Artículo N.º 71
«EL
PECADO IMPERDONABLE»
(Respuesta a una
carta)
Circulan muchas falsas nociones acerca del tema al que usted llama nuestra
atención; y muchos —como usted— están atribulados al respecto. Se nos pregunta
continuamente acerca del «pecado imperdonable» y del «pecado contra el Espíritu
Santo». Si usted lee con cuidado Mateo 12:24-32, verá que nuestro Señor habla
de “la blasfemia contra el Espíritu Santo”, de la cual eran culpables los
judíos apóstatas. Para ésta no había perdón, ni podía haberlo. ¿Qué podía
hacerse por aquellos que no sólo rechazaban al Hijo sino que también resistían
al Espíritu Santo, y atribuían Su bendita operación a Beelzebú? Ellos no podían
ser perdonados ni en el “siglo” de la ley ni en el del Mesías. En resumidas
cuentas, en este pasaje se trata enteramente de una cuestión que concierne a la
apóstata nación de Israel, abandonada a la irremediable perdición. Sabemos que,
justamente antes del comienzo de la época milenaria, habrá un remanente arrepentido
para el que se abrirá una fuente, y que ese remanente constituirá el núcleo de
la nación restaurada. Pero éste es un tema demasiado amplio para considerarlo
aquí. Simplemente agregamos que el hecho de que usted sea llevado a imaginar
que ha cometido el «pecado imperdonable», a nuestro juicio es una tentación de
Satanás. Entonces, pierda cuidado, querido amigo, que usted jamás ha sido
culpable de ningún pecado que no
pueda ser borrado por esa sangre que nos limpia de todo pecado. Muchos hallan dificultad en 1.ª Juan 5:16: “Hay pecado
de muerte”. Creemos que ésta es una cuestión de los actos gubernamentales de
Dios. Aprendemos, por 1.ª Corintios 11:30, que Dios visita a su pueblo con
enfermedad y aun con la muerte misma a causa de sus malos procederes; pero en
ninguno de estos pasajes existe algún pensamiento acerca de un «pecado
imperdonable». No creemos que ningún pecador, en este “año agradable” (Lucas
4:19), en este “día de salvación” (2.ª Corintios 6:2) esté fuera del alcance
del perdonador amor de Dios y de la sangre expiatoria de Jesús. Aquellos que
rechazan el Evangelio serán abandonados a un “poder engañoso” (2.ª
Tesalonicenses 2:10-12). Pero ese terrible momento todavía no ha llegado. “El
día de la venganza” (Isaías 63:4) permanece retenido en la longánime
misericordia de Dios.
C.H.M.