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LA PREDICACIÓN A LOS ESPÍRITUS ENCARCELADOS (1 Pedro 3:19-20) William Kelly |
Puesto que el correcto entendimiento de este pasaje depende
mayormente de que la traducción sea lo más literal y exacta posible, ofrecemos una
traducción interlineal del griego al español para poder apreciar mejor algunos
detalles que escapan en las versiones ordinarias. Quienes leen inglés pueden
consultar la versión interlineal de Newberry The Englishman’s Greek New Testament, o las excelentes traducciones
de Darby y de Kelly que se pueden descargar de aquí: El Nuevo Testamento Darby-Kelly en paralelo.
Leamos cuidadosamente el pasaje:
1 Pedro 3:18-20
3:18
οτι
και
χριστος απαξ περι
αμαρτιων επαθεν
Porque también
Cristo una vez por [los]
pecados padeció
Δικαιος υπερ
αδικων
ινα ημας
προσαγαγη τω
θεω
[el]
justo por [los] injustos
para nos llevar a
Dios,
θανατωθεις
μεν σαρκι ζωοποιηθεις
δε πνευματι
siendo muerto en
carne, pero vivificado en [virtud
del]
Espíritu,
3:19 εν ω και τοις
en
[virtud de] el cual también a los [que están]
εν
υλακη
πνευμασιν
πορευθεις εκηρυξεν
en
prisión
espíritus, yendo predicó
3:20 απειθησασιν ποτε οτε απεξεδεχετο
los que desobedecieron en otro tiempo, cuando
aguardaba
η
του θεου
μακροθυμια εν ημεραις
νωε
la de
Dios paciencia en
[los] días de Noé
κατασκευαζομενης
κιβωτου
mientras se preparaba [el] arca
Las siguientes notas de William Kelly han sido tomadas de su obra “The Epistles of Peter” págs. 199-205.
Si alguno desea una más detallada discusión de estas notables
expresiones, podrá hallar ayuda en el tratado, en inglés, titulado “La
predicación a los espíritus encarcelados” (Weston, 53, Paternoster Row).
Aquí necesitamos velar para no ceder a la fantasía, sino estar sujetos
a las palabras del Espíritu Santo en su sentido exacto y en su concordancia con
el contexto. Porque ellas son a menudo tomadas en forma vaga y con cierta
predisposición en favor de una idea preconcebida o con vistas a un fin deseado.
Para contar con una luz segura, es menester tener el ojo sencillo: y esto sólo
es posible cuando Cristo constituye el objeto central. El pronombre relativo se
refiere al Espíritu[1] en virtud “del cual”, Cristo fue vivificado después de su
muerte.
Seguidamente se añade un hecho muy diferente, pero igualmente
dependiente del Espíritu: “en [virtud de] el cual también fue y predicó a los espíritus [que están] encarcelados, los que en otro tiempo
desobedecieron cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé,
mientras se preparaba el arca” (1 Pedro 3:19-20).
Aquí se nos da a entender que Cristo en el Espíritu predicó a
aquellos cuyos espíritus están encarcelados porque cuando oyeron Sus
advertencias, fueron desobedientes; y el tiempo en que ello ocurrió está fijado
antes del diluvio el cual los castigó mientras estaban en la tierra, pues ellos
están ahora guardados, como todos los demás desobedientes, para el juicio
venidero.
La preposición griega έν se requiere aquí a fin de expresar con
exactitud “en” o “por” que poder Cristo fue y predicó a los espíritus en
prisión. No fue en persona, sino en virtud del Espíritu. Esto se halla
notablemente confirmado por el lenguaje de Génesis 6:3:
“Y dijo Jehová: No
contenderá mi Espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es
carne; mas serán sus días ciento veinte años.”
Aquí aprendemos a qué aludía el apóstol, no sólo a Cristo en
Espíritu (y sabemos que él es Jehová más allá de toda duda), sino al término de
la longanimidad de Dios en los días de Noé. Pues a esto se refiere la
declaración divina, no a la vida del hombre ―la cual aun después del
diluvio era mucho más larga todavía―, sino a Su paciente contención
mientras se preparaba el arca. 2 Pedro 2:5 junto con 1 Pedro 1:11 brindan mucha
ayuda para esclarecer el sentido del pasaje. La razón es simple: Noé, más que
cualquier otro hombre de la antigüedad, es denominado “pregonero de justicia”,
de modo que podemos esperar que el poder que operaba en él, era el mismo
Espíritu de Cristo que estaba en los profetas y que “anunciaba de antemano los
sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”.
La verdad comunicada en el pasaje se torna así perfectamente clara
y consistente, no sólo con las exactas demandas del contexto, sino con el resto
de la Escritura. Se puede decir que aquí hay menos dificultad que con Efesios
2:17, donde se dice de Cristo, que “vino y anunció las buenas nuevas de paz a
vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca.” Ninguna persona razonable
ve en estas palabras otra cosa que Cristo ―no en persona, sino en
Espíritu― predicando a los gentiles, así como a los judíos, después de su
ascensión. Está bastante claro. Pero en nuestro pasaje ―si no es mal
interpretado por aquellos que dan rienda suelta a la imaginación o por los
supersticiosos― la gracia proveyó la calificación o el poder “en el cual”
[el Espíritu] Él procedió, no dentro de la prisión, como algunos lo han
imaginado, sino que predicó a los espíritus que
están ahora en prisión. Ellos eran personas que vivían en la tierra cuando
el Espíritu contendía con ellos en los días de Noé cuando se preparaba el arca.
Con esto precisamente concuerda la expresión “los que en otro tiempo desobedecieron”, durante
ese largo período de longanimidad, compasión y testimonio. De nuevo, la
estructura de la frase es la única apropiada para expresar la causa o razón
moral por la cual ellos están ahora encarcelados. En vez de haberse arrepentido
y haber creído, cuando el Espíritu de Jehová contendía, ellos desobedecieron:
un hecho que nuestro Señor puso como advertencia, al igual que su siervo hace
aquí
(Mateo 24:38-39). La misma suerte correrán los imprudentes en la
venida del Hijo del hombre en la consumación del siglo.
No hay lugar en la doctrina, como tampoco en los hechos o en la
fraseología de Pedro, para la extraña noción introducida por comentaristas
antiguos y modernos de que Cristo en persona fue al Hades después de su muerte
con el propósito de predicar a los espíritus allí. Lo extraño de esto se torna
aún más agudo por el hecho de que los únicos de quienes se dice que son los
objetos de Su predicación fueron esa generación de la humanidad que había sido
favorecida con la contención de Su Espíritu en Noé. Ese favor, cuando ellos
estaban vivos, habría tenido naturalmente mucho más peso contra la alegada
visita de Cristo después de Su muerte, aun cuando otros pasajes no demostraran
que ello es innecesario para los santos y vano para los pecadores.
La verdad es que la noción fabulosa de tal predicación realizada
por Cristo después de su muerte en el Hades, contraviene toda la verdad
contenida a lo largo de todas las Escrituras, y es extraída solamente de este
pasaje que estamos considerando, haciendo violencia a sus cláusulas por
separado y a su definida esfera de aplicación, sin procurar ocuparse en seguir
el argumento divino, sino interpolando una interrupción totalmente
incongruente.
Pues el único carácter
atribuido a aquellos que oyeron la predicación, como la causa de su
encarcelamiento, es que entonces
fueron desobedientes, y ¿no es extraño que la desobediencia constituya una
razón para señalar a éstos de forma especial con el favor del Señor al ir a la
prisión por ellos?
Si bien sería un ultraje contra la doctrina ortodoxa el hecho de
suponer que haya existido tal predicación a tal audiencia, en tal lugar,
condición y tiempo, es aún más claramente contrario a los términos del apóstol
el hecho de que alguien introduzca subrepticiamente la idea de que el Señor
predicó al conjunto de los santos difuntos del Antiguo Testamento. Ni una sola
palabra implica que un creyente se halle entre los espíritus encarcelados.
Todos los esfuerzos en este sentido, desde Agustín hasta Calvino, y en tiempos
modernos hasta Horsley, y otros tantos más a partir de él, son completamente
vanos. El claro significado de la enseñanza es contrastar el conjunto de
espíritus desobedientes ―los que están en la prisión correspondiente del
estado separado del cuerpo[2]― con los pocos que fueron llevados
a salvo a través del agua en el arca.
Los judíos incrédulos que objetaban el reducido número de los
cristianos, eran así poderosamente refutados, lo mismo que su menosprecio hacia
la predicación como algo que no producía resultados serios, ya fuese creída o rechazada.
¿Estaba Cristo actuando ahora por el Espíritu, en lugar de esa manifestación de
poder y gloria que los judíos anhelaban por su incredulidad de lo que Dios está
haciendo mediante el Evangelio? Que los tales recuerden la manera en que Dios
obró antes del diluvio, y qué sucedió con aquellos que desobedecieron Sus
advertencias. No hay, pues, ninguna auténtica dificultad en este pasaje, cuando
se comprende la analogía general de los días de Noé, así como los detalles del
texto más correcto, prestando la más estricta atención a la traducción
gramatical y a la sana doctrina. No se podría hallar en el Antiguo Testamento
otro evento más oportuno para advertir a los judíos escarnecedores en los días
del apóstol, que el que aconteció a los desobedientes en el tiempo de Noé
cuando se preparaba el arca. ¡Qué diferente fue el resultado de la predicación
de Jonás a los hombres de Nínive! Sin embargo, su arrepentimiento no fue sino
transitorio, y el fin de la gran ciudad siguió. Pero el diluvio no lo fue todo
para aquellos que rechazaron al Espíritu de Jehová que advertía por medio de
Noé; pues sus espíritus están encarcelados aguardando el juicio, donde ninguno
es justo delante de Dios. Ellos están perdidos para siempre. Sólo por la fe un
pecador es justificado. La desobediencia de la incredulidad es eternamente
determinante. Desafía no sólo la gracia de Dios, sino su ira; y es peor en
aquellos que tienen las Escrituras.
La suposición de que Cristo predicó a los difuntos en el Hades es un
sueño, que choca no sólo con la verdad en general sino con este contexto en
particular, haciendo de él, cuando se examina detalladamente cada palabra en
forma adecuada, algo imperfecto e irreconciliable. El resultado, además, es una
extraordinaria alegación, que sugiere una inferencia doctrinal en conflicto con
todas las demás partes de la Palabra de Dios. Porque atribuye a Cristo una obra
que es superflua para los santos, y no menos también para los pecadores: Y para
estos últimos deja abierta la posibilidad de convertirse sobre la base de una
falsa esperanza, completamente inconsistente con todo lo que nuestro Señor
declaró a aquellos que mueren en incredulidad mientras estuvo aquí abajo, y
también con lo que el Espíritu Santo enseñó desde la redención.
Otro perverso efecto de esta errónea interpretación es que ella da
lugar a que mentes ingeniosas intenten probar una oscura confirmación de esos
textos en el Antiguo Testamento, como en el Salmo 68:18; Isaías 45:2; 49:9,
como así también negar que el paraíso es celestial en el Nuevo Testamento. Un
error conduce a otro, y puede que a muchos más. Bueno es mantener la esperanza
de la bienaventurada y santa “primera resurrección” en la venida de Cristo.
Pero se hace un daño tremendo al negar la bendición intermedia de los santos[2] que
partieron para estar con Cristo. La Escritura es perfectamente clara y segura
en cuanto a ambos.
W.Kelly
ANSWERS TO
QUESTIONS (tomado de the
Bible Treasury Vol. 14, por W. Kelly)
Bible Treasury volumen 14, p. 32, febrero de 1882.
PREGUNTA 1 Pedro 3:18-20: ¿Cuál es el significado de este
pasaje? ¿Predicó Cristo después de la muerte a los santos del Antiguo
Testamento?
RESPUESTA: Para
entenderlo, este versículo debe ser tomado junto con lo que precede. Cristo
“fue muerto en carne, pero vivificado en el Espíritu, en el cual también fue y
predicó a los espíritus en prisión, desobedientes como fueron en otro tiempo, cuando la paciencia de
Dios aguardaba en los días de Noé mientras se preparaba el arca, en la cual
pocos, esto es, ocho almas fueron salvadas a través del agua; la cual figura
también ahora os salva…”.
Así como leemos en 1 Pedro 1:10-12 acerca del Espíritu de Cristo
testificando en los profetas, así también aquí aprendemos que Su Espíritu (es
decir, en Noé) predicó. Aquellos que oyeron, fueron entonces desobedientes, y
sus espíritus están ahora en prisión. El Espíritu de Cristo por medio de Noé
fue y les predicó cuando eran personas vivas en la tierra, antes de que viniese
el diluvio. Pero ellos rechazaron la Palabra y ahora, en consecuencia, sus
espíritus aguardan el juicio en la resurrección de los injustos. La
colocación del griego (τοις
εν φυλακη
πνεμασιν) es decisiva, en
cuanto a que la verdadera conexión no es con la predicación, sino entre los
espíritus y la prisión. Ellos eran pecadores que fueron desobedientes al
mensaje, y no santos consolados. La predicación fue en la tierra, donde tuvo
lugar el rechazo de la incredulidad; y a causa de esto, sus espíritus están
ahora encarcelados (lo opuesto de estar en el paraíso), hasta que venga el
juicio.
NOTAS
[1] N. del T.─
Sobre el término "Espíritu" en 1 Pedro 3:18, algunas versiones, como
nuestra versión Reina-Valera, toman el término pneuma (espíritu) con minúsculas, mientras que otras, como la King
James (Authorized Version), en inglés, ponen el término con E mayúscula.
Téngase en cuenta que en el original griego pneuma
no tiene ni mayúsculas ni minúsculas. Es el traductor quien decide si se refiere
al espíritu humano (ahí van minúsculas) o al de Dios (ahí van mayúsculas).
"For Christ also hath once suffered
for sins, the just for the unjust, that he might bring us to God, being put to
death in the flesh, but quickened by the
Spirit: By which also he went and preached unto the spirits in prison;
Which sometime were disobedient, when once the longsuffering of God waited in
the days of Noah, while the ark was a preparing, wherein few, that is, eight
souls were saved by water. (AV) (1 Pedro 3:18-19).
"Quickened by the Spirit", es la versión más correcta porque, en
primer lugar, coincide con la doctrina de Romanos 8:11, y 2; y, en segundo
lugar, no es doctrinalmente correcto decir que el espíritu humano del Señor estuviera muerto (como se implicaría si se tomase espíritu con minúscula) y
que necesitase ser hecho vivo o
vivificado. El alma y el espíritu no
mueren, pues son inmortales; el cuerpo sí. Por estas dos importantes razones, la mayoría de los
traductores adictos a la sana doctrina optan por referir aquí al Espíritu
Santo, pues lo otro no tendría sentido.
[2] N. del T.─
El estado intermedio se refiere a la condición del alma separada del cuerpo por
acción de la muerte, hasta que vuelva a unirse al cuerpo en la resurrección.
Para los santos, se trata de una condición de bendición, o sea, del paraíso, la
inmediata presencia de Dios tras la muerte (Lucas 23:43; 2 Corintios 12:1-4);
mientras que para los malvados, su parte es en el infierno, donde sufrirán el
castigo eterno y consciente (Lucas 16:
el rico y Lázaro).
NOTA: Para quienes lean inglés, pueden descargar la obra completa «The preaching to the spirits in prison»
por el mismo autor.