LA MUJER CRISTIANA

R. A. Huebner

 

 

 

 

VERSIÓN ESPAÑOLA DE LA SEGUNDA EDICIÓN EN INGLÉS

 

Traducción al español: Flavio H. Arrué      

 

Título de la obra original:

 

The Deportment of a Christian Woman

 

Edición original en lengua inglesa publicada por:

 

PRESENT TRUTH PUBLISHERS

 

411 RT. 79 Morganville NJ 07751 USA

 

1.ª edición en inglés: 1974

 

2.ª edición en inglés corregida y aumentada: 1990

 

Edición en castellano: 1998

 


 

 

ÍNDICE

 

1.       PREFACIO

 

2.       PRIMACÍA 

 

·          El lugar asignado a la mujer

 

3.       LA PRIMACÍA, LA CABEZA CUBIERTA Y EL CABELLO LARGO     

    

·     La cabeza cubierta

·     Autoridad sobre su cabeza

·     Por causa de los ángeles

·     El "cabello largo" es una señal natural de reconocimiento de la primacía

·     Gloria para ella

·     El cabello largo hace de velo

·     El cabello largo y el nazareo

·     El cabello largo y varios pasajes de la Escritura

 

4.       EL ADORNO

 

·       Adornos superfluos

·       Escasez de ropas

·       Los avestruces

·       La función del espejo

·       La ropa del hombre en la mujer

 

5.       EL MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN DE LA MUJER

 

·      La mala costumbre de Corinto y la universalidad de la Epístola

 

6.       EL CARÁCTER PRÁCTICO DE LA OBEDIENCIA DE LA MUJER

 

7.       Sujeción y reverencia

 

8.       Alcance de la sujeción

 

9.       Actuar con independencia del esposo

 

10.    UNA MUJER CRISTIANA SENCILLA PUEDE ESPERAR DEL SEÑOR UN HOMBRE AL QUE LE RESULTE PLACENTERO OBEDECER Y REVERENCIAR

 

11.    APÉNDICE I

 

12.    Los mandamientos del Señor: 1.ª Corintios 14:34-40

 

13.    APÉNDICE II

 

14.    Extractos de comentarios de William Kelly sobre algunos pasajes claves

 

15.    The Action of the Holy Spirit in the Assembly (La operación del Espíritu Santo en la Asamblea), 1.ª Corintios 14:34-35

 

16.    Notes on the First Epistle of Paul the Apostle to the Corinthians (Apuntes sobre la primera epístola del apóstol Pablo a los corintios), 1.ª Corintios 14:34-

 

17.    Ibid., 1.ª Corintios 11:3-16

 

18.    An Exposition of the Two Epistles to Timothy (Exposición de las dos epístolas a Timoteo), 1.ª Timoteo 2:8-14

 


 

LA MUJER CRISTIANA

 

Prefacio

 

Tengo en el corazón presentar a los santos de Dios ciertas porciones de la Palabra del Señor que tratan sobre la mujer cristiana y su conducta. Al enfocar tales temas, lo hago consciente de mis propias faltas en cuanto a seguir a nuestro Señor. No obstante, debemos estar al tanto de que el fracaso es una cosa y los principios divinos son otra. Nadie puede justificar rectamente principios erróneos basándose en los fracasos de aquellos que sostienen principios correctos; por eso mi deseo es procurar la gracia de nuestro Señor para inquirir su pensamiento concerniente a aquellas porciones de la Escritura que tocan de modo más directo este tema. ¿Hay algún lector de estas líneas que preferiría no considerar estos asuntos a la luz de la Palabra de Dios? Si es así, ¿por qué?

 Muchos de nosotros reconocemos que este tema no es popular y que —es triste decirlo— causará desagrado a muchos, aun cuando el mismo aparece en muchos lugares de la Escritura de verdad.

 

Pero, por otro lado, hay hermanas en Cristo convertidas no hace mucho tiempo, y otras que desde hace mucho emprendieron la carrera cristiana (1.ª Corintios 9:24; Hebreos 12:1), que están deseosas de agradar al Señor en sus vidas; quienes, cuando estos asuntos fueron traídos a su consideración, se asombraron de que no les hubieran sido claramente indicados con anterioridad. Algunas hermanas preguntaron por qué estas cosas no son más ministradas en la asamblea. Hay un reconocimiento de la verdad de que aquellos “que viven, ya no viven para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2.ª Corintios 5:15). Tal estado dichoso constituye la verdadera libertad cristiana, esto es, la respuesta de un corazón libre y feliz que desea no sólo guardar los mandamientos de Cristo (Juan 14:15) sino su palabra (Juan 14:23), es decir, el tenor de su mente. La libertad cristiana es el desprendimiento del yo para servir a Cristo (Romanos 6:22; 2.ª Corintios 5:14, 15; 1.ª Pedro 2:16; 2.ª Pedro 2:18; Santiago 1:25). Lea por favor estos versículos ahora. ¡Ojalá que estas líneas sean escudriñadas con ese espíritu! Quisiéramos evitar el peligro de fomentar tanto una conformidad exterior sin un trabajo de Dios en el corazón como una licencia exterior por eludir el tema.

 

Muchos de nosotros seguimos inconscientemente las costumbres y modas del mundo. Pero, como la Palabra de Dios ha sido dada para dirigirse a nuestras conciencias, examinamos nuestros caminos y entonces, por la gracia de Dios, procuramos corregir aquellas cosas de nuestro andar que pertenecen meramente a las costumbres de la carne. Sabemos que “...el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1.ª Juan 2:17). La nueva naturaleza desea conocer la voluntad de Dios y hacerla.

 

 

 

 

La conducta de la mujer cristiana constituye el fundamento para el tema de la esfera de servicio de la mujer y, además, le precede. Propiamente, este último es otro tema, pero está estrechamente vinculado con lo que vamos a examinar a lo largo de este escrito. Si los principios considerados se aplican con un corazón contento de obedecer a Dios, el servicio aceptable a Él seguirá como fruto natural de esta obediencia. Ser lo que debemos ser, precede a cualquier cosa que hagamos para el Señor. El estado del vaso de servicio debe hallarse en buenas condiciones antes de que ese vaso tenga que ver con su propio uso y esfera de servicio.

 

 

 


 

PRIMACÍA[1]

 

El lugar asignado a la mujer

 

Vamos a comenzar el análisis de nuestro tema considerando el lugar que Dios asignó a la mujer. Al hacerlo, recordemos que no se trata de una cuestión de superioridad de la mujer sobre el hombre o del hombre sobre la mujer, sino más bien de aceptar un lugar señalado por Dios en el orden de cosas constituido en el mundo en virtud del orden de la creación establecido por el Creador. El primer pasaje que consideraremos es 1.ª Corintios 11:

 

"Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?" (1.ª Corintios 11:3-13).

 

Con respecto al tema particular sobre el que versa aquí el apóstol, W. Kelly apuntó:

 

«Parecería que las hermanas de Corinto causaron allí bastantes disturbios, y que se habían olvidado por completo de su debido lugar con relación al hombre. No cabe duda de que los hombres eran al menos tan culpables como ellas. A duras penas sería posible que las mujeres tomasen la delantera en la iglesia a menos que los hombres abandonasen su verdadera posición responsable y su actividad pública. Guiar es el rol del hombre; y aun cuando las mujeres, en ciertas situaciones, podrían ser, con toda seguridad, mucho más útiles que los hombres, con todo, si éstos no guiaren, ¡ello sería un evidente apartamiento del orden que Dios ha asignado a cada sexo! ¡Sería un completo abandono de las posiciones relativas en que fueron establecidos desde el principio! Esto es lo que ocurrió en Corinto. Entre los paganos, las mujeres desempeñaban un rol muy importante, y en ninguna otra parte del mundo, quizás, tan prominente como en Corinto. ¿Necesitamos decir que ello era para su honda vergüenza? No había otra ciudad en que las mujeres fueran tan envilecidas que en aquella en que alcanzaron tan notable y contranatural prominencia. Ahora bien, ¿de qué manera el apóstol afronta esta nueva tendencia? Simplemente introduce a Cristo. Esto lo resuelve todo. Él reafirma los eternos principios de Dios, y agrega aquello que había sido tan brillantemente revelado en y por medio de Cristo. Recalca que Cristo es la imagen y gloria de Dios, y que el hombre se halla en una posición análoga en relación con y en distinción de la mujer. Es decir, el lugar de la mujer es un lugar de recato y, de hecho, ella es más efectiva cuanto menos vista es. El hombre, por el contrario, tiene una parte pública, una tarea, sin duda, más áspera y ruda; un rol que puede no requerir en absoluto de las más finas afecciones, pero que demanda un juicio más calmo y amplio. El hombre tiene el deber del gobierno y la administración exteriores[2]

 

No cabe duda de que los corintios tenían una noción carnal de lo que es la libertad cristiana. No tenían, en lo que respecta a su andar práctico, una verdadera apreciación de lo que significa estar en Cristo, sino que más bien razonaban erróneamente sobre la base de lo que son en Él para perjuicio de cómo debiera ser Él manifestado en ellos en la práctica. El Hijo —quien creó todas las cosas (Juan 1; Colosenses 1 y Hebreos 1)—, habiendo cumplido la redención, no puso a un lado, en virtud de Su obra en favor de nosotros, el orden que Él creó en el huerto del Edén. Y, si bien el hombre y la mujer son coherederos de la gracia de la vida (1.ª Pedro 3:7), eso no es razón para hacer a un lado el orden de la creación según el cual desempeñan sus relaciones prácticas; sino que más bien es un motivo para ser tanto más diligentes para llevar a la práctica la voluntad de su Creador y Redentor.

 

Así como Cristo es la cabeza del varón, así también el varón es la cabeza de la mujer. La Escritura da al menos tres razones por las cuales la mujer tiene un lugar subordinado (no moralmente inferior) que le ha sido asignado por Dios:

 

1. La relación creada: Esto se menciona en 1.ª Corintios 11 y se pone de relieve allí por los siguientes hechos:

 

a.       La mujer debe cubrirse.

b.       Ella fue creada por causa del varón.

c.       El cabello largo le es dado en lugar de velo, el cual constituye así una cubierta continua (si lo tiene). La naturaleza —la cual debemos entender que es la relación creada, establecida por el Creador en el huerto del Edén— enseña que el cabello largo es una gloria para ella (1.ª Corintios11:15). Se trata de una señal exterior de sumisión y retraimiento.Tómese en cuenta que emplea remos las palabras «natural» y «naturaleza» con el sentido de relación creada.

 

 2.ª Timoteo 2:12-13 fundamenta el asunto de la sujeción también en el orden de la creación. La gracia de nuestro Redentor no pone a un lado este orden de la creación. Nótese bien incluso que esto no tiene nada que ver con «pautas culturales». Si estas «pautas» contravienen las directivas de Dios, el cristiano las debe rechazar. Este orden de la creación permanece en vigencia hasta tanto exista este mundo. Por eso, el movimiento de «liberación de la mujer» ha de clasificarse junto con los otros ataques contra los once primeros capítulos del libro del Génesis, tales como el movimiento para abolir la pena de muerte y el que sostiene la teoría de la evolución. El objetivo primordial de Satanás al emprender este colosal ataque contra Génesis 1-11 es deshacerse de la caída. Pues si no hay caída, entonces ¡no hay castigo!

 

Todos esos esquemas fantásticos que desvirtúan las Escrituras para asegurarle a la mujer un lugar que no le ha sido concedido por Dios, son contradichos por el orden de la creación. Los lugares del hombre y de la mujer en la Casa de Dios son perfectamente consistentes con Su orden de creación. Y cuidado con la idea de dirigir un hogar sobre una base de igualdad de poderes, lo cual, en la práctica, es un mero disparate como quiera que sea. Tampoco fue el hombre creado como cabeza con la mujer creada como cuello para hacerlo girar a su antojo. ¡Qué vergüenza! Lo que se necesita es inclinarse con corazones felices ante la voluntad de Dios.

 

Como hemos visto que los lugares del hombre y de la mujer están determinados por el orden de la creación y basados en él, consideraremos a continuación su confirmación en los caminos gubernamentales —es decir, disciplinarios— de Dios.

 

2. El Gobierno de Dios

 

 "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz tus hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti" (Génesis 3:16).

 

En la creación, Dios le asignó a la mujer el lugar de sujeción, y por eso Génesis 3:16 no indica cambio básico alguno de su posición, sino que más bien constituye una confirmación judicial de su lugar, creo, con las palabras que presagian ese abuso de la mujer tan típico de lugares y culturas que no han sido iluminados por el Evangelio (aunque los varones cristianos profesantes que busquen ejercer un poder y un control impío sobre la mujer incurrirán también en dicho abuso). Es decir, la mujer tenía el lugar de sujeción tanto antes como después de la caída, pero una vez que el pecado se introdujo, la relación quedó sujeta a la corrupción de tal pecado. El aumento de los dolores en las preñeces fue también resultado del pecado. La caída puso de relieve la diferencia entre el hombre y la mujer, y de ahí que las palabras: "y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti", indiquen una confirmación gubernamental de lo que había sido —y es— el orden de la creación. Fue el resultado de un acto realizado por la mujer en forma independiente de su cabeza. Ella tomó la delantera y fue engañada. Hermanas en Cristo, ¡guardaos de tomar la delantera! Si su esposo, querida hermana, no asume su lugar de cabeza, lo que se necesita no es tomar la delantera, sino oración, clamar al Señor para que cambie a su marido. El hecho de asumir la conducción la coloca a Ud. fuera de su lugar, pasa por encima de Dios —quien le asignó su lugar—, pasa por encima de su esposo, trae desorden en la asamblea de los santos de Dios, y hará estragos en su familia, la cual ve continuamente el desorden y aprende de él. ¡Oh! esté alerta contra este pecado dañino que ha sido la vergüenza y la ruina de muchas familias. Además, ¿de quién es la culpa de que Ud. se casara con un hombre que no quiere asumir su lugar? ¿Consultó realmente al Señor por tal hombre?

 

Este tema está más desarrollado en 2.ª Timoteo 2:12-14. La mujer no debe "enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión". Luego Pablo agrega: "Pero se salvará engendrando hijos si...". La misericordia se habría de manifestar en los caminos gubernamentales de Dios.

 

Estamos considerando un orden fundamental de los seres racionales creados por Dios. Dios ha instituido un orden gubernamental entre sus criaturas inteligentes, ya sea que se trate de ángeles o de hombres. Debe haber gobierno, autoridad. Satanás se alzó en su ego y luego indujo a Eva a hacer lo mismo; y Adán le siguió. Ésta ha sido desde entonces la historia de la humanidad, la cual culminará en el inicuo, el que se constituirá a sí mismo como Dios públicamente (2.ª Tesalonicenses 2). Es preciso que reconozcamos que la rebelión es como el pecado de «divinación» (buscar a otro dios fuera del verdadero Dios) y que la propia voluntad es como iniquidad (seguir la voluntad de la depravada naturaleza la cual se halla en rebelión contra Dios) e idolatría (la adoración de algo más en lugar de Dios), (1.º Samuel 15:23). Así, pues, ¡la rebelión contra la autoridad constituida por Dios es un asunto muy serio! Dios ha hecho al hombre cabeza de la mujer y esto compromete seriamente no sólo a la mujer cristiana sino también a la sociedad; y echar por la borda el orden instituido en el Edén —que es lo que se hace actualmente— contribuirá también a la venida de la apostasía (2.ª Tesalonicenses 2).

 

3. Matrimonio y, Cristo y la Asamblea

 

Se puede observar en Efesios 5:22-31 que el matrimonio es una figura de Cristo y la iglesia. Cristo es la Cabeza; la iglesia le está sujeta. No obstante, este pasaje también se refiere a la hermosa figura de Génesis 2:21-25.

 

El hombre fue creado como la imagen y gloria de Dios (1.ª Corintios 11:7). La palabra "imagen" incluye el pensamiento de que el hombre es el representante de Dios en la tierra, su cabeza. A Adán se le designó responsable de la creación terrena. La mujer es la gloria del hombre, su compañara y complemento, el objeto de su amor, y él comparte con ella lo que tiene. El pensamiento envuelto en el hecho de que la mujer es la gloria del hombre es que ella constituye una causa de honor y alabanza para él. Además, ella es su complemento, haciendo de él un hombre completo, por decirlo así. La mujer fue formada a partir del costado del hombre y fue hecha ayuda idónea para él, participando de su semejanza y formando parte de sus pensamientos, sentimientos y amor. ¡Qué privilegio, pues, que la mujer cristiana manifieste la exaltación y gloria de nuestro Señor Jesucristo al conformarse a este modelo! Él así es digno de honor para que no sólo la iglesia le esté sujeta, sino para que también toda mujer cristiana esté sujeta a su propio marido, demostrando así su apreciación por la gloria de Cristo.

 

Habiendo observado todo esto, sería bueno recalcar aquí que el hombre y la mujer son moralmente iguales. Ella es su «semejanza», habiendo sido tomada de su costado para ser amada, sustentada y muy querida y apreciada. Pero si bien el hombre y la mujer son moralmente iguales, en el orden de la creación, en el gobierno de Dios y en armonía con la exaltación de Cristo como cabeza sobre su iglesia, el hombre ocupa la posición de cabeza responsable. Dios es más sabio de lo que lo somos nosotros, y nuestra sabiduría debe someterse jubilosamente a su Palabra. Él debe ser temido grandemente en la asamblea de sus santos, y tenido en reverencia por todos los que están alrededor de Él (véase el Salmo 89:7).

 

 


 

LA PRIMACÍA, LA CABEZA CUBIERTA Y EL CABELLO LARGO

 

La cabeza cubierta

 

A partir del tema de la primacía —que acabamos de considerar—, el apóstol, por el Espíritu, desarrolla el tema del cubrimiento de la cabeza. Cubrirse o no la cabeza es un medio a través del cual se pone de manifiesto nuestra sujeción al orden de Dios. Entre los muchos desórdenes que había en Corinto, parece haber habido desorden en relación con este asunto, y por eso el apóstol aplicó un ministerio correctivo. Él dice que cuando una mujer profetiza (habla por Dios de ese modo) u ora (habla a Dios), debe estar cubierta; pero cuando el hombre ora o profetiza, debe estar descubierto (1.ª Corintios 11). Hacer lo contrario es desobedecer y faltar en el reconocimiento de la primacía.

 

El hombre, entonces, no es la única criatura terrestre que habla por Dios o que se allega a Él; la mujer también puede hacerlo. Sin embargo, es importante observar que hay una sola cabeza visible en la tierra, no dos. Esa cabeza es el hombre. Para manifestar que reconoce el orden establecido por Dios en la creación, la mujer cubre su propia cabeza física, declarando así que ella no ocupa una posición de autoridad, que no es la cabeza, sino que más bien reconoce al hombre como la única cabeza (o autoridad) visible sobre la creación terrena. La mujer, al acercarse a Dios en oración y cubrir su propia cabeza, reconoce el orden divino de la creación, donde otro —el hombre— ha sido puesto sobre ella. ¿Desea ella hablarle a Él? Entonces debe reconocer primero el lugar que Dios le ha dado. ¿Desea ella hablar por Él (desde luego que no de forma audible en la asamblea, a la luz de 1.ª Corintios 14:34)? Entonces deberá hacerlo en actitud de obediencia y sujeción.

 

Merece notarse que la cubierta para la cabeza de la mujer no es su cabello, el cual forma parte de su cabeza. Si la cubierta requerida por la Palabra de Dios fuese su cabello, entonces la expresión "toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta" tendría que significar que la mujer oraba o profetizaba sin cabello. Habría tenido que estar calva o rapada. Además, si tal fuese el significado, los hombres, a los efectos de satisfacer los requerimientos de orar con la cabeza descubierta, tendrían que tener sus cabezas peladas o rasuradas. Es claro, pues, que la cubierta requerida sobre la cabeza de la mujer no puede ser simplemente su cabello, sino más bien una cubierta adicional a éste. La mujer usa esta cubierta como símbolo de sujeción en las circunstancias señaladas.

 

En 1.ª Corintios 11 se hace mención de una mujer rasurada o rapada. ¿Qué se quiere decir cuando se afirma que una mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta es lo mismo que una mujer rasurada o rapada? Considérese el interesante comentario sobre este tema que citamos a continuación: