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LA SOBERANÍA DE DIOS Y LA RESPONSABILIDAD DEL HOMBRE EN EL CASO DE FARAÓN |
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William Kelly (1) |
La TABLA adjunta fue desarrollada a fin de resolver las
dificultades de una persona que insistía en el hecho de que si por un soberano
decreto de Dios, cierto número de personas solamente serían salvas, por una
conclusión natural, el resto, por similar decreto, se perdería,
independientemente de cuáles hayan sido sus opiniones o caminos.
De seguro que si sacamos nuestras deducciones conforme a las ideas de los
hombres, el anterior razonamiento sería ése. Pero la fe no descansa sobre
deducciones. Los hombres deducen nociones que a menudo chocan con claros
pasajes bíblicos que las contradicen. En la naturaleza tienen lugar muchos
fenómenos que vemos y creemos, pero que no entendemos, y acerca de los cuales
no podemos razonar. Si nuestras mentes son formadas por la Palabra de Dios y
conforme a ella, hallaremos que el hombre es siempre tenido como un ser
responsable, y es juzgado y condenado por sus propios pecados, y no por ningún
predeterminado decreto de Dios.
DESCRIPCIÓN DE LA TABLA
Antes de continuar, sería bueno que examinásemos la tabla, la cual presenta de
forma notable los propósitos de Dios y la responsabilidad del hombre.
De los 19 pasajes del Éxodo descritos, todas las
autoridades están de acuerdo en que nueve de ellas, esto es, los números
1,2,9,12,13,14,15,17 y 18, atribuyen el endurecimiento de Faraón a la voluntad
de Jehová.
El número 19 no dice nada de Faraón mismo, sino sólo de los egipcios en
general.
Los restantes, números, el 6, 7 y 10, atribuyen el
endurecimiento al rey mismo.
A estos últimos, debemos, sin embargo añadir el número 16,
el cual, ya por la traducción de Young[2], ya por la que realiza la Englishman’s Hebrew Concordance,
se trata claramente del acto de Faraón.
El resto, números 4, 5, 8 y 11, mencionan el
endurecimiento como un hecho, sin especificar el agente.
El único que falta, el número 3, es exactamente de la
misma forma hebrea que los números 5 y 11, y ha de ser añadido a esos números,
y son así traducidos por Young, la Vulgata y Arias Montano[3].
Para resumir el endurecimiento de Faraón: nueve veces se
lo atribuye al Señor; a lo cual debemos agregar una vez más, el número 19,
junto con los egipcios en general; cuatro veces se lo atribuye al mismo Faraón;
y cinco veces no se detalla la agencia.
RESPONSABILIDAD DE FARAÓN
El Señor actúa siempre para su propia gloria y nombre. “Porque la Escritura
dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y
para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra” (Romanos 9:17). Sin embargo,
el rey de Egipto era responsable, siendo testigos de ello su propio pueblo e
incluso las naciones vecinas.
Primero tenemos Éxodo 8:19: “Entonces los hechiceros
dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste.” En segundo lugar, “de los siervos de
Faraón, el que tuvo temor de la palabra de Jehová hizo huir sus criados y su
ganado a casa” (9:20). En tercer lugar “los siervos de Faraón le dijeron:
¿Hasta cuándo será este hombre un lazo para nosotros? Deja ir a estos hombres,
para que sirvan a Jehová su Dios” (10:7). En cuarto lugar “También Moisés era
tenido por gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de
Faraón, y a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo” (11:3).
Suficiente prueba es esto de que estos juicios estaban en boca de toda clase de
personas, hecho más notoriamente acentuado eventualmente por el juicio de los
primogénitos. Y más terriblemente aún cuando los egipcios fueron derribados en
el mar Rojo, cuando dijo Jehová: “Y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército,
y sabrán los egipcios que yo soy Jehová” (14:4). Y de nuevo cuando el pueblo
dijo: “Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los
egipcios” (14:25). ¿Acaso esta gran liberación del pueblo de Israel, no
constituyó el interminable tema de alabanza desde Éxodo 15 hasta el final de su
historia? Léase Salmos 78, 105, 106, etc.
TESTIMONIO DE LAS NACIONES VECINAS SOBRE FARAÓN
¿Qué pensaban las naciones vecinas de la liberación de Israel, ya en cuanto a
la difusión del Nombre del Señor, ya en cuanto a Faraón mismo? ¿Acaso ellos
consideraron a Faraón como un tronco o una piedra, sin ninguna responsabilidad?
¿Acaso lo consideraron como una bestia sin conciencia? Dejemos que la Escritura
dé testimonio:
TESTIMONIO DE RAHAB SOBRE FARAÓN
Primeramente vemos las puertas atrancadas de Jericó con sus cerrojos, y el
testimonio de Rahab:
“Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído
sobre nosotros... Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar
Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto... Oyendo esto, ha
desmayado (lit. “se ha derretido”) nuestro corazón... porque Jehová vuestro
Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra” (Josué 2:9-11).
Lo cual era una reproche a los israelitas por no haber subido desde el primer
momento, como si Dios, cuando da una orden, no pusiera las cosas en marcha para
su cumplimiento. Esta mujer menciona el paso del mar Rojo, que había tenido
lugar cuarenta años antes, como un evento que llenaba de terror a las naciones
cananeas. De modo que, desde el principio, el camino estaba abierto en la
tierra.
TESTIMONIO DE LOS FILISTEOS SOBRE FARAÓN
Los filisteos nos ofrecen otro sorprendente testimonio contra Faraón. El arca
de Dios estaba con ellos, y se trataba de una cuestión de cómo librarse de
ella, y de una ofrenda para Jehová (1 Samuel 6:6). Se convoca a los sacerdotes
y a los adivinos. Ellos recomiendan al pueblo “dar gloria al Dios de Israel...
¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron su
corazón? Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron?”
Aquí no sólo tenemos un testimonio del hecho del Éxodo, dado trescientos
cincuenta años más tarde, sino también un reconocimiento de los sacerdotes de
una nación extranjera, de la perversa conducta de Faraón. Los enemigos
naturales de Israel, independientemente de los secretos propósitos de Dios
revelados a Moisés, concluyeron que el rey de Egipto fue justamente juzgado por
haber endurecido su corazón contra el Dios de Israel.
Jehová intervino judicialmente a favor de su pueblo. Y cuando esta intervención
tuvo lugar, Faraón, el opresor, rehusó aún reconocer la mano de Uno más
poderoso que él, a pesar del testimonio de los hechiceros y de sus nobles, y de
la devastación y miseria que había provocado su obstinación. Su sentimiento
todavía era: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo
no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel” (Éxodo 5:2).
ROMANOS 9:22-23
Unas palabras más serán suficientes para completar el tema de los soberanos
propósitos de Dios y la responsabilidad del hombre. Si leemos Romanos 9,
encontraremos que mientras que los elegidos son vasos preparados de antemano
para gloria, no es así con los malvados; es decir, que estos últimos no fueron
de la misma manera preparados de antemano para destrucción, sino que son
juzgados por su conducta. “Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer
notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados (kathrtisme‰na) para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su
gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de
antemano para gloria” (9:22-23).
En el caso de los malvados, lejos de haber sido elegidos para miseria eterna,
hallamos que Dios los soporta, como vasos de ira, con mucha longanimidad, los
cuales no han sido preparados por Él para destrucción, sino que lo fueron por
sus propias obras. La palabra katarti˘zw significa corregir, reparar, enmendar. En
su forma participia, como está aquí, significa dispuestos, preparados. El
vocablo no supone un decreto de Dios, sino una obra del hombre. Si bien es
cierto que los cristianos han sido “escogidos en Cristo antes de la fundación
del mundo” (Efesios 1:4), y que lo fueron “para alabanza de la gloria de su
gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (v. 6), y si bien también es
cierto que durante sus vidas, ellos reciben el llamado (“a los que predestinó,
a estos también llamó” Romanos 8:30), y “no sólo de los judíos, sino también de
los gentiles” (Romanos 9:24), no obstante, nunca sería correcto afirmar que los
pecadores perdidos fueron elegidos de una forma paralela para reprobación. No.
En 2.ª Tesalonicenses 2:11-12, leemos:
“Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de
que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se
complacieron en la injusticia.”
Es evidente que los condenados lo son por causa de no haber creído la verdad, y
no que ellos fueron elegidos para condenación. Esto nos conduce a otro punto en
relación con los malvados. Está claro que hay un endurecimiento judicial de
parte de Dios después de mucha longanimidad. Eso es lo que ocurrió con Faraón.
Eso fue lo que ocurrió también con la nación judía cuando Cristo estuvo en la
tierra.
“Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para
que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se
convierta, y haya para él sanidad” (Isaías 6:11). Este anuncio profético de su
ceguera, escrito más de setecientos años antes, se hizo eficaz a la postre por
boca de Cristo. Y Pablo, siguiéndoles por lejanos países, aplicó de nuevo en
Roma estas palabras acerca de ellos: “Bien habló el Espíritu Santo por medio
del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Vé a este pueblo, y diles: De
oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis” (Hechos
28:25-28).
Y ¿no es solemne el hecho de que ésta será la última condición de la
Cristiandad apóstata, tal como lo vimos en 2 Tesalonicenses, pero veamos ahora
2:7-12? Una ceguera y un endurecimiento judiciales, después de mucha
longanimidad por parte de Dios, y eso por centurias. ¿Habrá acaso alguna
persona entre aquellos que vivieron en medio de los privilegios del Evangelio,
que le echará la culpa a Dios por esta condenación? No. Toda boca será
refrenada, y los hombres partirán a un lugar originalmente preparado, no para
los malvados que no se arrepintieron, sino para el diablo y sus ángeles (Mateo
25:41).
CONCLUSIÓN
Observemos que si bien creemos ambas declaraciones, es decir, la soberanía
divina y la responsabilidad humana, no pretendemos reconciliarlas de una manera
lógica. Tal vez nunca fue la intención de Dios que hiciéramos tal cosa en este
mundo como seres finitos. Hay abundantes paradojas dentro del ámbito de nuestra
existencia, que creemos, pero que no conciliamos. Si es así en relación con los
asuntos del mundo de abajo, ¿no habrá nada que hayamos de creer sin poder
reconciliar dentro de las regiones de arriba? Sometámonos con indubitable
obediencia a la Palabra del Dios viviente y confiemos plenamente en ella.
Creamos lo que se encuentra en ella, y dejemos que nuestro bendito Señor nos
explique las aparentes discrepancias que están allí, si así le place hacerlo.
Habrá dificultades, y encontraremos “cosas difíciles de entender”, pero sólo
los indoctos e inconstantes las tuercen para su propia destrucción (2. Pedro
3:16).
Por último, es perfectamente cierto que aquellos que son salvos, lo son por
gracia, en virtud del amor de Dios que los eligió, y que aquellos que se
pierden dentro del mismo recinto donde esa gracia opera, se pierden por sus
propios pecados solamente.
|
ENDURECIMIENTO
DE FARAÓN |
|||||||
|
N.º |
Texto en |
Palabra hebrea |
Tiempo y conjugación hebreos |
Reina-Valera 1960 [4] |
Traducción de Young |
Vulgata |
Notas |
|
1 |
4:21 |
אֲחַזֵּק |
1.ª persona singular futuro. Piel. |
Yo endureceré su corazón. |
I strengthen his heart and he doth not
send the people away. |
Ego indurabo cor ejus. |
To bind fast. |
|
2 |
7:3 |
אַקְשֶׁה |
1.ª pers. sing. futuro. Kal. |
Yo
endureceré el corazón de Faraón. |
But I will harden the heart of Pharaoh. |
Do. |
To be hard. |
|
3 |
7:13 |
וַיֶּחֱזַק |
3.ª pers. sing. fut., con cop. Kal. |
Y el
corazón de Faraón se endureció |
And the heart of Pharaoh is strong. |
Induratumque est cor P. |
Arias Montanus Et roboravit se cor P. |
|
4 |
7:14 |
כָּבֵד |
Adjectivo Masculino |
El
corazón de Faraón está endurecido |
The heart of Pharaoh hath been hard. |
Ingravatum est cor P. |
Grave cor P. Arias Montanus |
|
5 |
7:22 |
וַיֶּחֱזַק |
Igual que N.º 3 |
Y el
corazón de Faraón se endureció |
And the heart of Pharaoh is strong. |
Igual que N.º 3 |
Volverse pesado |
|
6 |
8:15, 11, hebreo |
וְהַכְבֵּד |
Infinitivo con copulativo. Hiphil. |
Faraón...
endureció su corazón |
And he [Pharaoh] hath hardened his
heart. |
Ingravavit (P.) cor suum. |
|
|
7 |
viii. 32, v. 27, hebreo |
וַיַּכְבֵּד |
3.ª pers. sing. fut., con cop. Hiphil. |
Faraón endureció su corazón |
And Pharaoh hardened his heart also at
this time. |
Igual que N.º 4. |
|
|
8 |
9:7 |
וַיִּכְבַּד |
3.ª pers. sing. fut., con cop. Kal. |
El
corazón de Faraón se endureció |
And the heart of Pharaoh is hard. |
Do. |
|
|
9 |
9:12 |
וַיְחַזֵּק |
3.ª pers. sing. fut., con cop. Piel. |
Jehová
endureció el corazón de Faraón |
And the Lord strengtheneth the heart of
Pharaoh. |
Induravitique Dominus cor P. |
|
|
10 |
9:34 |
וַיַּכְבֵּד |
Igual que N.º 7. |
Y
endurecieron su corazón él (Faraón) y sus siervos |
And [Pharaoh] hardenedth his heart, he
and his servants. |
Auxit peccatum, et ingravatum est cor ejus,
et servorum illius, et induratum nimis. |
Dos versículos en uno |
|
11 |
9:35 |
וַיֶּחֱזַק |
Igual que Nos. 3 y 5. |
Y el
corazón de Faraón se endureció |
And the heart of Pharaoh is strong. |
|
|
|
12 |
10:1 |
הִכְבַּדְתִּי |
1.ª pers. sing. pretérito. Hiphil. |
Yo he
endurecido su corazón |
I have declared hard the heart of
Pharaoh. |
Ego enim induravi cor ejus. |
|
|
13 |
10:20 |
וַיְחַזֵּק |
Igual que N.º 9. |
Jehová
endureció el corazón de Faraón |
And the Lord strengtheneth the heart of
Pharaoh. |
Igual que N.º 9 |
|
|
14 |
10:27 |
Do. |
Do. |
Jehová
endureció el corazón de Faraón |
Do. |
Induravit autem Dominus cor P. |
|
|
15 |
11:10 |
Do. |
Do. |
Jehová
había endurecido el corazón de Faraón |
Do. |
Igual
que N.º 9 |
|
|
16 |
13:15 |
הִקְשָׁה |
3.ª pers. sing. pretérito. Hiphil. |
Endureciéndose
Faraón |
When Pharaoh hath been pained to send us
away. |
Nam cum induratus esset P. |
Englishman´s Heb. Concordance “hardened to let us
go.” |
|
17 |
14:4 |
וְחִזַּקְתִּי |
1.ª pers. sing. pretérito. Piel. |
Yo endureceré
el corazón de Faraón |
Then I have strengthened the heart of
Pharaoh. |
Igual que N.º 1 |
|
|
18 |
14:8 |
וַיְחַזֵּק |
Igual que N.º 9. |
Endureció
Jehová el corazón de Faraón |
And the Lord strengtheneth the heart of
Pharaoh. |
Igual que N.º 9 |
|
|
19 |
14:17 |
מְחַזֵּק |
Part sing. Piel. |
Yo
endureceré el corazón de los egipcios |
And I, lo I strengthened the heart of
Egyptians |
Ego autem indurabo cor Egyptiorum |
|
NOTAS
[1]
Kelly, William, The Sovereignty of God and
the Responsibility of Man, en: The Bible Treasury, Vol. 9, N.º 209,
octubre de 1879.
Reimpreso
por H. L. Heijkoop, Winschoten, Holanda, 1969, p. 345-347.
[2] La traducción del Sr. Young, la
cual obtiene más favor especialmente en Escocia, está hecha siguiendo una
rígida adhesión a
ciertos
puntos de vista de los tiempos hebreos, con lo cual el lector no ha de
preocuparse aquí. Se agrega su traducción
original,
sólo para llamar la atención del lector.
[3] Si la traducción realizada por la
Versión Autorizada inglesa fuese la correcta, el antecedente para “endurecido”
se hallaría ya desde el verso 10.
[4] N. del T.― A
modo de adaptación, he cambiado la Authorised Version (Versión Autorizada
inglesa), que es la que cita el autor, por la versión Reina Valera 1960.