, para ser precisos―, vieron en esta transfiguración
al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Esto, naturalmente, lo rechazan los
preteristas, simplemente porque ellos quieren
que la venida del Hijo del Hombre haya ocurrido en el año 70 A.D. La Escritura
debe ser adaptada por la fuerza en todas partes a fin de apoyar el sistema.
Obsérvese:
«Las
profecías referentes a la parusía no fueron
reconocidas por la iglesia gentil como cumplidas en los eventos que tuvieron
lugar en el año 70 A.D. debido a la falta de la clave correcta de
interpretación (de la cual hoy los preteristas totales nos beneficiamos,
naturalmente), y fueron por eso reproyectadas hacia el futuro. La mayoría de
los intérpretes de la actualidad ignoran esta clave, y se ven así forzados a
eludir o arreglar las declaraciones referentes al tiempo pronunciadas por Jesús
y los apóstoles.
Un
ejemplo de esto lo constituye el relato de la transfiguración (Mateo 17:1-8),
que es algunas veces explicado como el cumplimiento de la declaración
precedente de Jesús… Esta explicación reduce el reino a una visión comunicada
tan sólo a unos pocos selectos, en lugar de serlo a un vasto rango del dominio
del Rey de reyes y Señor de señores sobre las instituciones de la cultura
humana» [2]
Pasando
por alto la absurda noción del dominio actual de Cristo sobre la cultura
humana, la ridícula pretensión de que «esta explicación reduce el reino a una
visión» parece pretender que los autores ignoran que aquellos que sostienen
“esta explicación” creen en un reino universal venidero de Cristo sobre la
tierra. ¿Por qué y para quiénes, pues, escribir algo tan poco serio?
La
cita previa hace referencia a los apóstoles y a lo que ellos escribieron. Pedro
fue uno de ellos, y él estuvo presente en la transfiguración del Hijo del
Hombre. Es pura insubordinación a la Palabra de Dios tratar de pasar por alto
las claras declaraciones de Pedro acerca de este asunto:
“También
yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo
momento tener memoria de estas cosas. Porque no os hemos dado a conocer el
poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas,
sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él
recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria
una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros
oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo”
(2.ª Pedro 1:15-18).
Así,
en el monte, durante la transfiguración, Pedro vio “su majestad”, “el poder y
la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Fue una vista anticipada de lo que aún habrá de venir. Pedro vio a Cristo
corporalmente, pero transfigurado. Nosotros también le veremos de la misma
forma, y estaremos con él también cuando venga, Él en el cuerpo y nosotros en
el cuerpo, y nuestros cuerpos sean transformados para ser semejantes a Su
cuerpo de gloria. “Algunos”, en efecto, vieron al Hijo del Hombre viniendo en
su reino, lo vieron de forma anticipada, pero ese reino todavía no ha llegado a
la tierra.
¿Cómo entender Mateo 10:23?
“Y
seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta
el fin, éste será salvo. Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra;
porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de
Israel, antes que venga el Hijo del Hombre” (Mateo 10:22-23).
Tal
vez el significado de este pasaje no resulte tan claro como el asunto de “esta
generación”, y también de Mateo 16:28. El pasaje habla de una misión para Sus
discípulos judíos como Sus mensajeros. La clave para su comprensión radica en
el hecho de que esta misión no sería plenamente llevada a cabo entonces, sino
que sería interrumpida, y sería emprendida nuevamente en el futuro por
aquellos a quienes representaban los discípulos, o sea, por el futuro remanente
judío piadoso. William Kelly destacó:
«Dios
vuelve así las armas del adversario contra sí mismo. “Ciertamente la ira del
hombre te alabará; Tú reprimirás el resto de las iras” (Salmos 76:10). Uno no
puede sino sentir que una verdad tal como ésta, aunque tenga una particular
aplicación a los apóstoles encomendados a esta misión, muy seguramente también
es para nosotros. “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué
hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque
no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla
en vosotros” (Mateo 10:19-20). Al mismo tiempo, Él los prepara para una
conducta más cruel de parte de los demás, incluso de su propia familia. El
hermano conocería los hábitos de su hermano, el padre conocería todo acerca del
hijo, y el hijo acerca del padre: todo esto se volvería en contra de los
siervos de Cristo. “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas
el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (v. 22). El v. 23 dice: “Cuando os persigan en esta ciudad, huid a
la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las
ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre”. Esta notable
declaración nos hace recordar la expresión usada anteriormente: «la Iglesia es un gran paréntesis». La
misión de los apóstoles llegó a su fin abruptamente por la muerte de Cristo.
Ellos la siguieron llevando a cabo aun después por un tiempo, pero se acabó
completamente por la destrucción de Jerusalén: el asunto se terminó por el momento, pero no para siempre. El llamado de la Iglesia fue entonces
realizado, y cuando el Señor haya tomado la Iglesia desde el mundo al cielo,
entonces Dios volverá a levantar en la tierra otra vez un testimonio al Mesías,
cuando los judíos se conviertan. Dios declaró que daría Su tierra a su pueblo,
y de seguro que lo hará, “porque irrevocables son los dones y el llamamiento de
Dios” (Romanos 11:29). En esto está comprometida la fidelidad de Dios, o sea
que el pueblo judío debe ser restaurado a su propia tierra cuando “haya entrado
la plenitud de los gentiles” (Romanos 11:25). El llamamiento de la plenitud de
los gentiles constituye el paréntesis que está prosiguiendo en el tiempo ahora.
Y una vez que éste haya concluido, el Señor reanudará sus lazos con Israel.
Ellos regresarán a la tierra en incredulidad. El testimonio del reino
―que había comenzado en el tiempo de nuestro Señor por los
apóstoles― será retomado hasta que el Hijo del Hombre venga. “Enviará el
Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven
de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego…
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo 13:41-43). El Señor cumplirá
plenamente en aquel día lo que fue encomendado al hombre, y que fue quebrantado
por la mano débil o perversa del hombre. Luego todo bajo la Rama de Israel será
glorioso. Entiendo que esto es lo que va junto con la notable expresión de que
ellos no acabarían de recorrer “todas las ciudades de Israel, antes que venga
el Hijo del Hombre”. Todo el período en que el Señor hizo a un lado a Israel
para hacer entrar a los gentiles, es pasado por alto en silencio. Él habla de
lo que estaba derrumbándose entonces, y de lo que será reanudado en Israel en
el futuro, pasando por alto lo que tiene lugar en el ínterin» (Matthew, in loco).
Hemos
considerado hasta aquí tres pasajes muy importantes en los cuales se apoyan los
hiperpreteristas y que, evidentemente, mal interpretan.
(Continuará)
NOTAS
[1]
Ward Fenly, The Second Coming of Christ
Already Happened,
[2] The Promise of His Coming,