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“Congregados a
mi nombre” Es
la traducción correcta de Mateo 18:20 W. Kelly |
Pregunta sobre Mateo 18:20
¿Es correcto traducir —como algunos cristianos han hecho— la expresión eis to emon onoma (εις το εμον ονομα) “a (o hacia) mi nombre”, haciendo del nombre de Cristo el punto de reunión?
Respuesta
Las pruebas están decisivamente a favor de traducir eis por “a” o “hacia”. Muchos de los que se oponen a esta traducción lo hacen con el propósito de querer anular el carácter eclesiástico del contexto, carácter que el Señor mismo ha impreso tan indeleblemente sobre él, y que casi todos los discordantes partidos de la cristiandad reconocen, aunque ellos naturalmente pasan por alto una palabra a la que ninguno le ha prestado atención, y que significa un centro vivo y exclusivo. Negar esto constituye un muy temerario error exegético; pues cualquier examen serio de las palabras del Señor, basta para probar que se venía hablando del caso de un individuo en su trato con “la iglesia” o asamblea (no con la sinagoga). Después de eso (v. 18), el Señor da fuerza a esta acción con su solemne declaración de que el cielo da su aprobación cuando se ata o se desata (sin relación con las llaves), y con la seguridad, llena de gracia, de que Su Padre responde a la petición unida de al menos dos. A continuación, en el v. 20, el Señor concluye con el principio general para el peor de los tiempos, a saber, que Él está en medio, allí donde dos o tres son congregados a Su nombre. Esta última promesa es una invalorable salvaguardia contra toda obra partidaria o divisionista, así como también contra la incredulidad y contra el mundo. Habla poco a aquellos corazones que nunca han tenido, o que han perdido, fe en su Palabra o en su Presencia.
En
cuanto a su uso, el caso que estamos tratando difiere por completo de la
expresión del v. 5 epi to onomati
(επι
τω ονοματι), donde Su nombre es
constituido el motivo, condición o fundamento para recibir a un
niñito, por lo que eis (εις), en este caso, hubiese estado fuera de lugar. En
este v. 5, pues, se trata estrictamente de “sobre” (sobre la base
de), y no de “en”; y lo mismo podemos decir de Hechos 2:38 cuando
Pedro hizo que los judíos que se arrepintiesen fuesen bautizados, cada
uno sobre (επι) el
nombre de Jesucristo para remisión de los pecados, y recibirían
el don del Espíritu Santo. Si se hubiesen arrepentido, hubiesen ya
nacido del Espíritu, tal como invariablemente ocurre cuando el
arrepentimiento es real. Compárese con Mateo 24:5; Marcos 9:37,
39; 13:6. En Lucas 1:59 toma el matiz de “según”. En Hechos
10:48 el mismo Pedro mandó a los creyentes gentiles a ser bautizados en (εν)
el nombre del Señor. Véase también con este mismo sentido:
Marcos 16:17; Lucas 16:17; Juan 5:43, etc. Habría sido tan posible como
cierto haber dicho “sobre”;
pero no es el mismo pensamiento o expresión que “en virtud
de” (o “en el poder de”) Su nombre. En Hechos 11:16 Pedro
habla del bautismo del Espíritu Santo, en contraste con el de Juan,
diciendo en pneumati agio
(εν πνευματι
αγιω), en donde epi
(επι), sobre, no
hubiese sido acertado, porque en
(εν) significa en el poder del propio Espíritu. En Hechos 19:5
(al igual que en 8:16) aparece el objeto propuesto en el bautismo, y en este
caso, entonces, el sentido no es “en” ni tampoco
“sobre”, sino “a” o “hacia” (εις).
Los Revisores han corregido la
errónea traducción “en” de la Versión
Autorizada inglesa, pero ellos han puesto “dentro”, lo cual es
refutado por su propia traducción de 1 Corintios 10:2 (donde
“dentro” sería inadecuado) y por la traducción de
Hechos 19:3 de la Versión Autorizada inglesa. El griego admite tanto
“hacia” como “dentro”, según el contexto, el
cual aquí requiere lo primero. El bautismo con agua no significa otra
cosa más allá de “a” o “hacia”. Sólo
indica profesión; y el objetivo mismo del apóstol en 1 Corintios
10 es el de insistir en el hecho de que esta profesión puede ser sin
vida. Y el mismo caso ocurre en la comisión del Señor en Mateo
28:19, donde se tata de bautizar
“a” o “hacia” el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. Era bautismo con agua, lo que de por sí no
podría tener un alcance mayor. Pero el bautismo del Espíritu
tiene un poder completamente diferente, y lleva a cabo una incorporación,
no “hacia”, como si se tratase de mera profesión, sino
“dentro” de un cuerpo, el cuerpo de Cristo. El deán Alford
descarta el “en”, pero argumentó a favor de
“dentro” sin validez, con opiniones inciertas aquí, como a
menudo vemos en sus notas.
En
Mateo 10:41-42 aparece ciertamente la frase peculiar de recibir a un profeta, a
un hombre justo y a un discípulo, “al” (εις) respectivo
nombre de cada uno, o como tales. En este caso, tal vez sea difícil
evitar decir en español
“en el nombre del profeta”; pero en realidad el significado es el que
mencionamos primero, y no el que derivaría de la preposición en (εν), esto es, en el poder o autoridad
de cada uno, como cuando se dice en
el nombre de Cristo, o incluso sin ninguna preposición como es el caso
en Mateo 7:22; aunque Meyer cree que aquí es preferible decir
“por” Tu nombre; y éste bien puede ser el sentido justo de
una expresión griega que difiere de las demás, el dativo
instrumental.
Asimismo, formas tales como ενεκεν του ó δια το (ó υπερ του) ονομα, significan indiscutiblemente “por amor de tu Nombre”, por lo que no precisamos decir nada más.
En Filipenses 2.10, los Revisores modificaron la Versión Autorizada inglesa al traducir “en” (εν). Si es correcto, significa, como de costumbre, “en virtud de Su nombre” todas las criaturas se inclinarán.
En
1 Corintios 5:4-13, donde se establece de forma perentoria y clara la
exclusión a causa del mal, se manda a los santos congregados a actuar en (εν)
el nombre del Señor. Dios ordenó que la palabra escrita
prescribiese la excomunión, cuando no había presente en Corinto
ningún apóstol, ni ningún delegado apostólico como
Tito, como tampoco habían sido designados ancianos aún. Esto
permanece hasta hoy como el inalienable deber, con la aprobación de
Dios, para que la asamblea actúe, siempre que lo requieran las penosas
circunstancias como último recurso. Los santos de Corinto eran relajados
en varios sentidos, y faltaban a lo que se debía al Señor (o lo ignoraban),
al punto extremo de ni siquiera lamentarse de que uno tan evidentemente
culpable no fuese quitado de en medio de ellos.
El apóstol dio instrucciones de expurgar la levadura, de acuerdo con el sacrificio de Cristo nuestra pascua; y el Espíritu Santo —previendo que la cristiandad manifestaría una especial desconsideración de esta epístola— tuvo cuidado de que este punto fuese tratado de una manera más poderosa y eficaz que en ninguna otra, no para esa asamblea solamente, sino junto con “todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en todo lugar, de ellos y nuestro” (1:2). Ignorar, pues, esto, es algo absolutamente inexcusable.
Además,
de hecho que sólo desde el tiempo
que los cristianos respecto de los cuales se formuló la pregunta, se
hubieron congregado, no como pertenecientes a una denominación, sino
simplemente como miembros de Cristo, reconociendo que hay un solo cuerpo y un
solo Espíritu, la fuerza precisa de las palabras del Señor en
Mateo 18:20 despertó la atención de algunos. Al creer en la
presencia permanente del Espíritu Santo desde Pentecostés, estos
cristianos aprendieron el inmenso valor que tiene cada palabra inspirada. La
tradición no tuvo ningún lugar de valor a sus ojos. Puesto que
ellos aceptaron “toda Escritura” como “inspirada por Dios y
útil” (2 Timoteo 3:16), buscaron una entera sujeción a ella
como palabra viva, rehusando pretender más de lo que tenían o
sustituir inventos o planes humanos en lugar de lo que no tenían.
Cualquier erudito que examine el texto en cuestión, habrá de
admitir que, a menos que hubiese algún obstáculo en nuestro
idioma en este caso particular, “a” o “hacia” es el
sentido exacto; porque “dentro” sería absurdo, y, propiamente,
εν —y
no εις—
significa “en”. Pero, más allá de ser una dificultad,
el contexto aquí favorece lo suficientemente el verdadero significado de
,ÆH, esto es, congregados
“a” mi Nombre, como la presencia central de que todos dependen y en
que todos confían.
Sólo
entonces, y de esta manera, se percibió que este pasaje
constituía una confirmación de la posición que estos
cristianos ocupaban, quienes ya se hallaban fundados sobre la base de los
principios revelados de la Asamblea de Dios, con las modificaciones necesarias,
como debe ser, a causa de la ruina —que
con el mayor de los cuidados fue prevista en las últimas
epístolas y en el Apocalipsis—,
la que siempre debemos tener en cuenta, si queremos evitar esa
presunción tan indigna de Cristo y tan inconveniente en todos los que
son Suyos. ¡Qué bendición saber que Cristo permanece, como
siempre, como el centro incluso de tan sólo dos o tres congregados a Su
nombre!
Pero
ello fue recibido como verdad segura, a la luz del testimonio de la Escritura
mejor comprendida, e independientemente de cualquier otro motivo que el preciso
y pleno significado de las palabras de nuestro Salvador. Sólo desde
entonces y de esta manera lo hemos aprendido respecto de muchas otras verdades
trascendentes: hemos actuado en una pequeña medida para que primero
sepamos que ello proviene de Dios y es de Dios; porque precisamos tanto el
Espíritu como la Palabra. “Porque al que tiene, le será
dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le
será quitado” (Mateo 25:29). Nada es más peligroso para el
hombre, y más deshonroso para Dios, que abandonar aquello que una vez
confesamos y gozamos como divino. ¿Quién puede predecir hasta
donde puede llegar el apartamiento de la verdad una vez que comenzó en
algún punto?
(Bible Treasury N4:94-96)