William Kelly, erudito de la lengua
griega
William Kelly nació en mayo de 1821 en Millisle, condado de Down, Irlanda
del Norte. Los años de su infancia los pasó en la escuela en Downpatrick
bajo la tutela de un tal Sr. Lee. Entre 1831 y 1836 fue instruido en la
academia del Dr. Nelson adonde entró como pensionista el 14 de octubre de 1836.
En la academia, los exámenes de ingreso entre 1830 y 1836 se limitaban a los
textos clásicos, pero dentro de esta estrecha gama de estudios el curso era sin
embargo extenso. Abarcaba los primeros cinco libros del Nuevo Testamento, los
ocho libros de La Ilíada y partes de Jenofonte y Luciano, seis libros de La
Eneida, Horacio, Juvenal, Livio, Salustio y Terencio. Se daba por contado que
«el estudiante promedio de primer año en la matriculación tenía sólidos
fundamentos de gramática griega y latina, y por lo menos una ligera
familiaridad con una selección representativa de literatura antigua».
A temprana edad se matriculó
en el «Trinity College» (Universidad de Dublín), y fue allí donde cultivó su
olfato natural por los clásicos y las lenguas sagradas. Esto, combinado con una
constante dedicación, pronto hizo que fuese considerado un estudiante muy
prometedor: uno que casi con seguridad contribuiría al lustre de la
Universidad. El curso de Artes [se refiere a las Artes Liberales (como
Filosofía y Letras), particularmente a la rama de las humanidades, pero que
incluye ciencias abstractas. N. del T.] de la Universidad seguido por Kelly se
detalla en el calendario universitario de 1841, e incluía Matemáticas, Griego y
Latín. Desde temprano dio muestras de un amor innato por el estudio, y también
poseía el raro don, para alguien tan joven, de la sabiduría necesaria para
refrenarse de cualquier abuso o de presunción. «Si usted tiene genio, la
industria lo mejorará; si no lo tiene, la industria sustituirá su lugar» (Sir
John Reynolds, el artista), y William Kelly siguió este camino duro pero
seguro. Él mismo, años más tarde, hizo la siguiente observación en una
determinada ocasión al maestro de jóvenes de la Escuela Dominical W. G. Turner:
«el genio es noventa y nueve por ciento fruto de los duros esfuerzos y de la
rigurosa dedicación al propio estudio». Su temprana carrera en la Universidad
de Dublín fue una ilustración de esto, y así su constante industria fue
finalmente coronada con la primera distinción de su clase cuando se graduó con
el título de Bachelor of Arts,
obteniendo los más altos honores en Lenguas Clásicas. El rector, una vez que lo
felicitó por su lustre escolástica, le ofreció un cargo dentro del personal de
la Universidad, sugiriendo que si lo aceptaba, haría una fortuna en el mundo.
«¿Qué mundo, señor?», fue su interrogante de tan sólo tres lacónicas palabras.
El traslado de Kelly a
Guernsey estimuló ese sorprendente flujo de labor literaria que habría de
perdurar notablemente por la segunda mitad del siglo. Fue entonces cuando el
erudito del Nuevo Testamento, el Dr. Samuel Prideaux Tregelles (1813-1875) lo
invitó a colaborar como crítico textual de la Biblia, un gran honor para un
hombre tan joven, y una muestra de gran apreciación por las capacidades de
Kelly en este campo especializado del estudio sagrado. Aquí también apareció su
primera gran obra, El Apocalipsis de Juan
en 1860 (2.ª edición 1868-69), con una traducción independiente del texto
griego. Frederick Henry Scrivener (1813-1891), el conocido campeón del Textus
Receptus, se refiere con evidente respeto en su Introducción sencilla a la crítica del Nuevo Testamento (1861), al
trabajo de Kelly sobre la traducción del Apocalipsis. Cuando J. N. Darby
publicó primero su «Nueva Traducción de la Biblia» en inglés, escribió en el
prefacio al Apocalipsis: «Si el lector hallare que mi traducción es
excesivamente similar a la de William Kelly, yo sólo puedo regocijarme en ello,
puesto que mi traducción fue realizada uno o dos años antes de que la suya
viera la luz, pero él nunca vio la mía hasta el momento en que escribí estas
palabras.»
Esta gran obra de Kelly debía
también ser proclamada por el Profesor Georg Heinrich August von Ewald
(1803-1875) de Göttingen, como «la mejor composición de manos inglesas en su
género que jamás haya visto». Fue el primer trabajo en griego que pasaba por la
imprenta de Guernsey. Tales homenajes y reconocimientos hicieron que William
Kelly pasara rápidamente a ocupar las primeras filas de autores jóvenes que
surgían entonces y cuyas obras sobre temas sagrados llamaban la atención en el
mundo religioso de esos días. Revistas, artículos, tratados y volúmenes más sustanciales —todos los cuales llevaban la marca de la
erudición, la simplicidad y la lucidez—, aparecían sucesivamente de su
elocuente pluma. Era entonces reconocido como un sano erudito de las Escrituras
y como un controversista de formidable calibre. Los artículos de prensa de sus
exposiciones eran también muy favorables.
El periódico The Guardian consagró lo siguiente: «los
comentarios de William Kelly han estado por tanto tiempo ante el mundo, que no
hay necesidad de dar ninguna larga descripción acerca del tipo de ayuda que los
lectores encontrarán en este volumen. El lector encontrará con frecuencia
reverencia y un profundo discernimiento del significado espiritual de las
Escrituras».
Entre enero de 1854 y abril de
1857 había contribuido con alrededor de 120 artículos para la revista The Christian Annotator, los que
atraían mucha atención. Algunos de éstos eran aportaciones muy sustanciales que
atraerían la atención de un calificado bibliógrafo. Muchos de estos artículos
fueron preparados posteriormente para ser editados en el Bible Witness and Review para la presentación y la defensa de la
verdad revelada publicada en tres volúmenes 1877, 1878 y 1881.
Como erudito, William Kelly
será recordado por largo tiempo. Fue encarecidamente recomendado por el Archidiácono
Denison, y el Arzobispo de Canterbury, M. Rev. Edward White Benson (1829-1896),
recomendó especialmente su obra «En el principio (Génesis 1 y 2)». Además de
éstos, muchos otros eruditos contemporáneos tomaron en cuenta sus aportaciones
para el estudio de las Escrituras.
Incluso hasta la última mitad
del siglo XX, Kelly es considerado como un especialista brillante en Letras
Clásicas. El Prof. F. F. Bruce, ex profesor de Crítica y Exégesis Bíblicas de
Rylands en la Universidad de Manchester escribió en su autobiografía:
«Su manifiesto dominio en el
uso del griego hace tan valiosos los comentarios del Nuevo Testamento de
William Kelly, especialmente en lo que toca a las epístolas de Pablo. En 2.ª
Tesalonicenses 2:6, la Versión Revisada inglesa consigna: “y sabéis lo que
refrena ahora”, siguiendo a algunos viejos intérpretes. Esta construcción de
“ahora” junto con “lo que refrena”, Kelly la describe como un solecismo,
indicando que el “ahora”, “simplemente se resume con “y” (“y ahora”), y que es
una partícula de transición y no de tiempo. Kelly es correcto. Pero ¿cómo
descubrió que la construcción del adverbio “ahora” con “lo que refrena” es un
solecismo? Ningún diccionario ni ningún libro de gramática griega le habrían
dicho eso; era su vasta y exacta familiaridad con el uso del griego lo que hizo
que esto le resultase claro, una familiaridad que es fruto de un largo y
paciente estudio.»
En la considerada opinión del
recopilador de esta obra, cualquier autor moderno que no se refiera a Kelly en
sus estudios, descuida seriamente los aportes que él es todavía capaz de hacer
en el campo del entendimiento de la Sagrada Escritura.
Las obras publicadas por este
hábil y fiel servidor ocupan cuatro extensas páginas en el catálogo de la
biblioteca británica. Aparte de éstas, muchas otras obras suyas siguen siendo
impresas después de un siglo. Quizás William Kelly pueda ser considerado como
el primer y principal autor y redactor entre los «hermanos». No sólo se dedicó
a escribir una constante y prolífica corriente de libros, tratados y folletos,
sino que también fue redactor de la revista The
Bible Treasury (El tesoro de la Biblia), un riquísimo periódico mensual que
publicó desde 1850 hasta 1906. Fue también el editor de los Collected Writings de J. N. Darby
(Colección de escritos de J. N. D.) de cuyo cuerpo de doctrina es uno de los
principales intérpretes. Durante varios años (1867-1883) dedicó muchos
esfuerzos a la búsqueda de materiales y escritos de J.N.D. en varios idiomas,
dejando un servicio importante a la iglesia de Dios que pocos, si alguno,
podrían haber hecho adecuadamente. También tradujo la «Sinopsis» de Darby del francés y numerosas obras más (tales como «
La esperanza de la Iglesia de Dios»).
Kelly preparó además una
considerable selección de obras de J. G. Bellett (1795-1864) para su edición.
En abril de 1870 —cuando discutía la reedición de los escritos de Bellett y la
importancia del cuidado que tenía que tenerse al copiarse lo que él reconocía
plenamente como algo «dulce y refrescante»—, escribió: «Tal vez han pasado por
mis manos más escritos de JGB que por las de cualquier otra persona, así que
tengo suficientes motivos para dar una opinión.»
Algunos de los libros más
conocidos de William Kelly consisten en conferencias
sobre los libros de la Biblia. Escribió dos libros sobre el Apocalipsis. Seis «Conferencias sobre la Iglesia de Dios»
fueron transcriptas en forma de libro, de las que llegaron a publicarse ocho
ediciones antes de que fuese llamado al hogar celestial; actualmente existen
tres casas editoriales que las publican en tres continentes. También fueron
publicadas sus conferencias acerca de «La
doctrina del Nuevo Testamento sobre el Espíritu Santo» (de las que William
Reid (1822-1881) dijo: «Como esa obra, no lo vamos a encontrar en ninguna
parte; y la presentación de los conceptos escriturarios acerca del Espíritu
Santo seguramente constituye una parte vital de nuestro baluarte contra el
enemigo»). Kelly demostró ser un infatigable trabajador ya sea al escribir
directamente sus obras para ser impresas, o para revisar y corregir las notas
taquigráficas que su esposa tomaba cuando él dictaba las conferencias para su
pronta publicación. El valor de sus libros no sólo queda demostrado por la
significativa lista de trabajos eruditos salidos de su pluma durante el tiempo
en que vivió, sino que también ha de evaluarse por el hecho de que virtualmente
todo ha estado en impresión casi continua desde su partida, con un número
creciente de lectores en todos los continentes. Sus libros, en inglés, están
siendo publicados actualmente por casas editoriales en Canadá, la India,
Holanda, Reino Unido y los Estados Unidos. Los escritos de Kelly también
aparecen traducidos en numerosos idiomas, tales como checo, danés, holandés,
francés, alemán, noruego, portugués, rumano, ruso, español y sueco, siendo de
provecho y edificación para una multitud de lectores de todo el mundo.
Al describir la literatura de
los llamados «hermanos de Plymouth», William Reid de Edimburgo (1 Cambridge
Street, Castle Terrace), (quien no ha de ser confundido con su homónimo que
escribió una desdichada crítica contra los «hermanos») mientras era aún
ministro presbiteriano, escribió en febrero de 1875: «Para comenzar, deben
procurarse los trabajos de W. Kelly. Tiene una serie de introducciones a todos
los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, las cuales han sido publicadas
por W. H. Broom, 25 Paternoster Square, Londres.» Reid da una imponente lista
de títulos y comenta que éstos fueron acompañados generalmente por una nueva
traducción de los originales: Isaías, Daniel, Mateo, Romanos, Gálatas, Efesios,
Filipenses y Colosenses, y el libro del Apocalipsis. «Por cierto que» —sigue
diciendo— «es el único libro sobre el Apocalipsis que se precisa leer.» Luego
Reid declara: «Kelly tiene también muchas conferencias, tratados y folletos.
Entre sus trabajos más recientes podemos señalar: «Tres conferencias sobre la
adoración», que profundiza el tema hasta sus mismos principios, «El ministerio
cristiano», que debe ser leído sin falta, pues contiene sus conceptos sobre ese
tema, presentados con precisión, plenitud y claridad, «La acción del Espíritu
Santo en la asamblea» (conferencias sobre 1.ª Corintios 12 y 14); «Conferencias
entregadas en Edimburgo sobre la Cena del Señor»; «El día de reposo y el día
del Señor»; y «Conferencias sobre la oración del Señor». La famosa «Conferencia
sobre las setenta semanas de Daniel», que fue ofrecida en Seymour Hall,
Londres, y diligentemente publicadas por W. H. Broom en 1876, siendo enorme su
demanda desde entonces. El año próximo apareció «El Pentateuco y sus críticos»
publicado por Broom, y así también muchos proyectos de publicación de la
naturaleza más refinada. Ese rendimiento y capacidad fenomenales no mermaron ni
siquiera en sus años avanzados. La extensión de sus obras puede verse además en
la lista de libros publicada en 1907 por su editor, F. E. Race y aun entonces
no era de ninguna manera completa.
En 1904, Walter Scott, quien
escribió un notable trabajo expositivo sobre el Apocalipsis, señaló: «De los
que viven, William Kelly es uno de los expositores más capaces de la
Escritura.» Al año siguiente, E. E. Whitfield, quien había gozado de una
amistad con Kelly durante los últimos treinta y cinco años de su vida, escribió
un breve bosquejo biográfico en la obra «Chief Men Among the Brethren» (Varones
principales entre los hermanos). Observó, cuando repasaba las exposiciones de
Kelly acerca de Hebreos y de las epístolas de Juan, que pocos escritores
podrían producir tal cosa. Describió a Kelly como uno de los últimos
sobrevivientes de una generación de hombres de Dios poderosos en las
Escrituras. Más ejemplos se podrían dar para demostrar la alta estima en la que
se le tenía, incluso por aquellos que diferían de sus puntos de vista
proféticos o eclesiásticos. Sin embargo, lo que hemos escrito basta para
demostrar que Kelly era un obrero que no tenía de qué avergonzarse.
Material extraído de una
biografía en preparación de ENC © 2000