Artículo N.º 54
FALSAS
POSICIONES Y YUGOS DESIGUALES
(Respuesta a una
carta)
Fue ciertamente un grave mal de su parte hacer un
juramento falso; y peor todavía el de aquellos que lo obligaron a hacerlo para su
propio beneficio. No creemos que esto sea «el pecado imperdonable»; pero usted
tiene el deber de confesar el pecado y de salir de una falsa posición. No
juegue con la conciencia, pues de lo contrario caerá en un estado que sólo
puede compararse al infierno en la tierra. Ningún poder humano debió haberlo
inducido a decir una mentira, y mucho menos ¡a declararla bajo juramento!
Lo sentimos mucho por usted.
Evidentemente se halla en una posición falsa y muy penosa. Pero una cosa es
darse cuenta de ella, y muy otra saber cómo salir de ella. Ciertamente está mal
que un cristiano se una en yugo desigual con un incrédulo para cualquier fin
(2.ª Corintios 6). El hecho de que usted haya entrado en esa sociedad por
ignorancia puede explicar su ingreso, pero no puede justificar su permanencia
en ella. Usted sólo tiene que arrodillarse ante su Señor y confesar su falta;
acudir a él para que lo libere de su falsa posición. Tenga cuidado de cómo
actúa. No haga nada con imprudencia. Usted debe procurar actuar honradamente
para con todos sus socios y para con todos aquellos a quienes les deba algo.
Dios honra la inclinación del corazón y de la conciencia hacia una dirección
correcta; y nosotros no debemos hacer cosas malas para ganarnos una posición.
Aquí no podemos abundar en detalles respecto de su situación, pero sí le
recomendamos un más detallado tratamiento del tema consultando la obrita
titulada «El yugo desigual».
Tendríamos que conocer mejor
las circunstancias de su situación antes de tratar de darle alguna opinión.
Como usted presenta el asunto, parece hallarse en una falsa posición, y,
naturalmente, cuanto antes salga de la misma, mejor. Pero entonces hay que
tener cuidado de hacer las cosas bien. Es muy cierto que ninguna ventaja
mundana lo debería inducir a permanecer en una posición que lo priva de la
comunión con Dios y con Su pueblo. Hasta donde usted nos ha informado,
parecería tratarse de un claro ejemplo de “yugo desigual”. Quiera el Señor
darle gracia para hacer lo correcto de una manera correcta.
Creemos que hay dos males
comprendidos en esa sociedad que usted menciona. En primer lugar, usted está
unido en yugo desigual con incrédulos, y 2.ª Corintios 6:14 le dice
expresamente que no lo esté. En segundo lugar, usted renunció a su
responsabilidad individual y vino a asociarse en una organización ante la cual
usted es moralmente responsable de todo acto.
No hay nada en la Escritura
que le impida estar al servicio de
dicha compañía —o ser empleado de la misma. Ser socio sería un “yugo desigual”, lo que está expresamente prohibido
en 2.ª Corintios 6:14.
Juzgamos, muy seguramente,
que es contrario a la voluntad de Dios que un hijo cristiano entre en sociedad
con un padre inconverso o viceversa. Se trata de un yugo desigual,
independientemente de la relación natural. Un hijo puede servir o trabajar bajo
las órdenes de su padre, pero un acto o contrato de sociedad implica un yugo
desigual.
C. H. M.