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LA PRIMACÍA Y EL VELO Conforme a las Escrituras R. K. Campbell |
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Lo vergonzoso de una cabeza no cubierta
·
¿Un cabello largo y no una cubierta?
5. No es una cuestión de costumbre cultural
· Símbolos
6. Espigueos sobre «La
primacía y el velo»
PREFACIO De vuelta al índice ―>
¡Qué gloriosa verdad es el orden divino de la Primacía! La
primaria y suprema primacía de Dios, quien es el “bienaventurado y solo
Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores” (1.ª Timoteo 6:15) debería llenar
nuestros corazones de temor y reverencia. Él es la cabeza de Cristo, quien,
como el Hombre exaltado y glorificado, ha sido establecido para ser “cabeza
sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel
que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22-23).
Luego, en la Creación, el hombre, creado a “la imagen y
gloria de Dios”, como Su representante, fue puesto como cabeza y, en
particular, como “la cabeza de la mujer” y de la familia (1.ª Corintios 11:3-7;
Efesios 5:23). Con estos grandes aspectos de la primacía, el asunto de la
cabeza descubierta y de las cabezas cubiertas en la presencia del Señor está
basado en la revelación divina.
En nuestros días de cambio y desviación general de los
principios divinos revelados en las Santas Escrituras, se hace necesario
considerar corrientemente el tema de la “Primacía y el velo”.
Con el deseo de ser de alguna ayuda sobre este importante
tema, este escrito ha sido preparado y sometido a la consideración de varios
hermanos, bien instruidos en las Escrituras, quienes brindaron ayuda y aliento
en el presente trabajo. Hemos procurado presentar lo que enseñan las Escrituras
y, a la vez, considerar también algunas explicaciones y enseñanzas diversas que
se proponen sobre este tema en la actualidad.
R. K. Campbell
PRIMACÍA De vuelta al índice
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La instrucción apostólica sobre el acto de cubrirse la
cabeza que nos es dada en la epístola a los Corintios, comienza con la verdad
fundamental de la primacía[1] o jefatura. El principio vital de
la primacía de Dios, de Cristo y del hombre constituye la base de toda la
enseñanza respecto al acto de cubrirse la cabeza en el capítulo 11. Por lo
tanto, éste es un asunto de primordial importancia, ya que está apoyado en
doctrina fundamental.
“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo
varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Todo
varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda
mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque
lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se
corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello
o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es
imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón” (1.ª Corintios
11:3-7).
Tres símbolos De vuelta al índice ―>
Note que la enseñanza sobre la primacía o jefatura y el
cubrimiento de la cabeza precede a la enseñanza sobre la cena del Señor y se
interpone, además, entre las instrucciones referentes a la mesa del Señor en el
capítulo 10 y a la cena del Señor en el capítulo 11. Tres símbolos nos son dados en esta porción de las Escrituras: el
pan, la copa y la cubierta o velo. Los tres están mutuamente asociados. ¿Cómo
podemos entonces quitar alguno de ellos por considerarlos sin importancia,
opcionales o sólo válidos para los días de la iglesia de Corinto?
Primacía trina De vuelta al índice ―>
En primer lugar, Dios es manifestado como la cabeza del
Hombre Cristo Jesús y como la Autoridad primaria. Esta primacía se manifestó
perfectamente en la vida de Jesucristo y será puesta de manifiesto en el estado
eterno cuando el Hijo “se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para
que Dios sea todo en todos” (1.ª Corintios 15:28). En segundo lugar, Cristo es
la cabeza de todo varón, y la gloria de esa primacía debe manifestarse
descubriendo el hombre su cabeza cuando ora o profetiza. En tercer lugar, el
hombre es la cabeza de la mujer. Esa primacía debe ser reconocida por la mujer
mediante el símbolo de una cubierta o velo. La gloria de la primacía del hombre
debe ser cubierta por la mujer en la presencia de la gloria de la primacía de
Cristo simbolizada por la cabeza descubierta del hombre. Este es el orden
divino en el dominio de la primacía establecida. (“Gloria” ha sido definida como “excelencia desplegada”).
La cubierta De vuelta al índice ―>
La cabeza descubierta del hombre y la cabeza cubierta de
la mujer son dados como el reconocimiento visible, por prescripción divina, del
orden de Dios de la primacía y como señal de autoridad. Satanás siempre procura
atacar la primacía de Cristo y aquello que la representa. Por esta razón se
introducen en la actualidad muchas cosas que niegan esta verdad vital. Hay, por
tanto, una verdad divina fundamental y profunda en este asunto de cubrir la
cabeza. Hay una razón muy significativa y real, basada en las Escrituras en
cuanto a este orden prescripto de la cabeza descubierta del hombre y la cabeza
cubierta de la mujer en la presencia del Señor. No se trata de una cuestión de
costumbre o de cultura oriental. Ni es un asunto de superioridad o
inferioridad, sino de posiciones relativas de los sexos en el orden de Dios.
El hombre De vuelta al índice ―>
Note que, con respecto a cubrirse la cabeza, el apóstol se
dirige en primer lugar al hombre. Dado que él es la “imagen y gloria de Dios”
(Su representante sobre la tierra), deshonraría y avergonzaría a Cristo
―su Cabeza― si tuviese su propia cabeza cubierta cuando ora o
profetiza. La gloria de Cristo debe ser vista y no estar cubierta. De este
modo, el hombre tiene la primera responsabilidad en este asunto de cubrirse la
cabeza. No es solamente algo que se aplica a la mujer. La cabeza descubierta
del hombre durante la oración, al hablar de las cosas de Dios y durante
reuniones públicas, no es un asunto de mera cortesía ni de orden decente
aceptado. Es conforme al orden divino que el hombre despliega la primacía y
gloria de Cristo.
La mujer De vuelta al índice ―>
Empero la mujer fue creada para el hombre, procede del
hombre y es la gloria de éste. Por lo tanto, su cabeza debe estar cubierta
cuando ora o profetiza, pues la gloria del hombre no debe ser vista en la
presencia de la gloria de la primacía de Cristo, representada mediante la
cabeza descubierta del hombre. La primacía y la gloria de Cristo —no del
hombre— deben desplegarse. Aun la gloria personal de la mujer ―su cabello
largo― debe estar cubierta (v. 15. Consideraremos
esto más adelante).
Lo vergonzoso de una cabeza no cubierta al índice ―>
“Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza
descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque
si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso
a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra” (1.ª Corintios 11:5,
6).
Cuando en el Antiguo Testamento la cabeza de una mujer
estaba descubierta o rapada, era una señal de vergüenza, como se ve en Números
5:18, donde una esposa estaba bajo la sospecha de su esposo. Esto se ve también
en Deuteronomio 21:10-13 cuando se daba el caso de una mujer hermosa tomada
cautiva por un israelita. Asimismo en 1.ª Corintios 11 el apóstol dice que si
una mujer ora o profetiza con la cabeza descubierta, es lo mismo que si se
hubiese rapado la cabeza. Y, en vista de que cortarse el cabello o raparse era
una señal de vergüenza para una mujer, ella debe cubrirse la cabeza. Una mujer
no debe llevar ninguna señal de vergüenza sobre sí en la presencia del Señor.
No debe aparecer delante de Dios como una sospechosa de infidelidad conyugal
cual una mujer del Antiguo Testamento. La cubierta sobre su cabeza indicaría
que ella reconoce a su esposo como su cabeza y que goza de su entera confianza.
En el mundo de hoy, ello es también una respuesta o rechazo de la posición y
excesos no bíblicos asumidos por los movimientos actuales, tales como el de
«Liberación femenina» y «Unisex».
Aplicación general De vuelta al índice ―>
El cubrimiento de la cabeza se aplica tanto a las mujeres
solteras como a las casadas. Esta sección de 1.ª Corintios 11 sobre la primacía
y el velo hablan de la mujer en general y al hombre en general. Números 30:3-5
nos enseña que una joven en la casa de su padre debe estar sujeta a su
autoridad. Sus votos podían ser firmes únicamente mediante el permiso del
padre. Del mismo modo, los votos de una esposa eran válidos sólo con el permiso
de su esposo. De este modo la mujer debe reconocer la autoridad de su padre, de
su esposo o la del hombre en general cuando está en la presencia del Señor. Su
cabeza cubierta es un símbolo de este reconocimiento. Una mujer que se
encuentra en actividades espirituales sin la cabeza cubierta, demuestra así que
ha tomado una posición de autoridad y de abandono del lugar de sujeción que le
es propio. Por supuesto, esta sujeción profesada al hombre e indicada mediante
el uso del símbolo de la cubierta o velo, debe también estar respaldada por una
vida que manifieste obediencia y sujeción al orden divino.
EL ORDEN EN LA CREACIÓN De vuelta al índice
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El apóstol Pablo se refiere también al orden divino de la
Creación en relación al tema de la primacía. El hombre fue creado a la imagen y
gloria de Dios. “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del
varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por
causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su
cabeza por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer,
ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también
el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios” (1.ª Corintios 11:7-12).
El hombre fue creado a la imagen y gloria de Dios. Él
representaba la autoridad de Dios y fue investido con Su gloria. La mujer
provino del hombre y fue creada para él como su ayuda idónea, apta para él
(Génesis 2:18-24). Esto indica que el hombre es su cabeza. Por lo tanto, el
apóstol escribe, en vista del lugar de la mujer en la Creación, diciendo que
ella debe tener un símbolo de autoridad sobre su cabeza, una señal de que está
bajo la autoridad del hombre. Esto es lo que representa el cubrimiento de su
cabeza.
En 1.ª Corintios 11:8-12 tenemos una presentación
cuidadosa y precisa en cuanto a la relación del hombre y de la mujer, la que,
por otra parte, es expresada de una manera exquisita. Hay igualdad y
diversidad. Si bien la mujer fue hecha del hombre, todo hombre desde Adán
provino de la mujer a través del nacimiento. Jamás fue el propósito de Dios que
los sexos fuesen independientes o que compitiesen entre sí. Pero hay un orden
divino, y la posición de cabeza, la primacía, está investida en el hombre.
Los ángeles De vuelta al índice ―>
Al final del versículo 10 el apóstol añade que, “por causa
de los ángeles”, “la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza”. Los
ángeles ven el maravilloso orden y designio en toda la Creación y son
espectadores de los caminos de Dios en la redención. Ellos desean examinar las
cosas que han hablado los profetas (1.ª Pedro 1: 10-12). Los serafines se
cubren a sí mismos en la presencia del Señor (Isaías 6:1-3) y esperan ver a las
mujeres haciendo lo mismo en reconocimiento del orden de Dios en la Creación y
en obediencia a la Palabra de Dios. Los seres angelicales no deben ver desorden
entre los cristianos, especialmente en la Iglesia del Dios viviente. El
propósito de Dios es que “la multiforme sabiduría de Dios, sea ahora dada a
conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares
celestiales” (Efesios 3:10).
J. N. Darby bien ha escrito: «Por más que el hombre haya caído,
el orden divino en la Creación jamás pierde su valor como expresión del
pensamiento de Dios... la posición del hombre en el mundo, como cabeza y centro
de todas las cosas ―lo cual ningún ángel lo ha sido― es el
pensamiento de Dios mismo, así como la posición de la mujer, la compañera de su
gloria, pero sujeta a él. Este pensamiento de Dios será gloriosamente cumplido
en Cristo, y, con respecto a la mujer, en la Asamblea; pero sigue siendo
verdadero en las propias relaciones, que es el orden constituido de Dios, orden
que es siempre justo porque es el orden divino, pues el mandato de Dios crea el
orden, aunque seguramente su sabiduría y su perfección se despliegan en este
orden» (Sinopsis de
los libros de la Biblia de J.N.Darby, volumen IV).
Lo que la naturaleza enseña De vuelta al índice ―>
El inspirado escritor continúa su tesis en los versículos
13-15 basándose en lo que la naturaleza enseña. “Juzgad en vosotros mismos: ¿Es
decoroso [correcto, propio] que una no cubierta ore a Dios?
¿Ni aun la naturaleza misma os enseña que el hombre, si tiene cabello largo, es
una deshonra para él? Mas la mujer, si tiene cabello largo, es una gloria para
ella, porque el cabello largo le es dado en lugar de velo” (versión inglesa de
JND).
Es obvio que hay una gran diferencia entre el hombre y la
mujer según la naturaleza. En el reino natural ellos son constituidos de muchas
maneras completamente diferentes por el propósito y designio divinos. Así es
que el apóstol apela al sentido del decoro y la buena presentación. Presenta
esto, que se basa en la forma diferente en que la naturaleza ha constituido los
dos sexos, como otra razón por la cual la mujer debe tener la cabeza cubierta
para aparecer diferente del hombre delante de Dios. «Su cabello largo, en
contraste con el cabello del hombre, muestra que ella no fue hecha para
mostrarse a sí misma ante todo el mundo con el descaro de un hombre. El cabello
largo, que le es dado como un velo, muestra que la modestia y la sumisión
―una cabeza cubierta que se oculta así en esta sumisión y en esta
modestia― es su verdadera posición por naturaleza y su gloria distintiva»
(Sinopsis de los
libros de la Biblia, volumen IV, 1.ª Corintios 11).El apóstol declara así
que la naturaleza enseña que si un hombre tiene el cabello largo, esto es una
deshonra o vergüenza para él, pero si una mujer tiene cabello largo, es una
gloria para ella. El cabello largo le sienta bien a la mujer y es su gloria
personal. Éste se adapta a ella como a “vaso más frágil” físicamente, como
consta en 1 Pedro 3:7 en la exhortación a los
maridos. El cabello largo de la mujer es parte del “ornato
de
un espíritu afable y apacible, que es de grande estima
delante
de Dios, Porque así también se ataviaban en otro tiempo
aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando
sujetas a sus maridos” (1.ª Pedro 3:4-5).
El cabello corto era desconocido entre las santas mujeres
de antaño. ¿Por qué una mujer debe cortar gran parte de lo que es su gloria y
desecharlo? La mujer en Lucas 7, de quien el Señor dijo “amó mucho”, lavó sus
pies con sus lágrimas arrepentimiento y los enjugó con sus cabellos. Su cabello
era lo suficientemente largo como para ser utilizado como una toalla en
refrigerio para el bendito Salvador.
Como conclusión de este aspecto de lo que la naturaleza
enseña, se hace una notable afirmación en 1.ª Corintios 11:15, a saber: “en
lugar de velo le es dado el cabello” (“cabellera”, V.M., o “cabello largo”,
JND). La Versión Autorizada inglesa o «King James» traduce incorrectamente la
frase así: “su cabello le es dado para
cubierta”. La palabra que aparece aquí en el original griego es diferente de la
utilizada para “cubrirse” a través de toda esta sección. En el versículo 15, la
palabra griega es peribolaiou que
significa «lo que es arrojado alrededor de o puesto sobre algo», es decir, como
un velo. En los versículos 6 y 7, la palabra griega es katakaluptestho que significa «cubrir por completo, cubrirse la
cabeza (Léxico anglo-griego de Liddell y Scott; Léxico anglo-griego del Nuevo
Testamento de Thayer; Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento,
W. E. Vine). El significado del versículo 15 es que una mujer podía velarse o
cubrirse a sí misma con su cabello largo. Esto refuerza, además, el precepto de
cubrirse a sí misma en la presencia de Dios.
¿Un cabello largo y no una cubierta? al índice ―>
Algunos, aferrándose a esta incorrecta traducción “su
cabello le es dado para cubierta”, enseñan que el cabello largo de la mujer es
la cubierta para su cabeza. Pero, si la gloria del hombre debe estar cubierta
en la presencia de la gloria de Cristo, luego, el cabello largo de la mujer —el
cual es su gloria personal— debe seguramente estar cubierto también.
Con relación a este punto nos permitimos llamar la
atención brevemente sobre algunos objetos inadecuados que son utilizados
algunas veces corno cubiertas. ¿Acaso una mera cinta sobre la cabeza responde
al requerimiento bíblico de una cubierta? ¿Y acaso velos débiles y
transparentes o adornos de fantasía puestos sobre una parte de la cabeza son
realmente una cubierta? Aun cuando procuramos evitar el legalismo, necesitamos
también ser realistas, honestos y concienzudos. Otro ha escrito: «Quiera el
Señor ejercitar a las mujeres cristianas para seleccionar prendas que sirvan
como cubiertas cuando deban ser
utilizadas para este propósito» (Paul Wilson). Las modas de vestir cambian;
ellas van y vienen. Una importante consideración individual debería ser: ¿Se
usa tal o cual cubierta por el hecho de estar de moda o ser de uso común, o por
obediencia a la Palabra de Dios?
EL ORDEN EN LA ASAMBLEA al índice ―>
Como declaración final sobre este tema de cubrirse la
cabeza, el apóstol escribió: “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso,
nosotros no tenemos tal costumbre, ni
las iglesias de Dios” (1.ª Corintios 11:16). 0, como traducen otros: “Nosotros
no tenemos otra práctica, ni las
iglesias de Dios” (NIV, NASB).
El inspirado apóstol había expresado el orden divino de la
primacía y de cubrirse la cabeza que es el pensamiento de Dios para la presente
dispensación de redención y gracia. Él impartió instrucciones que son de aplicación general para los hombres y
mujeres en cualquier época y en cualquier lugar para todo este periodo
de la Iglesia. Él no había abordado aún plenamente el tema del orden divino en
la asamblea. Éste comienza con el versículo 17.
Pero ahora en el versículo 16 él establece la conclusión
sobre este tema de cubrirse la cabeza diciendo que si alguno quiere ser
contencioso acerca de lo que había escrito a los corintios por inspiración
divina, nosotros y las iglesias de Dios no tenemos tal costumbre como aquello
por lo que podía contenderse.
Aquí Pablo declara que el orden divino respecto de la
primacía y la cubierta o velo era más que un orden observado en la Creación y
en la naturaleza. Tenía aplicación general. Era incluso practicado en todas las
asambleas de Dios. Si había una diferencia entre el hombre y la mujer con
relación a cubrirse la cabeza cuando se oraba o profetizaba en cualquier parte
en general, esta misma diferencia debía ser observada también cuando los
creyentes se reunían “como iglesia”. Y esta diferencia era practicada en todas
las asambleas. Todo aquel que contendía por cualquier otra práctica estaba en
disconformidad con el orden y práctica apostólicos, y no se permitiría entre
las asambleas congregadas hacia el Nombre del Señor Jesucristo.
Lo que tenía
que ser practicado en Corinto era el mismo
orden observado en todas las asambleas. Este asunto no se
dejaba librado a los individuos o a las opiniones o
decisiones
locales. No había ninguna otra opción. Dios es quien ha
hablado y ha dado el dogma divino. El caso estaba cerrado
y
no abierto a la controversia. Así, el mismo principio y
práctica
respecto de la primacía y del cubrimiento de la cabeza
debe ser
el orden actual para todas las asambleas que pretendan
estar
congregadas hacia el Señor Jesucristo conforme a las
Escrituras.
Para todas las asambleas De vuelta al índice ―>
Debe notarse que la epístola a los Corintios fue dirigida
a “la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús,
llamados a ser santos con todos los que
en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de
ellos y nuestro” (1.ª Corintios 1: 2). Aquello que fue escrito a los corintios se aplica también a todos los que invocan
el Nombre del Señor Jesús y le reconocen como Señor en todas partes. Esta
epístola no fue sólo para la Iglesia entera en los tiempos de los apóstoles,
sino que también tiene autoridad para la Iglesia actual.
Las palabras del apóstol en el capítulo 14 de esta
epístola, referentes al silencio de la mujer en la asamblea, también se aplican
ciertamente al tema de cubrir la cabeza: “Si alguno se cree profeta, o espiritual,
reconozca que lo que os escribo son
mandamientos del
Señor; mas el que
ignora, ignore” (1.ª Corintios 14:37-38).
El rechazo a cubrirse la cabeza De
vuelta al índice ―>
Uno escribió con todo acierto: «El hecho de negarse a
exhibir la señal externa de subordinación, indica meramente que el lugar dado
por Dios mismo es rechazado, lo cual ha de temerse» (Paul Wilson). Otro,
después de comentar sobre 1.ª Corintios 11:5-6, bien ha declarado: «Es Dios
quien ha hablado y muchas veces son las cosas pequeñas como ésta —de cubrir o
no la cabeza— las que prueban el estado de nuestro corazón y si es la voluntad
de uno la que actúa o si uno está dispuesto a sujetarse a la Palabra de Dios» (Estudios sobre 1.ª Corintios por H.A.
Ironside).
Que una hermana en Cristo no esté instruida en la
enseñanza bíblica acerca de cubrirse la cabeza y del orden divino de la
primacía, sobre lo cual se fundamenta, es una cosa. Esto puede sobrellevarse con
paciencia. Pero cuando la enseñanza de la Palabra de Dios es conocida,
comprendida y rechazada, se trata de un asunto totalmente diferente. Tal
persona puede relegar estas instrucciones divinas dadas en 1.ª Corintios a las épocas pasadas y alegar que no son relevantes
para nuestros tiempos y cultura. Este es el razonamiento de la mente humana y
no es otra cosa que un manifiesto rechazo a la Palabra de Dios, lo cual es un
asunto serio. En la antigüedad, el profeta Samuel le dijo al rey Saúl:
“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención
que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la
rebelión, y corno ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste
la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1.º
Samuel 15:22-23).
NO ES UNA CUESTIÓN DE COSTUMBRE
CULTURAL
Algunos sostienen en la actualidad que el cubrirse la
cabeza, tal como se enseña en la epístola a los Corintios, se relaciona con las
costumbres culturales de aquellos días; de ahí que no sea relevante para las
diferentes culturas de nuestro mundo occidental. La realidad del asunto es que
el orden divino manifestado por el inspirado apóstol a la Iglesia no era conforme a las costumbres
culturales de aquellos días. Era la costumbre de los hombres judíos de aquel
entonces, al igual que en la actualidad, cubrirse la cabeza en la sinagoga. En
el mundo griego, donde estaba situado Corinto, era la costumbre de las mujeres
entrar al templo con sus cabezas no cubiertas. Las mujeres de mala vida, como
las prostitutas, también andaban por todos lados descubiertas. El apóstol Pablo
declaró firmemente: “Nosotros no tenemos tal costumbre”.
La Iglesia del Nuevo Testamento era distinta de la
sinagoga judía y del templo pagano. Aquélla se hallaba en contraste con las
costumbres sociales y religiosas del mundo circundante. Cristo, la Cabeza de la
Iglesia, está glorificado en el cielo y su Iglesia debe mantener un carácter
celestial y un testimonio para Él.
Símbolos De vuelta al índice ―>
Otro argumento presentado en contra de que las mujeres se
cubran en la actualidad es de que un sombrero o cubierta en el mundo occidental
de hoy no significa lo mismo que lo que significaban los velos en las épocas
bíblicas orientales -que las cubiertas no son una señal de sumisión en nuestro
mundo moderno como lo fueron los velos en aquellos tiempos.
A este razonamiento respondemos: la Palabra eterna, viva e
inmutable de Dios, la Biblia, ha declarado el significado y la representación
simbólica puesta de manifiesto en la cabeza descubierta del hombre y en la
cabeza cubierta de la mujer en la presencia de Dios. Él nos ha revelado lo que
esto significa para Él y lo que
representa para los ángeles y lo que debe también representar para todos los
hombres. Sólo en las Escrituras aprendemos las verdades representadas mediante
símbolos divinamente elegidos. Éstos tienen que ser proclamados y manifestados
al cambiante mundo entero.
Los creyentes en Cristo no deben guiarse por lo que el
mundo interpreta. Somos exhortados a no seguir “según las” tradiciones de los
hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:
8). Debemos seguir lo que Dios ha revelado y ordenado en su infalible e
inmutable Escritura de verdad. Los creyentes tienen que manifestar esto en un
mundo religioso, incrédulo, político y científico que se halla cegado por
Satanás, el dios del presente siglo malo.
Nuestra necesidad actual De
vuelta al índice ―>
Necesitamos estar alertas contra nuestros propios
razonamientos y pensamientos, los cuales están influenciados y basados en
normas y costumbres de las culturas siempre cambiantes que nos rodean. Debernos
desear una mayor sencillez y devoción al Señor y a su preciosa Palabra para
aceptar así las instrucciones divinas sin razonamientos. Necesitamos una
reverencia más profunda por las Santas Escrituras y un espíritu de sujeción de
corazón y mente a los preceptos divinos. “¿Qué dice la Escritura?” debe ser
nuestra pregunta más importante y nuestra corte final de apelación.
R. K. Campbell
ESPIGUEOS SOBRE LA PRIMACÍA Y EL VELO
Notes on
the First Epistle of Paul the Apostle to the Corinthians,
págs. 172-175, William Kelly
1.ª Corintios 11:3-16
«Tenemos aquí un ejemplo
típico de la ocupación del apóstol en una cuestión de orden. Él deduce la
solución a partir de los principios elementales que surgen de los caminos de
Dios en el principio de la Creación. Es una admirable manera de resolver
cuestiones, no mediante una mera autoridad abstracta —aun cuando la establezca
alguien superior—, sino transmitiendo a los demás los caminos de Dios en la
Creación y su providencia, los cuales suscitaron la admiración del apóstol así
como la sumisión de su corazón. No es una cuestión de la nueva creación. Allí
las diferencias desaparecen. No hay judío ni griego, esclavo ni libre, varón ni
mujer, pues todos son uno en Cristo Jesús.
Pero aquí en la tierra hay un
orden de relación establecido por Dios; y así como el hombre es cabeza de la
mujer, así también Cristo es cabeza de todo varón, y Dios la cabeza de Cristo.
Sería aún más peligrosamente falso utilizar estas palabras para rebajar a
Cristo, que desvirtuar su vigor con el objeto de negar la sujeción que la mujer
debe al hombre; pues el Cristo es visto como tal, no en su propia gloria
personal intrínseca ni en la comunión de la naturaleza divina, sino en el lugar
en el que entró y que asumió como el Ungido. Dios, por consecuencia, es la
cabeza del superior; y, como la mujer está obligada a reconocer el lugar que
Dios le asignó, así también el hombre debe ocupar debidamente la relación que
se le ha asignado.
El principio es aplicado para
corregir a algunas mujeres cristianas de Corinto que traspasaban los límites
del decoro. El apóstol presenta el caso completo, e incluso el error de un
hombre en cuanto al mismo, aunque podría parecer hasta ese momento que se
trataba de una cuestión del sexo opuesto. Tener la cabeza cubierta para el
hombre significaría falsear su testimonio hacia Cristo; y de igual modo para
una mujer el no tenerla. No se argumenta sobre la base de costumbres, modestia,
o algo parecido, sino de los hechos tal como Dios los ha revelado. Sería la
señal de autoridad asumida por la mujer, de la autoridad abandonada por el
hombre. Una mujer sin velo se asemeja a un hombre, sin realmente serlo. Esto
significa renunciar, en lo que este acto representa, a la sumisión que ella
debe al hombre; es lo mismo que si estuviese rapada. ¡Que se trasquile también!
dice el indignado siervo del Señor; pero si esto también resultara vergonzoso
para una mujer, agrega, que se cubra (v. 2-6).
Hay todavía más explicaciones
sobre el fundamento concerniente al hombre y a la mujer en los versículos
siguientes (v. 7-12). Así, pues, el apóstol hace notar la posición del hombre
directamente como imagen y gloria de Dios; la mujer, en cambio, es la gloria
del varón, no teniendo semejante lugar de representación pública para Dios.
Cualquier cosa que ella tenga relativamente, es esencialmente mediada y
derivada. La Creación es la prueba, y no por supuesto el curso ordinario de las
cosas desde entonces.
Por lo tanto, es imposible
hacer una estimación correcta sin considerar el principio. Si el versículo 7,
entonces, se refiere al origen del hombre y de la mujer respectivamente, el
versículo 8 declara la creación de la mujer por y subsiguientemente para el
hombre, como los fundamentos de la subordinación de la mujer al hombre. Es
fácil ver que, siempre que se niega la Creación, o hasta se la ignora, los
hombres naturalmente razonan y bregan en pro de su igualdad.
Pero hay también otra consideración,
que tan sólo la fe podría admitir, a saber, el testimonio al orden divino que
el hombre y la mujer deben dar a esos seres espirituales de quienes la
Escritura declara que tienen la más íntima relación con los herederos de la
salvación. (Compárese 1.ª Corintios 4:9 y Efesios 3). “Por lo cual la mujer
debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.” El significado de estas
palabras ha sido mal comprendido por la mayoría de los comentaristas, algunos
de los cuales se desviaron hacia pensamientos degradantes al interpretar
«ángeles» como ángeles malos; otros rebajan la palabra al sentido de los mismos
justos, ya sean profetas cristianos, los presidentes de las asambleas, los nuntii desponsationum o personas
encargadas de efectuar los esponsales, y hasta también se ha sugerido que los
«ángeles» eran espías enviados por los incrédulos.
Asimismo la expresión “señal
de autoridad sobre su cabeza” ha suscitado interminables discusiones. Tener
autoridad sobre la cabeza significa, incuestionablemente, llevar el símbolo de
la misma mediante una cubierta o velo. Por otro lado, en los v. 11 y 12, el
apóstol insiste cuidadosamente sobre la mutualidad del hombre y la mujer,
negando la independencia del uno respecto del otro, afirmando que Dios es la
fuente de ambos respectivamente, y de todas las cosas.
Además, él apela al sentido
del decoro basándose en la manera en que Dios ha constituido al hombre y a la
mujer. “Juzgad vosotros mismos: ¿es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse
la cabeza? la naturaleza misma ¿no os enseña...?”. Si es tan natural para el
hombre tener cabello corto como para la mujer tenerlo largo, ¿no es una
rebelión contra la naturaleza de cada uno invertir ello en la práctica? La
creación de Dios debe gobernar, salvo que la Palabra de su gracia llame a cosas
más elevadas; pero valerse de esto último como pretexto para el asunto en
cuestión era algo inadmisible.
Finalmente, el uso habitual de
las iglesias, tal como estaba reglamentado por la sabiduría apostólica, no es
cosa fácil de perturbar, y esto lo declara el apóstol con gran fuerza moral:
“Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal
costumbre, ni las iglesias de Dios.” Es una desdeñable forma de independencia
la que se erige a sí misma, no sólo contra el sentimiento espiritual de todo el
testimonio público en las asambleas de Dios, sino que se alza por sobre
aquellos dotados con la sabiduría celestial para la dirección de todo: los
apóstoles. No se trata ni de la conciencia ni de la espiritualidad, sino de un
deseo carnal de diferir de los demás y, en el fondo, de pura vanidad. La
“costumbre” denegada por el apóstol era la innovación corintia —el hecho de que
las mujeres no querían cubrirse, en desarmonía con las demás iglesias—, la cual
confundía el orden de Dios en la naturaleza, y no la contención en sí (es
decir, no se refiere a la costumbre de ser contencioso) como muchos
comentaristas antiguos y modernos extrañamente concluyen.»
NOTAS
[1] N. del T.— El término inglés “headship”
vertido a lo largo de la presente obra por “primacía”
tiene que ver con dirección, control y jefatura. Literalmente: función de uno
que es cabeza.