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LOS ESPÍRITUS DE LOS JUSTOS HECHOS PERFECTOS Los convidados a las bodas del Cordero |
Leamos una traducción interlineal
griego-español de Hebreos 12:22-23, en donde se aprecian interesantes detalles:
12:22 αλλα
προσεληλυθατε σιων ορει και πολει
sino que
habeis venido (al) Sion2 monte1; y (a
la) ciudad
θεου
ζωντος
ιερουσαλημ
επουρανιω και
μυριασιν
de(l) Dios
vivo, (la) Jerusalén celestial; y
(a) miríadas
αγγελων πανηγυρει
de ángeles, (la) asamblea universal;
12:23 και εκκλησια πρωτοτοκων απογεγραμμενων
y (a la) asamblea de (los) primogénitos inscritos
εν
ουρανοις και
κριτη
θεω
παντων και
πνευμασι
en (los)
cielos; y juez2 (a) Dios1 de todos; y
(a los) espíritus
δικαιων τετελειωμενων
de (los) justos
hechos perfectos
Nota: Las preposiciones griegas kai = “y”, producen una clara
división de los temas en este pasaje.
Ahora bien, ¿quiénes son estos “espíritus de los justos
hechos perfectos”? En Apocalipsis 19:9 leemos: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las
bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”. Hallamos,
pues, que además de la esposa, hay otras personas bienaventuradas que estarán
en las bodas. Y si nos volvemos a Hebreos 12, hallaremos que en la nómina de
bendiciones, hay otras clases además de “la iglesia de los primogénitos”. La
“asamblea general o universal” no pertenece a “la iglesia o asamblea de los
primogénitos”, sino a “las miríadas de ángeles” del v. 22 [1]. Puede ser de
ayuda al lector recordar que la palabra griega kai, “y”, es siempre un vínculo de conexión que introduce cada una
de las cláusulas nuevas. Y esto es admitido por aquellos que no tienen
pretensiones a lo que se llama «luz dispensacional», es decir, por hombres que
simplemente dan su opinión sobre la auténtica estructura de la frase. Admitido
esto, nótese lo que se dice a continuación: “Habéis venido… a la iglesia de los primogénitos, inscritos en los cielos; y a Dios, el juez de
todos; y a los espíritus de los justos hechos perfectos.” Sabemos que algunos
dicen que todos estos significan la misma cosa; que la Jerusalén celestial, y
el monte de Sion, así como los espíritus de los justos hechos perfectos, son
sustancialmente nada menos que la iglesia de los primogénitos. Pero sólo
consideremos el pasaje de nuevo, y veamos si tal pensamiento es admisible por
un momento. Aquí se habla de Dios mismo, y de Jesús el Mediador, y de miríadas
de ángeles. ¿Alguien se atrevería a decir, que todos éstos son lo mismo? Y sin
embargo, esto se podría decir perfectamente si los demás objetos de la escena
no fuesen expresamente distintos.
¿Cuál es, pues, el verdadero significado de estas
cláusulas? “Habéis venido al monte Sion;
y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial.” Cuando se hace
referencia al monte Sion, un judío en seguida pensaría naturalmente en la
ciudad terrenal alrededor de esa célebre montaña. Pero el Espíritu Santo dice
que ésa no es su porción. “Os habéis acercado a la Jerusalén celestial”[2] ; no a la ciudad del
David moribundo, sino a la ciudad del Dios viviente. Luego tenemos “una
innumerable compañía de ángeles”, y ésta es llamada “la asamblea general”.
Aquí tenemos claramente diferentes objetos de gloria
milenaria a los cuales ya se les había dicho a los santos que habían venido o
que se habían acercado. Primero se menciona el monte Sion. Luego tenemos la
ciudad celestial, la imagen de la gloria que pronto habrá llegado; la ciudad
por la cual tanto Abraham como los demás patriarcas aguardaron. Luego tenemos
las huestes angelicales. Luego tenemos la iglesia de los primogénitos, no
meramente la escena local de la gloria celestial, sino la completa asamblea de
los herederos que están escritos en los cielos, en contraste con los
primogénitos terrenales de Israel. Luego nos elevamos a Dios, el Juez de todos.
El Espíritu nos ha llevado adelante desde el monte de Sion. Y ahora nos hace
descender desde Dios en su carácter judicial hasta “los espíritus de los justos
hechos perfectos”. Es muy notable la posición en que éstos son puestos.
Nosotros probablemente, si hubiésemos tenido que ver con ello, los hubiéramos
puesto primero; pero el objetivo era corregir las tendencias judías de los
destinatarios de la epístola, y dar prominencia a lo que era celestial.
Entonces, una vez que tenemos el asiento de gloria celestial, y la iglesia en
su debido lugar, vemos a Dios mismo como el Juez de todos, y, seguidamente, a
aquellos santos que habían conocido a Dios actuando bajo ese carácter en la
tierra. Por eso ellos son llamados aquí “los espíritus de los justos hechos
perfectos”. ¿Quiénes son? Son claramente los santos del Antiguo Testamento.
Compárese con Hebreos 11:39-40. Porque ellos, y no la iglesia, constituyen una
clase que bien puede ser muy aptamente descrita como “los espíritus de los
justos hechos perfectos”. Estos santos del Antiguo Testamento se hallaban en la
condición separada del cuerpo entonces, y así permanecen todavía. Esto jamás
será cierto de la iglesia en su conjunto. Cuando venga el momento para que la
iglesia abandone el mundo y salga al encuentro del Señor en el aire (1.ª
Tesalonicenses 4:13-18), habrá una parte de la iglesia sobre la tierra, y que
no está en la condición de espíritus en absoluto: habrá aquellos que estarán
vivos y que quedarán hasta la venida del Señor. De la Iglesia se dice “no todos
dormiremos” (1.ª Corintios 15:51). De modo que la descripción de “los espíritus
de los justos hechos perfectos” jamás puede ser aplicada a la iglesia de Dios
como tal.
Vemos pues, en Hebreos, a la iglesia ya separada y
distinta de “los espíritus de los justos hechos perfectos”. Éstos son santos,
pero no la iglesia. Y si ahora leemos Apocalipsis 19 a la luz de esto, vemos a
la iglesia allí que se ha preparado, pero no nos sorprende leer también, como
un símbolo distinto en el mismo círculo: “:
“Bienaventurados los que son llamados [3] a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son
palabras verdaderas de Dios” (v. 9). ¿Quién puede dudar de que estos invitados
a las bodas no son claramente todos los santos resucitados, excepto aquellos
que fueron “bautizados en un cuerpo” (1.ª Corintios 12:13), o sea, la esposa de
Cristo?
Volvámonos una vez más a Apocalipsis
19:9: “Bienaventurados los que son
llamados (o invitados) a la cena de las bodas del Cordero.” Aquí aparece un
amplio terreno para decir que los veinticuatro ancianos y las cuatro criaturas
vivientes no representan únicamente a la iglesia, por el simple hecho de que
cuando estos símbolos desaparecen para dar lugar a la esposa, vemos al mismo
tiempo aparecer a los convidados al banquete de las bodas del Cordero. Los
invitados, o aquellos que fueron llamados a las bodas del Cordero, se refieren,
como ya dijimos, claramente a los santos del Antiguo Testamento. Ellos están
allí en calidad no de la esposa, sino de aquellos que son convidados a las
bodas del Cordero. No podemos ver en ellos a los santos del período
apocalíptico, por la sencilla razón de que, como lo prueba el capítulo
siguiente, los que padecen hasta la muerte, no están en esta ocasión todavía
resucitados de entre los muertos. Y estos convidados son los santos del Antiguo
Testamento, los amigos del Esposo (Juan 3:29). Ellos, durante las bodas del
Cordero, todavía permanecen en la condición de espíritus separados. Pero no se habla
de esa manera de los invitados.
Así pues, parece un hecho incontrovertible que los ancianos y
los seres vivientes reunidos, como los vemos en el capítulo cinco, abarcan a la
vez a los santos del Antiguo Testamento y a la iglesia, la esposa de Cristo. En
consecuencia, cuando la novia aparece, los convidados, o sea, los santos del
Antiguo Testamento que habían estado incluidos dentro de los ancianos y de los
seres vivientes, ahora son presentados como formando una compañía aparte.
Esto puede parecer un poco difícil para algunos;
pero de nada sirve sortear las dificultades: Debemos enfrentar lo que parece
difícil, inclinándonos ante la Palabra y procurando aprender por todos los medios.
No enmendamos los asuntos a causa de conclusiones predeterminadas o
apresuradas, las cuales no hacen sino complicar la verdad, ya que nos vemos
obligados a dar cuenta de la presencia de otros santos en el banquete de las
bodas del Cordero, los que aparecen como convidados, y no en calidad de la
esposa. En general esto ha sido, o bien completamente pasado por alto, o bien
se ha hecho una insatisfactoria inferencia que no puede satisfacer la profecía,
sino más bien confundirla.
William Kelly, Lectures on
the book of Revelation, pág. 396-398, Revelation Expounded, pág. 222-223
NOTAS
[1] N. del T.― En castellano, la Biblia de las Américas,
al igual que la Versión Moderna de Pratt, presentan una sorprendente
literalidad de este pasaje (compáresela con la traducción interlineal) excepto
en este detalle, desvinculando “la asamblea general” de las “miríadas de
ángeles”, y relacionando la expresión con “la asamblea de los primogénitos”.
Precisamente la conjunción kai (“y”)
separa de por sí ambas compañías. Mientras que la versión Reina-Valera une bien
la “asamblea general” con “las miríadas de ángeles” con esta expresión: “a la
compañía de muchos millares de ángeles”.
[2] N. del A.― Ella no se la ve aquí como en el
Apocalipsis, donde constituye el símbolo de la misma iglesia glorificada, sino
más bien como el bendito y ordenado hogar de los santos celestiales, como creo
que es el caso en Hebreos 11:10, 16. En la epístola a los Hebreos, la ciudad es
objetiva, mientras que en el Apocalipsis es subjetiva.
[3] N. del A. ― Algunos han suscitado la duda de si es
que los convidados a las bodas del Cordero eran una clase perteneciente a la
misma esposa o más bien distinta de ella. La nota de Daubuz será de interés
para algunos: «Una cosa es estar casado, y otra cosa es estar convidado a un
banquete de bodas. Esto es evidente; y el Espíritu Santo distingue muy bien los
diferentes estados de estos dos tipos de personas. La esposa, a quien se le dio
Bysse (lino fino) son las personas a
quienes se les confiere una perfecta justificación así como los resultados de
la misma, son personas en un estado de resurrección, con quienes Cristo a ha
contraído un contrato previo. Pero aquellos que tan sólo son convidados al
banquete no pueden ser los mismos que aquellos que se casan. Aquellos que son
glorificados con Bysse (lino fino) y,
por eso declarados plenamente justificados y santos, deben naturalmente estar
felices; pero esta felicidad es pronunciada a otro tipo de personas. ¿Quiénes
son, pues, esas personas? Toda la gente convertida de todas las naciones, todos
los hombres que, sin haber gustado la muerte aún y que no han aparecido ante el
tribunal de Cristo, hasta que sean quitados la muerte y el Hades, están todavía
en esta vida, y en un estado de debilidad en cuanto a su carne; no siendo por
cierto impecables, sino que tienen que ser asistidas en gran medida por
grandísimas y extraordinarias manifestaciones de la gracia. Sin embargo, el
Espíritu Santo no pronuncia que sean santos, lo que en este lugar sería tenido
por perfecta santidad, pero difícilmente feliz; mientras que tienen parte en la
primera resurrección son tanto benditos como santos. Esta bendición y felicidad
consiste, tal como se lo expresa en el capítulo 21:24, en esto: que ellos andan
en la luz de la nueva Jerusalén» (Perp.
Comm. pág. 869).»
Los lectores pueden diferir en la
medida de su familiaridad y conocimiento con estos pensamientos; pero ¿quién no
admitirá el interés y la exactitud de los mismos?