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EL ESPERADO REINO MILENARIO CAPÍTULO 1 ¿Hablaron acerca de la Iglesia los
profetas del Antiguo Testamento? El misterio de la
Iglesia y Cómo afecta la
interpretación de las profecías |
Interpretación «literal»
o «espiritual», ¿es el punto de partida en el estudio de las profecías?
Los estudiosos
de la profecía saben que existe una larga disputa acerca de si los profetas han
de interpretarse «espiritualmente» o «literalmente». Los «espiritualizadores» dicen
que los profetas hablaron acerca de la iglesia. Esperamos demostrar aquí que la
Escritura contradice expresamente tal noción.
Los
literalistas creen que el reino profetizado por los profetas del Antiguo
Testamento, fue ofrecido a Israel y que, cuando Cristo fue rechazado, quedó
pospuesto. Este reino venidero de 1000 años de duración es llamado «el
milenio».
Muchos
literalistas creen erróneamente que la primera cuestión que ha de encararse es si
los profetas del Antiguo Testamento han de ser interpretados literalmente o no.
Es decir, ellos empiezan con una discusión de interpretación «literal» vs.
«espiritual» de los profetas. Siempre señalan todas las profecías concernientes
a la primera venida de Cristo al mundo que fueron literalmente cumplidas, y de
ahí siguen mostrando que las profecías deben ser generalmente entendidas de
esta misma manera. Si bien creemos que hay validez en tales argumentos,
sugerimos que el punto de partida para un cristiano que entiende el misterio de
que se habla en Efesios 3, es comenzar con aquellas Escrituras que nos dicen
que se mantuvo silencio en los tiempos del Antiguo Testamento respecto al
misterio. La negación de la fuerza de estos pasajes simplemente muestra que los
opositores no entienden en su alma el misterio. Si se mantuvo silencio respecto
de este misterio en los tiempos del Antiguo Testamento, se sigue que los
profetas no hablaron acerca de él. Se sigue entonces que los profetas deben ser
entendidos literalmente. Por eso estos pasajes son negados de plano por
aquellos que «espiritualizan» los profetas a fin de mantener un «sistema
teológico», mediante el uso de varios métodos, algunos de los cuales
consideraremos más adelante.
¿De qué manera
esto incide en el tema del «reino esperado»?: Si los profetas del Antiguo
Testamento son entendidos literalmente (dando el debido lugar a las figuras y a
los símbolos), entonces no hay cumplimiento del reino profetizado durante el
presente período. A fin de tener estas profecías cumplidas ahora, se requiere
«espiritualizar» las declaraciones de los profetas de modo que el reino no
signifique nada literal. Entre otras cosas, se apela al hecho de que los
profetas emplean obvias figuras y símbolos, y entonces se pretende que cuando
ellos profetizaron acerca de Jerusalén, Israel y Judá, etc., lo que quisieron
significar era la iglesia.
Cualquier
literalista sensato, naturalmente da lugar al uso de figuras y símbolos[1].
Pero el tal dice que Judá, Jerusalén e Israel significan solamente eso, y no la iglesia. Por consiguiente, el nuevo
pacto (Jeremías 31) es para la futura nación de Israel durante el milenio.
Consideremos
ahora los pasajes de las Escrituras que demuestran que los profetas del Antiguo
Testamento no hablaron acerca de la iglesia. Los «espiritualizadores» de los
profetas del Antiguo Testamento pretenden que las citas de éstos que se
encuentran en los Hechos de los Apóstoles y en las Epístolas muestran que los
profetas hablaron de la iglesia (véase el artículo ¿Se cumplió la
profecía de Joel 2:30-32 el día de Pentecostés?). Basta decir aquí que si
bien esos textos del Antiguo Testamento citados se cumplirán en el reino
milenario de Cristo, ellos son citados por los escritores del Nuevo Testamento
por tener alguna repercusión o aplicación en
principio mientras tanto.
Cómo afecta «el
misterio de Cristo» la cuestión de la interpretación profética
Desde nuestra
posición ventajosa de tener las Escrituras completas, la primera cosa que ha de establecerse, no precisa ser la discusión de
interpretación «literal» vs. «espiritual» [2]. Lo primero que uno debe hacer es fijar dentro de su
alma la fuerza de Romanos 16:25-26 (junto con varios pasajes más):
“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de
Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde
tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras
de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a
todas las gentes para que obedezcan a la fe…” (Romanos 16:25-26).
Qué es un «misterio»
del Nuevo Testamento
Antes de
proseguir, sería bueno saber qué es un
«misterio» del Nuevo Testamento y qué implica este misterio particular.
William Kelly escribió:
«Debemos, sin embargo, guardarnos contra la noción de que ‘el misterio’
o secreto significa el Evangelio. El Evangelio en sí no significa ni puede
significar nunca un misterio. El Evangelio era aquello que en sus fundamentos
siempre estuvo ante la mente del pueblo de Dios en la forma de promesa, o de
una revelación de gracia aún no cumplida. Pero en ninguna parte de las
Escrituras el Evangelio es llamado un misterio. Puede relacionárselo con el
misterio, pero no es en sí mismo un misterio. No era ningún misterio que un
Salvador debía ser dado: ésa fue precisamente la primera revelación de gracia
después que el hombre se volvió pecador. La Simiente de la mujer habría de aplastar la cabeza de la serpiente.
Un misterio es algo que no fue revelado anteriormente, y que de otra forma no
podía ser conocido. De nuevo, encontramos en los profetas una plena declaración
de que la justicia de Dios estaba por venir; la declaración más clara posible
de que Dios iba a manifestarse como un Dios Salvador. Y así nuevamente le vemos
poniendo fin a los pecados e introduciendo la reconciliación y la justicia eterna.
Todas estas cosas no eran en ningún sentido el misterio. El misterio significa
aquello que fue guardado en secreto, no aquello que no podía ser entendido, lo
cual es una noción humana del misterio; secreto que no había sido todavía
divulgado en el Antiguo Testamento, pero manifestado plenamente en el Nuevo.
¿Qué es, pues, este misterio? Es, en primer lugar, que Cristo, en lugar de
tomar el reino, anunciado por los profetas, debía desaparecer por completo del
escenario de este mundo, y que Dios debía establecerlo arriba en el cielo a su
propia diestra como la Cabeza de toda gloria, celestial y terrenal, y que Él
debía entregar todo el universo en las manos de Cristo para administrar el
reino y mantener la gloria de Dios el Padre en él. Ésta es la primera parte, y
la más esencial, del misterio; la segunda parte, o la parte de la Iglesia, no
es más que la consecuencia de la primera. Cristo como Cabeza universal no es el
tema de que se habla en el Antiguo Testamento. En éste lo vemos como el Hijo de
David, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios y el Rey. Pero en ninguna parte el
universo entero de Dios (sino más bien el reino debajo de todos los cielos) es
puesto bajo Él. En esta condición de Cabeza sobre todas las cosas, Cristo
compartirá todas las cosas con su Esposa. Cristo tendrá a su Iglesia como la
compañera de su propio e ilimitado dominio, cuando ese día glorioso irrumpa
sobre el mundo.
Por eso, pues, como lo sabemos, el misterio consiste en dos grandes
partes, las que tenemos resumidas en Efesios 5:32: “Grande es este misterio;
mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” De ahí que el misterio no
signifique ni Cristo ni la Iglesia solos, sino Cristo y la Iglesia unidos en
bendición y dominio celestiales sobre todo lo que Dios ha hecho. Por eso, tal
como lo vimos en el capítulo primero de esta Epístola, cuando Él fue resucitado
de entre los muertos, Dios le estableció a su propia diestra en los lugares
celestiales, por sobre todo principado, y potestad, y poder, “y sometió todas
las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la
iglesia”. No se dice “sobre la iglesia”, lo cual no enseñaría el misterio sino
que lo abatiría. Él estará sobre Israel y sobre los gentiles, pero en ninguna
parte se dice que Él reine sobre la Iglesia. La Iglesia es Su cuerpo. Admito
que se trata de una figura, pero es una figura que transmite un intenso grado
de intimidad, llena del más rico consuelo y la más sublime esperanza. Los
santos que están ahora siendo llamados, habrán de compartir todas las cosas
junto con Cristo en aquel día de gloria. Por eso es del mayor interés el saber
cuál es la naturaleza de la Iglesia. ¿Cuándo comenzó su llamamiento, y cuál es
el carácter de ese llamamiento, y cuáles las responsabilidades que se derivan
de ello?» (Lectures on the Epistle to the
Ephesians, cáp. 3).
En relación con
esto, J. N. Darby escribió:
«…El misterio no formaba parte de la revelación, ni era tema de la
promesa. Estaba escondido en Dios. Ya he señalado que un tipo histórico no
revela una cosa en absoluto hasta que llegue el antitipo. No es más que
historia. Romanos 16:25 no se refiere, como se arguye, solamente a la
predicación del Evangelio. Habla de un misterio mantenido en secreto desde el
comienzo del mundo, pero no hecho manifiesto.
La introducción de los gentiles no era un misterio no revelado: muchas
Escrituras se refieren a ello; pero Romanos 16:25 habla de un misterio guardado
en secreto desde el comienzo del mundo, y simplemente es un abierto desafío a la Escritura decir
que esto está claramente enseñado en los pasajes referidos del Antiguo
Testamento. Decir que “Alegraos, gentiles, con su pueblo” (Romanos 15:10), y
“Te he puesto para luz de los gentiles” (Hechos 13:47) es un asunto guardado en
secreto desde el comienzo del mundo es jugar con la Palabra de Dios. Lo único
que prueba es que el escritor ignora el misterio, que ahora es revelado, y que
no conoce nada más allá de los pasajes que cita. El Señor, según está escrito,
después de su resurrección expuso las cosas concernientes a sí mismo. A duras
penas puede concebirse que haya omitido el llamamiento de los gentiles en Su
exposición. Respecto de Él, no es
respecto de la Iglesia, sino respecto de su propia Persona. El Espíritu iba a
venir para guiarles a toda la verdad. Se declara expresamente que Él les estaba
mostrando “que el Cristo debía padecer, y resucitar de los muertos al tercer
día” (Lucas 24-44-46). Uno debe hallarse en graves apuros para verse forzado a
citar pasajes como ésos, y frente a tan categóricos textos de la Escritura que
afirman que el misterio es “ahora
revelado por el Espíritu”, y que ha sido mantenido en secreto desde el comienzo
del mundo, escondido en Dios. El llamamiento de los gentiles no es en sí mismo
la formación de la Iglesia. “Alegraos, gentiles, con su pueblo” constituye un
pensamiento diferente. Ello justifica la bendición a los gentiles, de lo cual
los judíos no querían oír, “impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos
se salven” (2.ª Tesalonicenses 2:16). Pero trata a los judíos como el pueblo de
Dios, mientras que en la Iglesia no hay judío ni gentil en absoluto.
…Nadie niega que Cristo habló proféticamente de la Iglesia, aunque la
Iglesia misma no estaba aún revelada; pero Juan 10:16 ni siquiera hace tal
cosa. Congregar individuos en un rebaño muestra el llamamiento de los gentiles,
el que siempre había sido revelado, y se aproxima al estado exterior de cosas
aquí. Pero la doctrina de la Iglesia (esto es, del Cuerpo de Cristo), no está
en ello para nada. Todo esto, sin embargo, sólo demuestra claramente en cuanto
a la generalidad de estos maestros, que ellos no tienen la doctrina
Escrituraria de la Iglesia en absoluto. Juan nunca habla de la
Iglesia; una sola vez acerca de la iglesia local; pero nunca de la Iglesia,
sino de Cristo y de individuos. Ningún otro apóstol habla de la Iglesia ni usa
la palabra respecto de cristianos en su conjunto excepto Pablo. Era una
dispensación encomendada exclusivamente a Pablo, tal como él mismo lo dice
(Efesios 3:9). Cristo profetiza acerca de la Iglesia; los Hechos relatan
históricamente su fundación; pero nadie habla del misterio como maestro, o
doctrinalmente, excepto Pablo. Lo que más íntimamente se aproxima es una
alusión hecha en 1.ª Pedro 2 al templo: “somos edificados como casa espiritual”
(v. 5). T. M. se ve obligado a admitir que este propósito de Dios de reunir a
los santos en uno, fue revelado de una manera manifiesta y visible unidad,
nunca antes vista ni conocida. Es fácil decir, nunca conocida o vista. ¿Cuándo
ello existió antes? ¿Dónde, cuándo
estuvo la Cabeza a la cual el cuerpo debía estar unido? ¿O acaso subsistía sin absolutamente ninguna
cabeza?» (Collected Writings
10:248-249).
Si Romanos
16:25-26 fuese simplemente recibido en el alma, uno entendería que el Antiguo
Testamento no habla del misterio de Cristo y de la Iglesia, la cual es su
Cuerpo. Declara expresamente “que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos
[lit.: “en los tiempos de las edades o siglos]”. ¿Por qué no inclinarse ante
este hecho? El asunto es que ello implicaría reconocer que los profetas del
Antiguo Testamento no profetizaron respecto de la iglesia. Los tipos no son
profecías; tampoco es un tipo la declaración de algo acerca de la iglesia, ni
la declaración de cualquier otra cosa. La palabra es «silencio». La verdad de
Cristo y de la Iglesia “ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de
los profetas” [lit.: “proféticas”]. Estas “Escrituras proféticas” son los
escritos del Nuevo Testamento. Estas cosas son ahora hechas manifiestas
mediante esta instrumentalidad “según el mandamiento del Dios eterno”. Todo ha
sido revelado tal cual es por cuanto Él es soberano y ha mandado que así sea.
¿Y qué debemos
hacer? Obedecer. “…dado a conocer para obediencia de la fe a todas las
naciones” (Romanos 16:26). ¿Qué es lo que fue dado a conocer? El misterio.
Romanos 1:5 habla de “la obediencia a la fe en todas las naciones”. Creemos que
todos los cristianos sellados con el Espíritu (Efesios 1:13) han participado en
aquello a lo que se refiere Romanos 1:4-6 concerniente a la “obediencia de la
fe”. Pero al final de Romanos hallamos algo más que ha sido dado a conocer para
la “obediencia de la fe”. Aquí, el misterio es dado por adelantado (un tema que
no se desarrolla en Romanos). En Romanos 1 el tema es nuestro llamamiento: en
Romanos 16:25-26 el tema es el misterio. Hay muchos que tienen “obediencia de
la fe” en cuanto a su llamamiento, pero no “obediencia de la fe” en cuanto al
misterio. A duras penas puedo pensar que haya “obediencia de la fe” en cuanto
al misterio cuando la Escritura dice que se guardó silencio en cuanto a él, y algunos cristianos hacen esfuerzos para tratar de probar que no se guardó
silencio en el Antiguo Testamento en cuanto a él. La fuerza de Romanos 16:25-26
es resistida porque el hecho de recibir lo que dice, implicaría la caída de
algunos sistemas teológicos altamente desarrollados.
Algunos
opositores señalarán Efesios 3:5:
“misterio que en otras
generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es
revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu…” [3]
Ellos dirán que
este misterio puede ser hallado en los profetas del Antiguo Testamento, pero no
en la medida “como ahora es revelado”.
Ése es el uso que hacen de “como”. En lugar de entender, pues, el “como” a la
luz clara de Romanos 16:25.26, ellos quieren entender Romanos 16:25-26 de
acuerdo a esta noción de de la fuerza de “como”, y, en efecto, quieren hacer
que “silencio” (Reina-Valera: “mantenido oculto”, o sea, no revelado),
signifique “hablar”. (O que oculto, signifique revelado). Efesios 3:5 significa
que el misterio no fue revelado
entonces, como ha sido revelado ahora. El sentido no es buscar una
comparación de grado, sino que se trata de contraste: no entonces, sino ahora. De hecho, Colosenses 1:26 dice explícitamente
que ahora es dado a conocer. Efesios 3:8-9 también es importante:
“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada
esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables
riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio
escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas” (Efesios 3:8-9).
Aquí aprendemos
que el misterio estuvo “escondido desde los siglos en Dios”. No estuvo oculto en el Antiguo Testamento. Los tipos no
tienen nada que ver, en realidad, con el asunto. Los tipos pueden ser historia,
incidentes o personas, pero no profecía ni revelación. El punto aquí es que los
profetas del Antiguo Testamento no hablaron del misterio. Hubo “silencio” acerca de él ; estuvo escondido en Dios, no en el Antiguo
Testamento ni en las declaraciones proféticas. Colosenses 1:26 habla también de
este misterio:
“…el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero
que ahora ha sido manifestado a sus santos”
Sugiero, pues,
que esa “obediencia de la fe” respecto al misterio, reconocerá que estos
pasajes declaran que el Antiguo Testamento mantuvo silencio acerca de él. De
esto modo, la cuestión de interpretación «literal» versus interpretación
«espiritual» de los profetas del Antiguo Testamento para determinar si ellos
hablaron acerca de la Iglesia o no, queda resuelta por las expresas declaraciones de la Escritura misma. (Naturalmente que el
uso de las figuras y de símbolos es un tema para escudriñar, pero de ninguna
manera afecta la cuestión). Esto implica que los profetas del Antiguo
Testamento en realidad se refirieron literalmente a Judá, a Israel y a
Jerusalén, y no a la Iglesia, y por ello ellos han de ser entendidos en el
sentido de que habrá un futuro nacional para Israel. También se implica
claramente que la Iglesia no es la continuación de Israel ni el Israel
espiritual. Y en ese día de la gloria de Israel, cuando haya de ser purificada
de todo rebelde (Ezequiel 20) y “todo Israel” sea salvo (Romanos 11:26), Israel
no será parte de la Iglesia.
Lo que esto
también implica es que la expectación de un reino literal sobre el cual el
Mesías reinará, era, y es, una expectación válida. Los «espiritualizadores»
denuncian vehementemente esta expectación, y algunos hasta reclaman que ella
condujo a la crucifixión. No nos detenemos ahora en la validez de esa
expectación, que es otro tema, de la que participó el remanente que recibió al
Señor Jesús, aunque sus cálculos de tiempo, y no la expectación en sí, fueron
erróneos.
Los oponentes
de un futuro reino para Israel, reconocen que si los profetas se interpretaran
literalmente, ellos anunciarían tal reino.
La importancia que
tiene Romanos 16:25-26 en este asunto, es tan grande para nosotros, que no
podemos dejar de advertir cómo estos exegetas que espiritualizan a los
profetas, procuran anular la fuerza de la declaración de “que se ha mantenido
oculto desde tiempos eternos”. Ahora bien. O se mantuvo oculto o fue revelado:
no hay término medio aquí. Los espiritualizadores de los profetas se ven
obligados por su sistema teológico a decir que no se mantuvo ningún secreto,
que no hubo nada oculto.
Consideremos
cómo el amilenarista J. Murray, al comentar sobre Romanos 16:25, creía que
estaba haciendo justicia a la revelación del Antiguo Testamento (queriendo
decir que él encuentra el misterio en el Antiguo Testamento):
«La cláusula “ahora es manifestado”, cuando se la toma en conjunción con
el énfasis en “oculto” y “revelación” en el v. 25, podría dar la impresión de
que no hubiera habido ningún tipo de revelación de este misterio en las
Escrituras del Antiguo Testamento. Esta impresión, sin embargo, queda
decisivamente excluida o corregida por las palabras “por las Escrituras de los
profetas”. Éstas son las Escrituras a las que Pablo apela repetidas veces en
esta Epístola a los Romanos para confirmación del Evangelio que predicaba
(compárese especialmente en relación a esto: 1:2; 3:21: 11:25-26). Por eso el
Antiguo Testamento no guardó silencio sobre este misterio; sino que fue el
medio de revelación con respecto de este tema.» [4]
Otro
amilenarista, W, Hendriksen, escribió:
«Fue el misterio lo que había estado oculto por largas edades pasadas,
pues aunque la decisión había estado tomada en el plan eterno de Dios, y aunque
aun durante la antigua dispensación hubo prefiguras de la realización de la
promesa de salvación de Dios tanto para gentiles como para judíos, el período
de cumplimiento en una gran escala no había sido alcanzado hasta ahora. Pero ahora, , habiendo llegado la nueva
dispensación, y habiendo sido proclamado el Evangelio por todo el mundo, este
misterio fue siendo hecho manifiesto, fue tornándose abundantemente claro. Fue
siendo manifestado en el cumplimiento de
la profecía. Piense en Génesis 12:3; 22:18.» [5]
Estos pasajes,
y otros similares, citados, serán cumplidos en el reino milenario de Cristo.
J. Murray lo
que hace es virtualmente (de manera errónea) igualar el evangelio de Pablo y el
misterio. Eso parece a primera vista ayudar al sistema por cuanto hay pasajes
del Antiguo Testamento que hablan de la salvación de los gentiles (son todos
milenarios), y ellos dicen que eso fue una predicción con respecto a la
salvación de los gentiles para el presente. De este modo, al igualar
virtualmente el evangelio de Pablo y el misterio, ellos creen que pueden hallar
el misterio en las predicciones del Antiguo Testamento referidas a la salvación
de los gentiles. [6]
Nótese bien que
J. Murray intenta evadir la fuerza del vocablo “silencio” (u “oculto”)
declarando que, “por las Escrituras de los profetas” se quiere significar los
profetas del Antiguo Testamento. Y una vez hecho eso, él audazmente contradice el texto y dice « Por eso el Antiguo Testamento no guardó silencio sobre
este misterio; sino que fue el medio de revelación con respecto de este tema.»
Tal es la teología: ella puede hacer negro lo que es blanco, y blanco lo que es
negro; ella puede hacer que “silencio” pase a significar “decir”. [7]
Si los
comentaristas manipulan de este modo la Biblia, ¿de qué servirá comenzar con
discutir si la interpretación debe ser “literal” o “espiritual”?
J. Murray habla
acerca de la expresión “por las Escrituras de los profetas”. William Kelly se
dirige expresamente a este tema:
«…Nótese con mucho cuidado que la verdadera palabra y pensamiento es
“escrituras proféticas”, es decir, que no dice “las escrituras de los profetas”
o del Antiguo Testamento, sino las escrituras del Nuevo Testamento, porque
nosotros somos edificados “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas”
(Efesios 2:20). Los escritos de Pablo, por ejemplo, son escrituras proféticas,
y en algunos de éstos se hace plenamente conocido el misterio de Cristo y de la
Iglesia, no meramente una mención como en Romanos 12:5.» [8]
Otro dijo:
«Por
consecuencia, no existe ningún artículo definido con “escrituras proféticas”,
como sería lo correcto si se hubiese querido significar “los profetas”;
mientras que, si la intención fue la de referirse a las nuevas escrituras, ―las que fueron escritas por aquellos que
tenían dones proféticos, ya sea los apóstoles que también tenían ese don, o por
aquellos tales como Marcos y Lucas, que fueron profetas inspirados para
escribir, aunque no apóstoles―, la forma sin el artículo definido era lo
que se requería» [9]
En realidad, la
versión Reina-Valera, así como la Biblia de las Américas y otras, no son lo
suficientemente precisas aquí. Para traducciones más exactas, citamos:
“…y mediante
(las) Escrituras proféticas” (F. Lacueva, Nuevo Testamento interlineal).
“y mediante
escritos proféticos” (Interlineales griego-inglés de Marshall y de Newberry;
versiones de Darby en inglés y francés).
Con una traducción interlineal, terminamos esta
nota de cómo aquellos que buscan espiritualizar los profetas del Antiguo
Testamento se ven forzados a evacuar la palabra “silencio” de su verdadera
fuerza:
16:25
τω δε
δυναμενω
υμας
στηριξαι κατα
Ahora, al que puede os
establecer según
το
ευαγγελιον μου
και το
κηρυγμα ιησου
χριστου
κατα
el
evangelio mío y
la predicación de Jesucristo
según
αποκαλυψιν μυστηριου χρονοις
αιωνιοις
[la] revelación
de[l] misterio en tiempos de los siglos
σεσιγημενου
guardado en silencio
16:26 φανερωθεντος δε νυν δια τε
γραφων
manifestado empero ahora, y mediante
escrituras
προφητικων κατ
επιταγην του
αιωνιου θεου εις
proféticas
según mandamiento del eterno Dios
para
υπακοην πιστεως εις
παντα
τα
εθνη
γνωρισθεντος
obediencia de [la] fe a
todos los gentiles dado a conocer
16:27 μονω
σοφω
θεω
δια
ιησου
χριστου
ω
A[l] solo sabio
Dios, mediante Jesucristo a quien
η
δοξα
εις τους
αιωνας
αμην
[sea] la
gloria por los siglos. Amén.
Para resumir,
hemos considerado lo siguiente:
·
“que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos”
(Romanos 16:25).
·
“misterio que en otras generaciones no se dio a
conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado” (Efesios 3:5).
·
“misterio escondido desde los siglos en Dios” (Efesios
3:9).
·
“que había estado oculto desde los siglos y edades”
(Colosenses 1:26).
Si los pasajes
citados dejan claro que los profetas del Antiguo Testamento no hablaron de la
Iglesia, si vemos que el misterio estuvo “escondido en Dios”, y no escondido
bajo términos tales como Judá, Israel y Jerusalén[10], entonces resultará claro también cuál es la
naturaleza del reino anunciado por Juan el Bautista y por nuestro Señor. Es
acerca de ese reino literal sobre el cual reinará el Mesías, del que los
profetas profetizaron. Hemos visto también que de esta manera queda resuelta la
manera de interpretar los profetas: puesto que los profetas no hablaron de la
Iglesia, se sigue que el reino que profetizaron fue un reino literal para el
Israel nacional compuesto de israelitas salvos. Éste es, pues, el reino
anunciado por Juan el bautista y por nuestro Señor. El tema del reino esperado
será considerado en otro epígrafe, donde esperamos dejar claro que no sólo
quienes rechazaron al Señor esperaban un reino literal, sino que también
esperaban tal reino aquel remanente judío fiel que aceptó a nuestro Señor
cuando él estuvo aquí abajo.
Thy Precepts
vol. 4, # 1, 1989
NOTAS
[1] N. del E.— Véase el artículo de
William Kelly «Language of Prophecy»
en The Bible Treasury, New Series
13:49-54; y también el primer capítulo de Daniel’s
70 Weeks and the Revival of the Roman Empire de la editorial PTP.
[2] N. del E.— No estamos diciendo que
la discusión de esa cuestión no sea importante. Nos referimos a la prioridad
por la posición de ventaja de tener el canon completo. Para examinar el tema de
la interpretación, pueden consultar Daniel’s
70 Weeks and the Revival of the Roman Empire, de la editorial PTP. También
será de ayuda al lector el artículo «The
Mystery and The Mystery and the Covenants» de la misma editorial.
[3] N. del E.— Se dice que “no se dio
a conocer a los hijos de los hombres”; no, ni siquiera a Abraham. El misterio
fue revelado a “sus santos apóstoles y profetas”, significando, naturalmente,
personas de la iglesia; lo que añade peso a la traducción: “y por los escritos
proféticos” (Romanos 16:26). No obstante, téngase en cuenta que fue Pablo quien
escribió acerca de este misterio.
[4] N. del E.— The Epistle to the Romans, Eerdmans:
[5] N. del E.— Exposition of Paul’s Epistle to the Romans,
Baker Book House:
[6] N. del E.— El evangelio de Pablo y
el misterio, aunque están relacionados, no son la misma cosa. El evangelio de
Pablo tiene adicionalmente aspectos que no constituyen el tema de la profecía
del AntiguoTestamento.
[7]
N. del E.— Algo análogo a tratar el “silencio” de esta
manera es necesario también en el
caso de Efesios 3:5. Comentando sobre esto, E. K. Simpson (Commentary on the Epistles to the Ephesians and the Colossians,
Londres: Marshall, Morgan & Scott (1957), pág. 72), audazmente dice: «La
profecía hebrea no ha estado en silencio respecto de este divino secreto
(compárese Isaías 56:5).»Esto demuestra que él no entiende el misterio. Lo
mismo puede verse en J. Eadie, A
Commentary on the Greek Text of the Epistle of Paul to the Ephesians,
Baker: Grand Rapids (1979, reimpresión de la edición de 1883), página 219 dice:
‘El sentido general del versículo es
evidente. El apóstol no parece negar todo conocimiento del misterio para el
mundo antiguo, pero él sólo compara el conocimiento que tenían de aquél, el
que, en el mejor de los casos, era una especie de confusa clarividencia, con la
más plena revelación de sus términos y contenidos dados a los modernos
apóstoles y profetas.’
En cuanto a “escondido en Dios” , dice: «no
oculto desde los siglos, en el sentido que lo entiende Macknight, sino
escondido de la antigüedad». Así son contradichas las palabras de Dios con el
objeto de sustentar un sistema teológico.
[8] N.
[9] N.
[10] N. del E.— ¿Cómo habrían sabido los judíos que el misterio podría estar
escondido bajo tales términos, si fuese cierto que lo estaba? V. S. Poythress
en el capítulo titulado «Punto de vista
interpretativo en el Israel del Antiguo Testamento» de su obra «Entendiendo a los dispensacionalistas»,
Grand Rapids: Zondervan, 1987, trata de encarar este asunto. Una nueva estrategia que adoptó es la de
citar pasajes de lenguaje figurado y declarar que los lectores (o sea, los
judíos de antaño), «no habrían sabido exactamente hasta qué punto tenía lugar
una expresión metafórica de la verdad» (página 99). Si se emplea semejante
estrategia, entonces parece seguirse que los lectores del Antiguo Testamento no
habrían sabido si espiritualizar las profecías o no; y este razonamiento
entonces los dejaría en la incertidumbre. Los salmos están llenos de figuras.
¿Dejó eso a los lectores del Antiguo Testamento en la incertidumbre? Pero está
claro que nuestro Señor y el remanente de su tiempo entendieron a los profetas
literalmente.
No
podemos revisar en este breve artículo todo el capítulo de V. Poythress, sino
sólo llamar la atención a sus notas sobre Ezequiel 44 a 46. Él escribió:
«¿Estaba el lector del Antiguo Testamento obligado a decir que el pasaje debe
ser interpretado de la manera más obvia?» (página 105). Nótese bien que con
esto él admite que la manera más obvia de entender Ezequiel
44-46 es literalmente. Naturalmente que es así, y no había ninguna otra base
para que un israelita lo entendiese de otra manera que no sea la literal. Hay
una frase muy conocida del famoso amilenarista O. T. Allis, en la que declara
que si los profetas se entendieran literalmente, entonces las profecías del
Antiguo Testamento no podrían estar cumpliéndose ahora. Allis admite también así que los profetas
pueden ser entendidos literalmente.
«Si
las profecías del Antiguo Testamento se interpretaran literalmente, no podrían
considerarse como ya cumplidas o como capaces de ser cumplidas en esta época
actual» (Allis T. Oswald, Prophecy and the Church, pág. 17).
A
pesar de los esfuerzos que se han hecho para tratar de explicar por qué un
judío del Antiguo Testamento no habría esperado un reino literal, la pregunta
al principio de esta nota no ha sido realmente contestada.