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El ROL Y EL
LUGAR DE LA MÚSICA EN LA IGLESIA LOCAL
Libros enteros se han escrito sobre la así llamada
«música religiosa», pero, después de algunas observaciones preliminares,
deseamos limitar nuestra atención a la música como parte del funcionamiento de
la asamblea local.
Hay cerca de 300 referencias en la Biblia a los
himnos, a cantar y a la música. Los Salmos son un libro de cánticos: muchos de
estos cánticos incitan a la venganza
y no son así aptos para nuestra presente época de la Iglesia. Solamente
alrededor de una docena de esas 300 referencias está en el Nuevo Testamento, y
solamente cerca de la mitad de ellas tiene referencia directa al funcionamiento
de la asamblea.
En el Antiguo Testamento, los cánticos eran a menudo
cantados con acompañamiento musical, y muchas veces también con danza, como
expresión de alabanza del corazón a Dios. Pero no deseamos obtener nuestra
instrucción para la música en la asamblea local a partir del ejemplo del
Antiguo Testamento, porque el sistema entero para la adoración ha cambiado.
Bajo la vieja economía había
muchas formas y ceremonias, con llamados de trompeta, etc. En Israel, el hombre
en la carne fue puesto a prueba y se permitió todo —incluso la más bella
música— lo que apelara a la «religiosidad»
del hombre natural, a fin de probar que “el hombre natural no percibe las cosas
que son del Espíritu de Dios” (1.ª Corintios 2:14). Pero, como el Señor dijo a
la mujer samaritana en Juan 4:22-24, el tiempo vendría cuando los verdaderos
adoradores debían adorar al Padre “en espíritu y en verdad”. Esta adoración
debía emanar de lo más íntimo del ser (“en espíritu”) y ser conforme a la
revelación del cristianismo (en
verdad). ¡Un nuevo orden de cosas ha sido introducido! (Filipenses 3:3) R.K.
Campbell escribió: «Como Dios es
espíritu, la adoración espiritual es todo lo que él acepta. La adoración
espiritual está en contraste con las formas y las ceremonias religiosas… Esto
pone de lado toda forma humana, ceremonias imponentes y rituales producidos por
la voluntad del hombre.»
El poder de la música
La música ejerce un gran poder sobre la voluntad y la psicología del ser
humano. Es capaz de calmar, irritar o controlar. Véase por ejemplo Daniel
3:5-7. Nabucodonosor construyó una gran imagen y después exigió que todos se
postren ante ella y la adoren. Eso debía tener lugar cuando oyesen “el son de la
bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música”. Ese poder de controlar la
mente y el cuerpo ha sido verificado en los soldados que marchaban a la guerra
oyendo el son de las gaitas o de otros instrumentos. Se ve hoy en las
multitudes de los conciertos de «rock» donde la gente joven «normal» queda rápidamente fuera de
control, y a menudo las drogas, el alcohol y el sexo corren libremente, sin
inhibición, puesto que el control o moderación normales se pierde debido a la
música. Mucho de lo que hoy se llama música «cristiana»
se atiene al mismo sonido repetido de una o más frases que suenan a cristiano
para dar «placer» a la vieja
naturaleza, dejando muy poco realmente cristiano. Necesitamos recordar que la
música instrumental comenzó con los descendientes de Caín (Génesis 4:16-24), y
continúa siendo una herramienta de Satanás para esclavizar las almas de la
gente. Necesitamos velar contra la introducción de cualquier cosa que meramente
entretenga la vieja naturaleza y corrompa la Palabra de Dios en la asamblea
local (o en cualquier otro lugar). M. Costella (Foundation, 1-2, 97)
escribió: «La alabanza, gloria y honra
encontrados en las palabras de los himnos tienen por objeto honrar y glorificar
a Dios; no están destinados para estimularnos o excitarnos físicamente.»
Cantar con el
entendimiento
El capítulo 14 de la primera Epístola a los
Corintios nos da los detalles del funcionamiento de la asamblea local. El
versículo 15 dice: “Cantaré con el
espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.” Véanse también los versículos
14 y 19. La palabra griega traducida “entendimiento”
es «nous» (mente), que, según Vine,
denota “el asiento de la conciencia
reflexiva, comprendiendo las facultades de la percepción y de la comprensión, y
las de sentimiento, juicio y determinación” (Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento). Cuando
cantamos un himno, debemos entender inteligentemente
lo que se canta, y discernir o determinar si es conforme a la Escritura. No debemos
cantar un cántico sólo porque es popular o porque nos agrada el son. El espíritu —esa parte de nosotros que
permite que analicemos inteligentemente delante de Dios todo lo que hacemos,
incluso los cánticos que cantamos—, ha de ser activo cuando cantamos. Todos
estaríamos de acuerdo seguramente en que no debemos orar sino en armonía con las Escrituras. Pues
bien, lo mismo debería ser cierto con respecto a nuestros himnos y cánticos. No
debemos cantar un himno que no sea conforme a las Escrituras.
Muchos himnos ―tanto antiguos como
nuevos― simplemente no dan un mensaje acorde con la Escritura. Sin
embargo, con el poder de la música, aprendemos por lo menos algo de nuestra
doctrina a partir de esos cánticos y nos encontramos así creyendo errores
doctrinales o, al menos, doctrina que no es para la iglesia, sino para el
Israel del pasado o del futuro. No se divide
rectamente, no se traza con exactitud,
“la palabra de la verdad” (2.ª Timoteo 2:15). Por ejemplo, hay una colección de
cánticos cristianos populares que acentúan repetidamente una y otra vez que «el
Rey viene». Sí, nuestro Señor es el
Rey de reyes, y él viene a reinar sobre el mundo de un tiempo futuro. ¡Pero no
sobre nosotros! Él es el “Rey de las
naciones” (Apocalipsis 15:3, Lacueva). Nosotros
vamos a reinar con él como Esposa con
su esposo (Apocalipsis 19-20). Muchos de esos himnos podrían ser muy apropiados
para los creyentes después del arrebatamiento, pero deben utilizarse con gran
cuidado ―si es que deben usarse― ahora en la dispensación de la
Iglesia. Pero, ¿no es cierto que si encontramos un himno o un cántico de la
Escuela Dominical que no condiga con las Escrituras, pero nos gusta la melodía,
no nos tomamos la molestia de quitarlo de nuestro himnario o cancionero?
Cántico individual en el Nuevo Testamento
Hechos 16:25 dice que "a medianoche,
orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían". Pablo y Silas habían
sido severamente azotados y tenían sus pies asegurados en el cepo, en la
prisión de más adentro. Estaba oscuro, sucio, y hacía frío. Sin embargo, sus
corazones desbordaban en cánticos para
Dios. ¿Cantamos himnos porque nos gusta el son atractivo, porque cierta
frase cautiva nuestras fantasías, o lo hacemos, en cambio, porque queremos
alabar a Dios? El cántico de Pablo y Silas fue un gran testimonio para los
prisioneros, pues cuando Dios abrió las puertas y las cadenas de todos se
soltaron, los prisioneros permanecieron en la cárcel en vez de darse a la fuga.
Esos himnos fueron utilizados por Dios en los eventos que condujeron a la
salvación del carcelero de Filipos. Cuando estamos alegres en el Señor, debemos cantar alabanzas a Él (Santiago
5:13).
Efesios 5:19 y Colosenses
3:16
Estos dos versículos son los únicos restantes que nos
proporcionan directamente información
sobre el canto en la asamblea. Digo "en la asamblea" por cuanto ambos
versículos se encuentran en cartas que fueron dirigidas a iglesias locales.
Estos versículos dicen: "... antes bien sed llenos del
Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos
espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios
5:18-19). “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y
exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros
corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales"
(Colosenses 3:16).
Estos dos versículos indican que, junto con el necesario
ministerio de enseñanza en la asamblea, debe haber canto. No trataremos de
definir las diferencias entre los tipos de cánticos mencionados; seguramente
ellos abarcan todo el rango de aquellos que rinde adoración, alabanza, acciones
de gracias y honra al Señor Jesús y a Dios el Padre. Tal como ya procuramos
hacer hincapié, insistimos en la necesidad de que estos cánticos sean espirituales; que ellos honren realmente
al Señor. Himnos que no “dividen rectamente” o que no “usan bien” la Palabra de
verdad (2.ª Timoteo 2:15), ¡no son himnos que el Espíritu Santo quiere que
cantemos! ¡No son himnos que indiquen que permitimos que la Palabra more
abundantemente en nosotros!
Acompañamiento musical
En las comunidades religiosas
de hoy, el canto es casi universalmente acompañado con piano u órgano, y
también con guitarra u otros instrumentos musicales. De hecho, muchas
«iglesias» gastan enormes sumas de dinero para adquirir y mantener imponentes
órganos de tubos, y contratan a un organista profesional, junto con un director
de música. Estas «iglesias» entienden que la música tiene poder para atraer y
sostener una audiencia, independientemente de que sean salvos o no, y de que
sean espiritualmente alimentados o no. Pocos de nosotros negaríamos que nos
gusta oír cantar nuestros himnos favoritos por coros de cientos de voces,
acompañados con esos magníficos instrumentos musicales. Ninguna cinta o CD se
vende comercialmente a la comunidad «cristiana» en general, sin acompañamiento
musical. No hallamos ninguna falta con los instrumentos o acompañamiento
musicales como tales. Muchos de nosotros usamos pianos u órganos en el hogar y
para los niños en la Escuela Dominical u otras ocasiones. Y, para nuestros oídos, ¡el canto mejora!
Hoy hay una mayor tendencia a introducir tales
acompañamientos musicales dentro de las reuniones de asamblea, en reemplazo del simple canto. El argumento es que
necesitamos mejorar nuestro canto como testimonio para aquellos que lo oyen. De
nuevo, para nuestros oídos, el canto podría mejorar. Pero ¿mejoraría nuestra apreciación espiritual del Señor, tal
como lo expresamos con las palabras que cantamos, o simplemente nos
distraeríamos, o nuestras almas se pondrían más felices mientras que nuestro
espíritu no estaría más cerca del Señor? Empezamos este artículo citando a R.K. Campbell sobre Juan
4. Todo el principio de la adoración y de
la alabanza de la asamblea consiste en que no se emplea ningún «medio» humano.
Son nuestros espíritus en comunión con el Señor a través de «medios
espirituales» (1.ª Corintios 2:13; versión JND). J. N. Darby (Letters,
Vol.3, 1881, pág. 476) escribió: «El
judaísmo tomó lo que es conforme a la naturaleza para ver si ellos podían tener
una religión con ello, sólo para demostrar que ello no podía ser posible…
Nosotros… pertenecemos a otro mundo… pero el [acompañamiento musical] sólo echa
a perder la adoración al introducir el placer de los sentidos en lo que debiera
ser del Espíritu de Dios.»
Algunos dirán que “alabando” en Efesios 5:19,
proviene de la palabra griega psallo,
y que contiene el pensamiento de cantar con el arpa. He leído otras obras que
investigaron históricamente el uso de psallo
hasta el período primitivo, y los autores niegan que la primitiva iglesia
utilizara psallo tal como reza en el
Nuevo Testamento para apoyar el uso de instrumentos musicales. Sin considerar
lo que no puedo determinar del uso histórico, sí puedo determinar que Efesios
5:19 dice que yo puedo tomar la melodía en mi corazón. No es por medios
externos, sino por ser llenos del Espíritu. Si leemos detenidamente el versículo,
veremos que dice eso. Por lo tanto, creemos firmemente que el principio de la
práctica de la iglesia es que no deben
usarse instrumentos de acompañamiento musical en las reuniones de la iglesia,
y que de hacerlo se estaría diciendo que el Señor y el Espíritu Santo no son
suficientes, y que nosotros estamos más interesados en cómo el son agrada a nuestros oídos que a los oídos del Señor.
En Mateo 26:30 y Marcos 14:26,
cuando el Señor había enseñado a sus discípulos y marchaban hacia el monte de
los Olivos para luego Él ir a la cruz, se dice que ellos “cantaron un himno”. ¡Que hermosa manera de terminar juntos una
reunión! La idea de acompañamiento con instrumentos musicales allí, está
excluida, y hubiera estado fuera de lugar.
Himnos apropiados
Si hemos de cantar con el
entendimiento y guiados por el Espíritu Santo, entonaremos himnos apropiados, y
procuraremos cantarlos estando realmente gozosos de lo que cantamos. Por
ejemplo, los himnos de evangelización no ponen énfasis en la experiencia
cristiana. No sería apropiado indicar un himno de evangelización durante el
culto o cuando vamos a partir el pan en memoria del Señor. De igual manera,
tampoco en ocasión del partimiento del pan, cuando recordamos al Señor en su
muerte, sería apropiado cantar un himno que hable de nuestra experiencia cristiana, o un himno que contemple al Señor resucitado y en la gloria. No todas las
estrofas de un himno pueden ser apropiadas para esa ocasión. Éste es un aspecto
práctico de que debemos entender que
todos necesitamos ser ejercitados acerca de estas cosas.
Roger P. Daniel
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