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LA
IMPECABILIDAD DE CRISTO DOCTRINA
FUNDAMENTAL DE LA FE (Consiste
en una colección de cartas escritas en defensa de la verdad sobre el Cristo
de Dios revelado en las Escrituras) |
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“Uno
que fue tentado en todo según nuestra semejanza, sin pecado” (Hebreos 4:15) |
1.ª CARTA
CRISTO "LO SANTO",
NUNCA PUDO HABER PECADO
Estimado hermano,
En respuesta a su carta, deseo poner sobre la mesa un tema que es fundamental de nuestra fe cristiana ortodoxa,
y acerca del cual no puede haber compromiso alguno, pues atañe a la bendita
Persona de nuestro Señor Jesucristo.
Se trata de la humanidad
sin pecado del Señor, y debo decir con todo dolor que muchos hoy, incluso
dentro del cristianismo supuestamente «conservador», han errado al atribuir una
naturaleza con tendencia a pecar del precioso Dios-Hombre, que la Escritura
descarta de plano. El debate actual acerca de si Cristo pudo haber pecado es
triste pero muy difundido. Pero hay que tener claridad y precisión en este
vital punto de nuestra fe.
HEBREOS 4:15 ESTABLECE QUE CRISTO ERA
IMPECABLE Y NO SÓLO QUE NO PECÓ
Sólo voy a dar unos pensamientos introductorios para que tengamos claro qué
significa “pecado aparte” en relación con Cristo.
Vamos a leer el versículo:
“Porque no tenemos un gran sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, [pero]* sin pecado”
(Hebreos 4:15).
* Nota — La palabra «pero», no aparece en el
original griego, y su agregado cambia el sentido de lo que se quiere
transmitir, introduciendo la posibilidad de que Cristo pudiera haber pecado.
La expresión “sin pecado” (del griego choris amartias) es mejor traducida por
“pecado aparte”, o “excluido el pecado” (Lacueva).
Esta Escritura establece claramente que hay una diferencia entre el hombre en su condición de pecado, y el Hombre
Cristo Jesús, y esa diferencia es que Cristo, a diferencia de nosotros, es esencialmente sin pecado. Y es
importante tener cuidado con la palabra pero, como acabo de decir, que ha sido
agregada y que conduce a una noción equivocada y contraria a la verdad. Pues
puede inducir a creer que, aunque Cristo fue en todos los puntos tentado así
como nosotros, empero nunca pecó. Pero
no dice eso la Escritura, no es ése el significado aquí. Pues no se trata aquí
de caídas o de “pecados” aparte. Es decir, la Escritura no dice que él fue “pecados
aparte”o “sin pecados”. Sino que dice “aparte del pecado”.
¿DE QUÉ TENTACIONES HABLA LA EPÍSTOLA EN
CUANTO A CRISTO?
La diferencia es fundamental. Nosotros, seres pecadores o con pecado por naturaleza, recibimos malas tentaciones desde adentro, esto es, desde nuestra
humanidad caída. Cristo, en cambio, no tuvo ninguna de esta clase de tentaciones. Esto era completamente
incompatible con su santa Persona. Por una concepción milagrosa, Cristo estaba
humanamente exceptuado de cualquier traza de mal, como ninguno lo fue desde la
caída del hombre.
De esas santas tentaciones, con relación a Cristo,
trata la epístola a los Hebreos, y no de las nuestras no santas.
La Epístola de Santiago distingue los dos tipos de tentaciones (las
externas, de que Cristo participó, y las internas, que brotan de nuestras
concupiscencias, y de las cuales Cristo estuvo excluido) muy claramente en el
capítulo 1.
Es útil comparar Santiago 1:2,12 (tentaciones de
afuera, externas, de que Cristo participó, al igual que nosotros), con Santiago
1:13 a 19, donde está el otro tipo de tentaciones: las de adentro de la mala
naturaleza. Nosotros conocemos y experimentamos perfectamente bien estas
últimas, pero Jesús jamás lo hizo. Y esto es justamente lo que quiere decir
“pecado aparte”. No sólo que nunca pecó, sino que nunca pudo haber pecado.
Pero Jesús sí experimentó el primer tipo de
tentaciones (externas) como ninguno de nosotros lo hizo jamás. Él fue en todo
tentado conforma a semejanza con nosotros, pero con esta infinita diferencia:
“pecado aparte”. Él no conoció pecado (2.ª Corintios 5:21), no tuvo ninguna
tentación pecaminosa interior. Y así, Cristo es tanto más (no menos) capaz de
simpatizar con nosotros.
RESUMEN
Unas últimas palabras antes de continuar con otras Escrituras sobre este
solemne tema. Cristo, aunque era un hombre tan real como cualquier otro,
participó de carne y de sangre en una condición
diferente de la de todo otro hombre. Participó de la humanidad en virtud de la
obra milagrosa del Espíritu Santo, enteramente aparte del pecado. "Tentado
--dice la Escritura-- en todo según nuestra semejanza, pecado aparte". Ya demostramos que esto no dice solamente que
no hubo pecados en él, sino que no
hubo ningún pecado (en singular). Es
decir, que no hubo ninguna tendencia o inclinación, ninguna lucha interna con
el pecado en Cristo: todo en él era bueno y santo. Por tanto, es menester
afirmar que Cristo era por naturaleza impecable,
inmaculado, incapaz de cometer pecado, y sugerir que "lo Santo"
que fue concebido por el milagro del Espíritu, fuera capaz de pecar o que pudo
haber pecado, es blasfemo.
Luego continuaremos, Dios mediante.
Flavio H. Arrué
2.ª CARTA
Amado hermano,
Hemos visto que la inspirada expresión "sin
pecado" o "pecado aparte", significa que la condición de Jesús
era ésa: en él no había pecado ni ninguna tendencia al mal, contrariamente a nosotros.
Él fue probado así como nosotros, pero "pecado aparte",
"excluyendo el pecado". Estuvo en semejanza de carne de pecado; es
decir, se asemejaba a un hombre, pero no podía tener «pecado en la carne».
La humanidad del Señor Jesús provino de María, es cierto,
pero no como dicen los católicos «genéticamente, como madre de Dios», sino en
un santo estado por el poder del Espíritu Santo que la cubrió con Su
sombra. Fue una concepción milagrosa. Si no hubiera sido así, Jesús no habría
podido ser la simiente de Abraham ni la simiente de David.
¿POR QUÉ CRISTO NO PUDO HABER PECADO?
Hay
dos razones que dan cuenta de la impecabilidad de Cristo, esto es, de que Él no
pudo haber pecado:
1.ª Tiene que ver con el carácter de la
unión en una sola Persona de lo divino y lo humano. Decir que Cristo pudo
haber pecado constituye una negación del verdadero carácter de esa unión. El
Cristo es una persona indivisible:
Dios Y Hombre en una Persona. Decir, pues, que esa Persona pudo haber pecado, divide a la Persona en dos personas: Una, que no podía pecar,
y la otra, que era capaz de pecar. Esa sola noción divide y contamina a la
Persona única de Cristo.
Si bien algo de lo que Cristo hizo o dijo pudo haber sido humano, con todo,
ello era el acto de una sola Persona.
Por ejemplo, Su muerte fue algo humano, pero fue la Persona única la que se dio a sí mismo y la que comunicó la
infinita gloria y el valor de Su Persona al acto. Por eso, por ejemplo, está
escrito: "Él es la propiciación por nuestros pecados" (1.ª Juan 2:2).
Dice "Él": Esto muestra que el valor de la propiciación es
conmensurado con el valor de Su Persona, de Él mismo.
2.ª La segunda razón de que Cristo no fue capaz de pecar es porque Lucas 1:35
nos muestra que la humanidad que el Señor asumió, fue en un estado santo:
"Lo Santo".
Adán
fue inocente (ignorante del bien y del mal), pero cayó, y adquirió así
humanidad en un estado caído.
Ahora
bien, la humanidad de Cristo no era ni inocente ni caída, sino santa. El Hijo de Dios asumió santa humanidad en su Persona.
¿QUÉ DE LA EXPRESIÓN «FUE CAPAZ DE NO
PECAR»? (LA TENTACIÓN O PRUEBA EN EL DESIERTO)
Decir
que Cristo «fue capaz de no pecar» no está a la altura de la plena verdad de su
Persona. Esa expresión fue acuñada con la intención de implicar que Cristo pudo haber pecado, pero que fue capaz
de no hacerlo finalmente.
Ahora
bien, todo aquel que cree que Cristo pudo haber pecado, podría también adoptar
esa noción, por cuanto, de hecho, Cristo no pecó. Pero la expresión deja la
puerta abierta a la idea de que durante la «tentación» o «prueba», Cristo
experimentó una lucha interna, o una inducción o algo similar en su interior,
que perseveraba en su alma, pero que pudo al final resistirla con éxito. Eso no
es otra cosa que una calumnia contra el estado de su humanidad, así como un
atentado de la unidad de las dos naturalezas (humana y divina) en una sola persona.
En el
desierto, nuestro Amado fue puesto bajo la «prueba del ácido», y demostró ser
«oro puro», por decirlo así. La prueba (o tentación) no fue hecha para ver si
él fue capaz de no pecar, sino para demostrar que él no pudo haber pecado,
que era incapaz de pecar, así como el oro puro puede ser expuesto a la
acción de un cierto ácido, a modo de prueba, para confirmar que es
verdaderamente oro, metal noble, y no otra cosa.
Sin
embargo, Jesús fue un hombre que sintió el horror de las sugerencias del
enemigo como ningún otro hombre lo podría haber experimentado, y precisamente
por cuanto Él era el Santo. Sólo uno como Él fue capaz de tomar entre manos el
hecho de glorificar a Dios en la tierra y acabar la obra que le había sido
encomendada que hiciera.
El
problema es que muchos quieren un Cristo que sea como ellos mismos. Que quiera
tener simpatía con sus tendencias pecaminosas (por cuanto, piensan, Él las
tuvo). Pero esto es enteramente perverso
y denigra su Persona.
Espero
que estos pensamientos hayan sido de provecho y ayuda, y, Dios mediante,
seguiremos en otra carta.
Su hermano por la gracia sola
Flavio
H. Arrué
3.ª CARTA
Estimado
hermano,
Algunas nociones de su carta —como que el pecado es transmitido por la
sangre— resultan preocupantes, pero sé que considerará a la luz de las
Escrituras lo que ellas dicen acerca del Cristo. Romanos 8:3 habla de "pecado en la carne". El asiento de
la vieja naturaleza yace en el alma
del hombre. "El alma que pecare, morirá". Yo creo que en esta
Escritura, es la persona la que es
referida (no, naturalmente, la sangre); no sólo lo que llamamos el alma en
distinción del cuerpo. La voluntad está en el alma. La identidad personal, esto
es, el yo, está en el alma. El hombre es responsable ante Dios en su alma.
Ahora bien, el alma de María tuvo "pecado en la carne", de la
misma manera que cualquiera otra. Ella tenía la vieja naturaleza en sí misma.
Pero la vieja naturaleza, no está
situada en la sangre.
El problema, hermano, me parece que está cuando razonamos cómo Cristo pudo ser impecable si provino de una madre
que tenía la vieja naturaleza. Yo creo que en estas cuestiones tan sagradas,
como la naturaleza de la bendita Persona de nuestro Señor Jesucristo, debemos
deponer el análisis lógico, pues nos
supera ampliamente.
Lucas 1:35 muestra que este hecho de Jesús sin pecado pero proveniente de
una madre en pecado, fue posible merced
al poder del Espíritu Santo, y ésa es la explicación de cómo esto pudo ser
posible.
Años atrás, un conocido maestro evangélico en Estados Unidos, de nombre
DeHann, contrajo una falsa doctrina por razonar sobre este milagroso asunto y
la sangre de María.
La sangre habla del sacrificio dado que satisface a Dios. No es porque el
pecado esté en la sangre. La sangre derramada indica la vida dada en
sacrificio. La vida de la carne (el cuerpo, en este caso) está en la sangre, y
ha de ser puesta sobre el altar a fin de hacer expiación por el alma (la vida).
Este texto no dice ni significa que el pecado esté en la sangre. Si el pecado
estuviese en la sangre, entonces una transfusión de sangre sería eficaz para
transferir pecado a otra persona. Pero no. Pues el "pecado en la carne"
está en el alma, no en el cuerpo físico.
¿Proviene
Cristo del primer Adán en inocencia?
Decir que el último Adán viene del primer Adán en inocencia, deja afuera la
Encarnación y su significado. Cristo es
"El segundo hombre, que es del cielo" (1 Corintios 15:47).
Ahora bien, esto no significa que su Humanidad vino del cielo. Pues su
Humanidad vino de María. Sino que lo que lo caracterizaba a Él sobre la tierra,
era el cielo. Jesús era un hombre celestial en ese sentido, aun cuando caminaba
aquí en la tierra.
No me cabe la menor duda, querido hermano, que tú estás tratando de
proteger al Señor Jesús de toda traza de pecado. Tu intención es honorable,
pero, a mi juicio, errónea.
El Hijo de Dios no asumió humanidad
inocente (esto es, el estado de humanidad de Adán en el huerto de Edén
antes de la caída).
El Señor Jesús asumió santa
humanidad ("lo santo, que nacerá"). Porque inocencia es ignorancia del bien y del mal. Pero la condición de santidad tiene el conocimiento del bien
y del mal, y siempre rechaza el mal,
y por eso el Señor Jesucristo siempre rechazó el mal, pues era incapaz de pecar. ¿Cómo fue posible
esto en el Señor?
Lo que hizo que la humanidad de Cristo tomada de María fuese en un estado santo —el único estado propio para
la unión con lo divino en la Persona única e indivisible de Cristo— es el poder
del Espíritu Santo que la cubrió con Su sombra. Así de simple.
Unas últimas palabras sobre este tema a tener en cuenta.
El intento de explicar cómo esto
último pudo haber sucedido, y el razonamiento sobre la sangre, y otras cosas
parecidas, es creer que en alguna medida, la unión de lo humano y lo divino en
Cristo está sujeto al análisis humano,
lo cual jamás es posible.
Espero que esto sea de alguna ayuda
Su hermano por la gracia sola
Flavio H. Arrué
4.ª CARTA
Querido hermano,
He leído unos heréticos
conceptos sobre este tan sagrado tema por alguien que se precia de seguir a
Cristo: Copio parte del escrito:
«Nunca he leído que Satanás sea tonto. ¿Y no es
acaso una tontería tentar a alguien que no tiene la posibilidad de pecar?... Y
ante todo: Si el anterior fue nacido perfecto ¿Por qué murió? y ¿Qué diferencia
entonces habría entre el terrenal cuerpo corrupto y el resucitado, ya que ambos
eran perfectos y sin pecado?... Si el Señor no tuvo capacidad para pecar,
entonces no puede enseñarnos a nosotros a vencer nuestros pecados. Nada suyo
podríamos aplicar como enseñanzas a nuestras vidas, puesto que él es DIOS, y no
es el caso.»
En cuanto a estos conceptos falsos, lo importante es no dar rienda suelta a
nuestro razonamiento, sino ceñirnos a la doctrina bíblica férreamente.
En ningún lado la Escritura enseña ni sugiere que el Señor tuviera la naturaleza pecaminosa de Adán. Es más,
el Espíritu en la Palabra señala con absoluta claridad que justamente ésa —su impecabilidad— es la única diferencia
con todos nosotros. Nosotros, desde Adán caído, somos pecables (capaces de pecar). Cristo, en cambio, es impecable (incapaz de pecar).
En cuanto a Hebreos 4:15: el sagrado escritor dice que el Señor fue un hombre
como nosotros, tuvo hambre, sed, sintió el dolor humano en su alma. Es la
verdad de la humillación de Filipenses 2: se hizo hombre, semejante a nosotros,
y participó de los sentimientos propios del ser humano.
Pero la única diferencia con nosotros es que fue "sin pecado". No
dice la Escritura que no cometió pecados,
sino que fue sin pecado.
Esto es perfectamente entendible cuando consideramos que fue concebido por el Espíritu Santo, como está escrito
en Lucas.
Es la acción milagrosa del Espíritu la que hizo que Cristo fuese, como está
descrito: "Lo Santo".
No hay que olvidar tampoco que él no era tan sólo un hombre, y que tampoco era
tan sólo Dios, sino que el gran misterio de la unidad de las dos naturalezas es
revelado a nosotros en la Palabra:
Dios y hombre en una SOLA PERSONA.
La unidad de ambas naturalezas hace del Señor Jesucristo una sola Persona indivisa.
Esto escapa al análisis de la lógica humana, y es materia de fe solamente: La fe lo ve.
En cuanto a lo que se citó, Satanás
podrá ser muy inteligente, pero no es omnisciente, no es Dios. No sabía con
Quién se enfrentaba, y no sabía que el Señor era invencible en santidad, ni que
vencería la muerte y resucitaría.
En ningún lado la Biblia dice ni sugiere que Jesús haya heredado la naturaleza pecaminosa o con tendencia al
pecado de Adán. Él nunca deseó el
pecado. El Señor crucificó el pecado
de nosotros.
Por eso está escrito:
"Al que no conoció pecado (esto es, sin naturaleza que guste el mal), por
nosotros lo hizo (DIOS) pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de
Dios en él" (2.ª Corintios 5:21)
Dios le imputa nuestro pecado, pero
no es de ninguna manera su pecado.
Cristo crucificó el viejo hombre en la cruz. Sí, nuestro viejo hombre, el tuyo
y el mío. Pero él era por naturaleza sin
pecado. No tenía el viejo hombre.
Cristo nunca fue capaz de pecar porque era "lo santo", concebido por
el poder del Espíritu Santo.
Pero Cristo sí era capaz de morir. Las dos cosas
constituyen la doctrina bíblica: Incapaz de pecar, capaz de morir (y además:
«capaz de ser tentado» desde afuera).
No hay problema con esto. Nuestra razón es muy finita y limitada para entender
la Persona del Hijo de Dios en profundidad. La adoración es nuestra porción, como la de los ángeles (Hebreos 1:6).
"Consumado es, y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu"
(Juan 19:30).
Él es Dios Y hombre. Ésta es la doctrina cristiana ortodoxa sobre la UNA
Persona con DOS naturalezas. Es muy importante que se acepte esta verdad que la
Escritura enseña.
Cristo no es Dios ni es hombre separadamente. Es Dios Y hombre. Es importante
tener claro este punto. Los modernistas y liberales, entre otros, tienen la
enseñanza de que Jesús pudo haber
pecado y de que tenía la naturaleza
adámica en el sentido de que tenía concupiscencia y deseo por el pecado, lo
cual venció. Es una falsa doctrina, pues no tienen en cuenta que la capacidad de pecar no es algo inherente
a la naturaleza humana (en cuanto a Cristo). Incapacidad de pecar
(impecabilidad) y humanidad, no son incompatibles en cuanto a Cristo. Los
racionalistas quieren hacer creer que esto es una incoherencia, pero la fe en
la Escritura enseña otra cosa.
La Escritura establece claramente la divinidad de Cristo: "Éste (el hijo
de Dios) es el verdadero Dios, y la vida eterna" (1.ª Juan 5:20).
No hay dudas de Quién estamos hablando. La Escritura es contundente en cuanto a
que Él es Dios. Y Jesús nunca puede dejar de ser Dios. Jesús era Dios mismo
durante su paso por la tierra. La Encarnación (Juan 1:14) no significa que Dios
se transformó en Hombre. Esto es una falsa doctrina muy común. Dios se hace o se vuelve hombre, y
entonces aparece una persona divina hecha Hombre. Asume humanidad, pero sigue
siendo el mismo Hijo eterno de Dios.
Sin más, que el Señor nos mantenga fieles en la verdad de la Persona de Cristo
Flavio H. Arrué
5.ª CARTA
Querido
hermano,
Gracias por tu carta. Sobre el razonamiento,
yo no he dicho que haya que descartarlo, pues Dios nos lo dio. Pero hay un uso y un abuso de éste. Hay un lugar para la razón y otro lugar para la fe.
La Filosofía es incapaz de entender por la razón los misterios de Dios
revelados en su Palabra. No sé si habrás oído de la escuela racionalista, de
los teólogos alemanes, de la alta crítica. Todo el modernismo da a la razón un
lugar preponderante para juzgar la Palabra de Dios —en vez de permitir que la
Palabra de Dios ilumine a la razón, para que ésta se someta a Su
autoridad— y así niega la fe. Hay cosas
en el mismo mundo físico que no podemos entender: pero el racionalismo, si no
entiende, no cree o lo acomoda a su razón. Los misterios de Dios, así como sus
milagros, sólo la fe los puede entender, pero no la razón. La creación «ex
nihilo», por ejemplo, es materia de fe: Hebreos 11:3. Pero, ¿puede el hombre razonar sobre su mecanismo? ¿Cómo Dios
creó? Yo creo que Él creó, y punto.
De igual manera, la unidad indivisible
de las dos naturalezas de Cristo perfectas, humana y divina en una Persona escapa a todo análisis humano: aquí no cuenta la Filosofía, la
lógica ni la razón. La mente de un físico o de un químico, por ejemplo, no
puede dejar de exigir una explicación racional de los fenómenos naturales y de
la naturaleza y combinación de las sustancias. ¿A cuánto hierve el agua?
Sabemos, por ejemplo, que el agua pura, según las explicaciones de la
Fisicoquímica, una vez calentada a 100 grados centígrados, y a una presión
constante, cambia de estado y se produce el equilibrio de fases líquido-vapor.
Esto obedece a leyes que Dios impuso a la materia, y sabemos, por ejemplo, que
demora en enfriarse debido a que las uniones puentes de hidrógeno entre las
moléculas de agua hace que se conserve caliente bastante tiempo (lo que tiene
importantes aplicaciones prácticas, como por ejemplo, mantener nuestro cuerpo
caliente por más tiempo). Todos estos procesos obedecen estrictamente a leyes de la materia. Sé que una solución,
por ejemplo, ya no tiene su punto de ebullición a 100 grados, sino a una
temperatura mayor (por eso la leche no hierve a 100 grados, sino a más, pues no
es agua pura). Y es más, este proceso, gracias a la experimentación, se puede
cuantificar mediante una ley (ley de Raoult, una función matemática) según el
número de partículas disueltas. Asimismo, en la Química Analítica, podemos usar
un método clásico de análisis, por ejemplo, y mediante un reactivo específico
determinar qué sustancia tenemos en
una muestra desconocida (análisis cualitativo). Asimismo podemos determinar su
cantidad y grado de pureza (análisis cuantitativo).
Todas estas cosas naturales, físicas, están perfectamente sujetas al análisis
humano, y pertenecen a la esfera de la razón y de la lógica, pues tienen su
método definido por el cual deben ser estudiadas. Siguiendo las leyes naturales
conforme a la razón, llegamos a la verdad de los fenómenos y procesos
naturales. Tal es el campo de las ciencias físicas y naturales.
Pero cuando vamos al terreno espiritual, hay cosas que no se pueden medir ni
explicar, ni cuantificar ni analizar conforme a nuestras leyes de la lógica o a
nuestro método científico.
Y tal es el caso con la unión de la
Persona de Cristo en dos naturalezas perfectas: Dios y Hombre en una persona. Todo intento por analizar
el carácter de la unión de Cristo, ha fracasado y terminado, en el peor de los
casos, en falsas doctrinas. Ni la psicología es capaz de explicar al
Dios-Hombre; no hay ciencia humana capaz de hacerlo. La encarnación es un misterio insondable al análisis racional.
Y aquí debemos detenernos, reconocer nuestras limitaciones, creer y adorar.
Lo único que sabemos con absoluta seguridad, conforme a la revelación de la
Palabra, es que las dos naturalezas de Cristo son esencialmente perfectas. ¿No
es perfecto todo lo que hace el Hijo? ¿Acaso puede el Hijo hacer algo que el
Padre no haría? Dejemos que la Escritura hable:
“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo
que ve hacer al Padre; porque todo
lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19).
¿Cuál
es la excepción a esta Escritura? ¿Es acaso capaz Cristo de pecar? ¿Cómo sería
eso compatible con lo que aquí se afirma de Él?
Así la revelación de Dios —la Biblia— nos muestra aquello a que el hombre no
puede acceder por la razón natural y declara en forma fehaciente que Cristo era
impecable. Tentable sí, pero también
impecable. Y surge la cuestión: ¿Cómo es que era tentable, pero no pecable?
Y de vuelta: ¿Es lícito razonar el cómo o
el por qué de este misterio? ¡No! La Persona del Hijo, repito, no pertenece
al dominio de la Ciencia, sino de la fe.
Cristo es perfecto en sus dos
naturalezas: divina y humana, lo que indica no sólo que pudo evitar pecar (lo
cual es una idea blasfema), sino también que era incapaz de pecar: era moral y
esencialmente perfecto: sólo podía elegir el bien, no hay nada corrupto en su
ser santo.
Ahora bien hermano, esta impecabilidad de Cristo es negada por muchos hoy, y
hacen de Cristo un hombre esencialmente
inclinado al pecado, aunque dicen que no pecó. Es un error fundamental.
Cristo nunca deseó pecar, pues no
tenía "pecado en la carne" como nosotros. Y esto lo explicita
textualmente el pasaje de Hebreos 4:15: "sin (excluido el) pecado".
Es asunto de fe esto, no de razón.
La base bíblica es amplia y clara en
enseñar con precisión la impecabilidad de
Cristo:
Por ahora dejo constancia de las siguientes Escrituras:
Lucas 1:35; Juan 8:46; 14:30; 2.ª Corintios 5:21; 1.ª Pedro 2:22; Hebreos 4:15; 9:14; 1.ª Juan 3:5.
Pero decir que Cristo tuvo la naturaleza humana pecaminosa, es pura heterodoxia a la luz de la evidencia bíblica, y
es presentar otro Jesús (2.ª
Corintios 11:4). Tentable sí, pero no pecable: "sin pecado".
Espero que esto sea de ayuda.
Mis
afectuosos saludos
Flavio H. Arrué
P.S.— Sólo a modo de información
interesante —no como autoridad infalible, por supuesto— el Concilio de
Calcedonia (*) expresó muy bien esta
doctrina, y se ajustó a las Escrituras, única fuente de verdad
6.ª CARTA
«La prueba del oro»
Querido hermano,
Surge la pregunta acerca de qué relación tiene la
naturaleza de Cristo con la posibilidad de pecar.
Quizás esto se entienda mediante esta pregunta
ilustrativa:
¿Puede, o es capaz, el oro de reaccionar frente al ácido?
Si yo tengo una muestra de plata, cobre y oro, y si la coloco en un recipiente
con ácido, vamos a decir, ácido nítrico, éste atacará y disolverá los dos
primeros. Pero el oro es noble frente al ácido: no lo podemos atacar con el
ácido de ninguna manera: es fiel a su naturaleza esencial.
Se lo puede probar, pero no podemos atacarlo: mantiene su naturaleza íntegra.
Así es con el Hijo de Dios: por más que lo probemos (y fue tentable), eso es
sólo para demostrar que es noble a su naturaleza impecable bajo cualquier
circunstancia.
En esto se diferencia de nosotros. Y es la doctrina de las Escrituras:
"Tentado en todo según nuestra semejanza, sin pecado" (Hebreos 4:15).
Es lo mismo que preguntemos: ¿Puede Dios pecar? ¿Puede Dios desear el pecado?
Es una cuestión de su naturaleza. El
Dios-Hombre Cristo Jesús, no tuvo nuestra concupiscencia, tal como se describe
en 1.ª Juan 2:15-16. Sus únicas
apetencias estuvieron en hacer la voluntad de su Padre, y nunca lo contrario.
¿No crees que el oro, que Jesús, sea
sin pecado, que jamás sería capaz de pecar, y que es moralmente perfecto,
santo, en el más elevado sentido del término? ¿Creeremos en un Jesús pecable o
en el Jesús impecable que nos revelan las Escrituras?
Quienes falsamente enseñan que Cristo pudo haber
pecado, dicen que ésa es la única manera de hacer justicia al hecho de la
tentación en el desierto, que si no hubiera podido pecar, no tendría sentido
intentar atacarlo. Un ejército perfecto e
invencible, ¿no podría ser probado?
Pues ¡sí! ¿Cuál sería el resultado de ser atacado? ¡Pues, si es invencible, el
atacante sería derrotado! Y es más, esto sólo demostraría que es invencible,
pero atacable. Nada más. Nuestro razonamiento no sirve, hay que conocer a
Jesús, y la única forma de conocerlo es por revelación: La Biblia.
Saludos en Cristo
Flavio H. Arrué
7.ª CARTA
Sobre la diversidad de opiniones
Hermano amado en el Señor,
Un cristiano puede discutir y dar amplio terreno a
la diversidad de opinión sobre muchos
temas secundarios de las Escrituras,
quiero decir, aquellos puntos que no afectan los fundamentos de la fe
cristiana, pero lo que no puede hacer es negociar las doctrinas fundamentales de la fe. Aquí lo que debe
hacer es combatir por esa fe que ha
sido una vez dada a los santos (Judas 3). La Persona del Hijo de Dios, su
divinidad y humanidad en una sola persona, su obra expiatoria, la salvación por
gracia, la Trinidad, la inspiración plenaria e inerrante de la Biblia, el
castigo eterno y consciente de los malvados, son esas doctrinas que no han de
comprometerse nunca, sin faltar la honra a Cristo.
Y la
impecabilidad del Salvador es uno de esos pilares sobre los cuales descansa
la fe cristiana. Reconozco que a veces hay ignorancia de algunos sobre algunos
puntos aquí, y para esto sirve también el ministerio de hermanos fieles y más
conocedores de estas cosas, pero cuando se ministra la verdad, y uno
encuentra resistencia u oposición a la verdad, no queda mucho por hacer.
Es importante tener la correcta interpretación de
las Escrituras que hablan de la Tentación en el desierto, cuyo torcimiento
constituye la base de los falsos maestros que enseñan que Cristo pudo haber
pecado pero finalmente no pecó. Es importante también tener en claro la manera
en que el hombre Cristo Jesús simpatizó con nosotros humanamente. Evidentemente
que no simpatizó con nuestra pecaminosidad, sintiendo lo mismo que nuestras
concupiscencias sienten. En esto, él fue "sin pecado".
Por ahora sólo digo que Cristo no fue exactamente
como nosotros (sino sólo semejante) por dos razones:
(1) La humanidad
en él estaba unida a la Deidad: lo
cual no es como en nuestra
naturaleza.
Si Cristo hubiera podido pecar, habría sido la
humanidad que pecó, y esa humanidad hubiese ido al infierno. Implícita en esta
idea está el hecho de que él sería dos
personas, lo cual no es así. ¿Se
entiende esto?
Por esto, la falsa doctrina de la pecabilidad constituye un ataque a la verdad de la unidad de las dos naturalezas en él. Su humanidad nunca tuvo una existencia
independiente aparte de esa unión, la cual tuvo lugar en la concepción.
(2) Lucas 1:35 nos muestra que Su humanidad era en
un estado santo, mientras que la
nuestra no lo está (si bien seremos
tal cual Él es, cuando seamos arrebatados y transformados).
Por eso hermano, la errónea noción de la pecabilidad es tener a un Cristo que
simpatiza con nuestras tendencias pecaminosas, pero éste no es el Cristo de
Dios que las Escrituras revelan.
(Me parece a mí, además, como opinión particular,
que la noción de pecabilidad está
implícita en el arminianismo).
Espero que se haya comprendido un poco más este importante y solemne tema, de
la impecabilidad de Cristo, que es blanco de ataque de los liberales y herejes,
y de muchos evangélicos que se precian de conservadores, a base de sus propios
razonamientos únicamente, pero no según la "Escritura".
Con afectuosos saludos en Cristo,
Flavio H. Arrué
8.ª CARTA
22 de julio de 2002
Estimado hermano,
Con gusto trataré de contestar sus preguntas, pero
teniendo en cuenta que es un tema santo y solemne. Sólo quiero aclararle que el
estudio de la Persona del Cristo, no es para nada especulativo, ni tampoco está
sujeto a la razón humana. La fe lo descubre tras el velo de la revelación
Escrituraria. Contemplamos "con propios ojos su majestad", no
para sostener una discusión académica ni teológica, que no sirve de nada, sino
para adorar. Pues el conocimiento que dan los hombres no es el mismo
conocimiento que da Dios. Nunca es igual (1.ª Corintios 2).
Por eso, nuestro conocimiento del Cristo,
es aumentado por Dios, cuando deseamos crecer
en este conocimiento de su bendita Persona (2.ª Pedro 3:18). Cuando
escudriñamos las Escrituras, con el deseo
de querer ver a Jesús, como Zaqueo,
con el deseo y la convicción de que ellas hablan de Jesús en todas sus páginas
como tema central de Dios (Lucas 24:44, etc.), entonces Dios nos irá haciendo
crecer en este conocimiento de la Persona bendita de su Hijo eterno. De lo
contrario, podemos aprender, pero sólo intelectualmente, lo cual no conduce a
una santa, piadosa y aceptable adoración de la Persona divina del Hijo. Y Dios
no quiere este conocimiento: es heno. Con este espíritu, pues, y sabiendo
Quién es Jesús, a la luz de la Palabra de Dios, espero, con la ayuda del
Espíritu, contribuir en alguna medida a sus inquietudes.
Veamos su carta:
―Perdona que vuelva sobre el tema de la
IMPECABILIDAD DE CRISTO, pero, he estado reflexionando y compartiendo el tema
con algunos hermanos y surgen algunas preguntas que sin duda tú puedes ayudar a
contestar: ¿Es la definición de HIPOSTASIS la comparecencia de dos
naturalezas en la persona de Cristo, sin que ellas afectan la esencia de cada
una de ellas? Si es así, ¿el hecho de que una naturaleza sea divina, tiene que
ser tomada en cuenta para el análisis de la IMPECABILIDAD?
RESPUESTA: La verdad del Cristo, es que hay una
sola persona, pero dos naturalezas. No podemos errar en esto, sino
caeríamos en heterodoxia sobre su gloriosa y bendita persona única (2.ª
Juan 7-11).
Ahora bien, esto no
es entendible por el análisis humano. El análisis de esta unión en Cristo, ha
sido causa de herejías en cuanto a Su Persona. Es la unión la que
previene que haya dos Personas. Él es plenamente hombre y plenamente Dios. No
obstante, Su humanidad nunca existió antes de la concepción en el vientre de
María. Su humanidad nunca tuvo una existencia
independiente aparte de la unión. El
Hijo eterno, no tomó una segunda
Persona que estuviera en existencia. Esto es falso.
― ¿Cómo
Cristo podría ser hombre sin la capacidad de pecar que le es CONNATURAL a todo
ser humano y sin lo cual TODOS LOS QUE PUDIESEN OPINAR SOBRE EL TEMA,
COMENZANDO CON LA BIBLIA, DIRÍA QUE NO
ES HUMANO?
RESPUESTA: Lucas 1:35 muestra que Su humanidad era en estado santo (no en pecado ni en inocencia).
Esto ya lo escribí en una carta anterior con detalle. ¡Por supuesto que Cristo
era humano! El Hijo eterno tomó santa humanidad (no es que el hombre tomó divinidad, esto es falso),
ésta es la verdad revelada. Esto es lo que confesamos que es el verdadero Cristo de Dios, y no hay otro; y no pretendemos
explicar cómo puede ser esto así. De
vuelta: la unión en la Persona única del Cristo, no es explicable por el análisis humano: Se recibe y se adora. Y
nada más que eso.
— Finalmente, surgen muchas preguntas con
respecto a la PECABILIDAD. Estoy contigo y con Schaffer cuando dice que
todo hombre piadoso, ante el pensamiento de la PECABILIDAD DE NUESTRO CRISTO
SANTO DEBE CAMINAR HACIA ATRAS CON TEMOR, pero,
Para que Cristo pecase, necesitaría una
concupiscencia. Si EPITUMIA, que se traduce deseo, pasión, codicia,
concupiscencia, puede aparecer en los ángeles que pecaron, en Adán y Eva,
¿NO SON JUSTAMENTE LA GRANDEZA DE CRISTO EL
CONTROLAR ESTOS DESEOS Y PASIONES MEDIANTE SU COMUNION PERFECTA CON EL PADRE?
RESPUESTA: No hay ninguna concupiscencia en el Hijo
de Dios. Es la antítesis del primer Adán.
Lucas 1:35 muestra que su humanidad es santa.
Así de simple para la fe.
— ¿Qué significa Judas 24 que dice que El es
poderoso para guardarnos sin caída?
—
Para que Cristo pecara, ¿Le era necesario nacer con el PECADO
ORIGINAL?
—
También quería preguntar sobre la KENOSIS: ¿de qué se vació Cristo?
¿afectó esto su impecabilidad?
RESPUESTA: Me parece que lo que está en el fondo de
estas preguntas es que la mente está pensando que Cristo es dos
personas, una de las cuales podría haber pecado. Por lo tanto, la unión
de las dos naturalezas (no «personas»), en una sola persona no está siendo
asida por la fe.
Implícita en la heterodoxia de la pecabilidad
está la idea de que la humanidad de Cristo es «capaz de separarse» e ir al
¡infierno! Pero esto es una blasfemia intolerable. Significaría que la
humanidad de Cristo era una persona separada e independiente.
Otra vez: ése no es el verdadero Cristo de
Dios. La humanidad no tiene, ni nunca
tuvo, una existencia separada e independiente.
Sobre la kenosis o vaciamiento, contestaré, Dios
mediante, en una próxima carta.
Muchas gracias por sus preguntas,
Afectuosamente en Cristo,
Flavio H. Arrué
9.ª CARTA
Saludos
hermano,
Con la
ayuda del Señor, me dispongo a intentar contestar su pregunta, pero sólo
algo brevemente en esta ocasión.
Antes
quería decirle algunas palabras de advertencia sobre el primer punto, que es la
unión de dos naturalezas en una sola Persona en Cristo.
Se
acepta que haya hermanos que tengan errores sobre estas cuestiones santas, y
que necesitan ser corregidos. Pero una vez que ya no es cuestión de ignorancia,
sino de defensa del error acerca del Cristo, no deberíamos recibir ni tener
comunión con estos herejes que sostienen que Cristo «podría
haber pecado». (Es sabido que muchos líderes religiosos de la actualidad,
enseñan esta perversión doctrinal). Esta falsa doctrina divide a la Persona del Cristo en dos personas. La herejía ataca
la unidad de las dos naturalezas en una sola persona. Además, contradice
explícitamente Lucas 1:35.
Adán
tenía humanidad en estado inocente;
se quiere decir por «inocente» al hecho de que es un estado ignorante del bien y del mal. Adán
cayó.
Cristo,
en cambio, tenía humanidad en estado santo
(Lucas 1:35) (no en el estado de Adán). La santidad
siempre rechaza el mal. Dios es santo, no inocente.
La nueva naturaleza en nosotros es santa.
¿Alguna vez siente deseos por el mal? ¡Nunca! Siempre rechaza el mal. No tiene
tendencia al mal. Pero nosotros tenemos, además, la vieja naturaleza en nosotros, lo que no es el caso de Cristo.
Muy
probablemente el hecho de la adopción de la posición «arminiana» de la mayoría
del mundo evangélico ha conducido a la idea de la pecabilidad de Cristo. Ellos buscan y quieren a un Cristo más
parecido a sí mismos, que tenga simpatía por sus malas tendencias, por cuanto «él podía haber pecado», razonan.
LA HUMILLACIÓN DE CRISTO: Filipenses 2
El
inspirado texto, consta literalmente así:
"Que
esté, pues, en vosotros, este pensamiento [lit.: mente] que [estuvo] también en
Cristo Jesús, el cual siendo [o subsistiendo] en forma de Dios, no consideró
rapiña [o: como objeto de rapiña] ser igual a Dios; sino que se anonadó
[lit.: se vació] a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho [deviniendo] en
semejanza de hombres; y siendo hallado en figura como hombre, se humilló a sí
mismo, hecho [deviniendo] obediente hasta [la] muerte, y muerte de cruz"
(Filipenses 2).
Se
dice que "SE VACIÓ A SÍ MISMO, TOMANDO FORMA DE SIERVO". Esto es, se
despojó de todo lo que le hacía exteriormente glorioso, al punto de venir a ser
conocido únicamente como "el hijo del carpintero". Así se lo veía: Su humanidad asumida velaba su gloria divina.
Ello no significa que dejó de ser Dios (como
dice una infiel teoría de la «kenosis»), pues al estar "subsistiendo en
forma de Dios", no podía dejar de
ser Dios. "En él mora corporalmente toda la plenitud de la
Deidad" (Colosenses 2:9).
Otra
teoría infiel de «kenosis» dice que Cristo «vino a ser limitado en
conocimiento» y sujeto a las opiniones y engaños comunes de su época (tal dice
el infiel racionalismo). Pero una lectura simple a los Evangelios contradice
ambas infieles y perversas interpretaciones de Filipenses 2.
Cristo
se vació, pues, de la gloria propia de
una Persona divina. No podía dejar de ser Dios, así como nosotros no
podemos dejar de ser hombres. Se vació como Hijo Divino, pero se humilló
como hombre. No dejó de ser ninguna de las dos cosas. Era Dios tanto intrínseca
como eternamente.
La
más elevada criatura angelical, Miguel, no era más que un siervo por naturaleza. Mientras que el
Hijo se vació a sí mismo para venir
a ser siervo. No era siervo por
naturaleza, sino Dios. Pero sí vino a
ser siervo. Éste es un testimonio tremendo de su Deidad.
Cristo
descendió para obedecer, para hacer
la voluntad del Padre que le envió. Él tomó
ese lugar de servidumbre, ¡y hasta lavó los pies de sus discípulos! Sólo
mediante este vaciamiento/humillación de asumir la humanidad despojándose de la
gloria celestial exterior, podía
llevar a cabo la redención para gloria de Dios Padre.
Al
joven rico le dijo: "Una cosa te falta: vé, vende todo lo que tienes, y dalo a los
pobres." ¿Y acaso no era esto lo que Jesús había hecho, aunque de una
manera infinitamente mejor? Jesús había renunciado a todas las cosas, para que Dios fuese glorificado en la salvación
del hombre perdido. Y si Él se vació de su gloria, infinitos, indecibles son
los resultados de esa humillación que sufrió hasta la muerte misma.
Ésta
es básicamente la doctrina bíblica de la Persona de Cristo. Pero insisto
una vez más en la gravedad e importancia de guardarnos puros con la
"doctrina acerca del Cristo" (2.ª Juan 7-11). La impecabilidad de Cristo está implícita tanto en la santa humanidad que el Señor tomó
(Lucas 1:35), como en la unidad de
las dos naturalezas (humana y
divina) en él.
La
noción de pecabilidad, estimado hermano, divide
y también contamina a la Persona del
Cristo. Mediante la palabra «dividir» a la Persona, quiero significar que la
noción de pecabilidad hace dos personas del Cristo: Una persona que «podía
haber pecado», y la otra persona que «no podía haber pecado». Pero esta noción divide al Cristo en dos personas. Y debe
ser considerada herejía.
Fraternalmente
en Cristo
Flavio H. Arrué
(*) NOTA.― Sobre el Credo de Calcedonia. Un credo
llamado «Credo de Calcedonia» fue pronunciado en el año 451 a. de C. por el
Concilio de Calcedonia en respuesta a un número de ataques a la Persona de
Cristo. A excepción del uso de la frase «Madre de Dios», el credo es sano.
Con
los seguidores de Apolinario en vista, los apolinarios (quienes enseñaban que
el Logos o Verbo estaba unido solamente con un cuerpo humano, sin tener Cristo
alma y espíritu humanos creados por Dios, con los cuales realmente está unido),
este credo declaraba de la Persona de Cristo:
·
Perfecto en
deidad y perfecto en humanidad, verdaderamemte Dios y verdaderamente hombre.
·
De un cuerpo
y un alma racional
·
Consubstancial
con el Padre conforme a Su deidad
·
Consubstancial
con nosotros conforme a Su humanidad. Como nosotros en todo respecto, aparte
del pecado.
La
expresión «de un alma racional» (aquellos que consideran que el hombre es
tripartito, y ciertamente lo es, hallarán la facultad racional en el espíritu,
1.ª Corintios 2:11), fue acuñada contra los apolinarios.