EL CRISTIANO Y LAS ARMAS

 

(El servicio militar)

 

C. H. M.

 

Nuestro Señor Jesucristo nos dejó ejemplo para que sigamos sus pisadas. ¿Podemos seguir sus pisadas dentro de un campo de batalla? Somos llamados a andar tal como Él anduvo. ¿Es andar como Él el hecho de ir a la guerra?

 

Es verdad que fallamos en muchas cosas, pero si se nos preguntase si es correcto que un cristiano vaya a la guerra, sólo podemos responder esa pregunta haciendo referencia a Cristo. ¿Cómo actuó Cristo? ¿Qué enseñó? ¿Tomó alguna vez la espada? ¿Acaso no dijo: “Todos los que tomen espada, a espada perecerán” (Mateo 26:52)? Y también: “Yo os digo: no resistais al malo” (Mateo 5:39). ¿Cómo conciliamos estas palabras con el hecho de ir a la guerra? Pero algunos tal vez digan: «¿Qué sería de nosotros si fuésemos a adoptar esos principios?» A lo que respondo: Si fuésemos a adoptar esos principios celestiales, no habría más guerras, y no tendríamos, pues, necesidad de pelear. Pero no nos compete razonar acerca de los resultados de la obediencia; lo único que tenemos que hacer es obedecer la Palabra de nuestro bendito Señor y seguir sus pisadas. Si lo hacemos, seguramente que no nos veremos yendo a la guerra.

 

Hay personas que citan a veces las palabras del Señor: “El que no tiene espada, venda su capa y compre una” (Lucas 22:36), como si él aprobara con ello el hecho de ir a la guerra, pero cualquiera puede darse cuenta de que esas palabras no tienen nada que ver con la cuestión. Se refieren a la alterada condición de cosas por la que los discípulos tendrían que pasar una vez que el Señor fuese tomado. Mientras él estaba con ellos, no les faltaba nada, pero luego, durante Su ausencia, habrían de enfrentar el más fuerte embate de la oposición del mundo. En resumidas cuentas, estas palabras tienen una aplicación enteramente espiritual. Por otro lado, también se busca hacer mucho uso del hecho de que al centurión de Hechos 10 no se le ordena abandonar su comisión. Pero el Espíritu Santo no obra de manera tal de poner a la gente bajo yugo. No le dice al alma recién convertida: «Debes abandonar esto o aquello.» La gracia de Dios encuentra a una persona en la posición donde se encuentre, con una salvación plena. Sólo después le enseña el camino que debe andar, presentándole las palabras y los caminos de Cristo con todo su poder santificante y formativo.

 

También se oye argüir: «¿Acaso el apóstol no nos dice en 1.ª Corintios 7 que permanezcamos en el llamamiento en el que somos llamados?» Sí, pero con esta cláusula poderosamente calificativa: “Permanezca con Dios” (1.ª Corintios 7:24). Esto marca una gran diferencia. Supongamos que un verdugo se convierte, ¿puede permanecer en su llamamiento? Se podría decir que éste es un caso extremo. De acuerdo, pero es un ejemplo que viene bien para demostrar la falacia del razonamiento sobre 1.ª Corintios 7. Prueba que hay llamados en los que uno posiblemente no pueda “permanecer con Dios”; de modo que, en cuanto a tu planteamiento, querido amigo, tenemos simplemente que preguntarnos lo siguiente: «El hecho de ir a la guerra, ¿implica permanecer con Dios o andar en las pisadas de Cristo?». Si es así, entonces que los creyentes lo hagan; en caso contrario, ¿qué, pues, habrán de hacer?

 

Sólo resta que se formule una pregunta: «La profesión de las armas, ¿es una profesión que un discípulo de Cristo puede seguir apropiadamente?» Si no es así, la senda que ha de seguir está clara. Seguramente Ud. no pensaría en poner a su hijo en una posición en la cual tenga que abandonar su marcha en pos de un Cristo rechazado. Seguramente hay muchos amados hijos de Dios dentro del ejército, pero la pregunta no es: «¿Puedo ser salvo y estar en el ejército?» Miles de personas que han ido al cielo, vivieron y murieron dentro de esa profesión. Pero la verdadera pregunta para todo corazón leal a Él es: «¿Puedo yo seguir las pisadas de mi Señor entretanto permanezco en una posición en la cual, en cualquier momento, podría ser llamado a quitar la vida de mi semejante y a enviar a un alma a la eternidad sin haber estado preparada para ello?» Ésta, querido amigo, ha de ser su única pregunta. No puedo poner a mi hijo, ya sea convertido o no, donde yo mismo no podría estar. En cuanto a que la disciplina del ejército es buena para modelar el carácter, debemos confesar que no creemos demasiado en eso. El comedor de los soldados o el salón de oficiales, no es un lugar adonde nos gustaría enviar a nuestros jóvenes para que aprendan disciplina o reciban algún tipo de entrenamiento.

 


Inicio | E-mail